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jueves, 24 de julio de 2008

Vida Eterna

Vida Eterna

Hay Más de Ello de lo Que Piensas

Por Andrew Wommack


Una ocasión tuve un empleado que me preguntó cuál era mi enseñanza más importante. No supe cómo responder. Yo pienso que todas son importantes. Todo lo que el Señor me ha mostrado funciona conjuntamente con otras verdades para hacer un todo. Dije que no podría señalar sólo una.

Este hombre había sido salvado milagrosamente de la adicción a la cocaína y él escuchaba mis enseñanzas día y noche. El quería llegar al punto de todo, al núcleo de la Cristiandad. Así que, finalmente me preguntó “Si tu tuvieras sólo una oportunidad para ministrar a una persona, ¿qué enseñarías?”

Todavía tuve que pensarlo por un momento, pero rápidamente vino la respuesta. Yo compartiría el significado de la verdadera vida eterna. Eso podía no sonar muy profundo o ni siquiera fundamental, pero ello es porque la mayoría de la gente no sabe lo que la Biblia quiere decir cuando habla acerca de la vida eterna.

Algunas personas podrían decir, “Vida eterna es vivir por siempre.” Pero no es eso. Nadie cesa de existir cuando muere. Todos viven por siempre ya sea en el cielo o en el infierno. “Bien, entonces, vida eterna debe ser vivir por siempre en el cielo en lugar del infierno.” Pero esto tampoco es.

Juan 3:36 dice,

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se rehúsa a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios vendrá sobre él.”

La vida eterna es una posesión de tiempo presente. No es algo que comience cuando lleguemos al cielo. Hay un sin número de escrituras que hablan de la vida eterna como algo que poseemos en esta vida. (Juan 4:14; 5:24; 6:27; 6:40, 47).

Entonces, la pregunta permanece “¿qué es vida eterna?” Esto es muy importante. Juan 3:16 dice que esta es la razón por la que Jesús vino.

“Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que quién crea en él no muera, mas tenga vida eterna.”

Muchas personas han pensado erróneamente que la meta de la salvación es el perdón del pecado para evitar el infierno. Esto no es lo que Juan 3:16 está diciendo. Ciertamente no perecer en el infierno es una parte importante de lo que Jesús vino a hacer. El lo consiguió a través del pago por todos nuestros pecados, pasados, presentes e incluso aquellos que todavía no hemos cometido.

Si eso fuera todo lo que hay para la salvación, eso es mucho más de lo que cualquiera de nosotros nos merecemos y por ende todavía valdría la pena predicarlo. Pero la salvación es mucho, mucho más que obtener el perdón para nuestros pecados de forma que podamos ir al cielo en vez de al infierno.

Permíteme decirlo de esta forma. Si todo lo que hicieras fuera pedirle a Jesús que te perdone tus pecados para que no perezcas en el infierno, entonces tu estás dejando fuera la vida eterna.

El pecado fue una barrera que se interpuso entre nosotros y un Dios santo. Tenía que ser removido. Eso es exactamente lo que Jesús hizo, y El lo hizo, y El lo hizo bien. El pecado ya no se interpone entre Dios y el hombre (2 Cor. 5:17). Pero ¿qué es a lo que eso nos da derecho?

Ciertamente nos da derecho a vivir por siempre con Dios en el cielo. Eso es maravilloso. Pero hay beneficios tremendos aquí mismo, ahora mismo en la tierra. La vida eterna es uno de esos beneficios.

Jesús definió por nosotros la vida eterna en Juan 17:3. Ese versículo dice:

“Y esta es la vida eterna, que te conozcan a tí, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, quien tu has enviado.”

La vida eterna es conocer a Dios. Tu puedes estar decepcionado con esa definición. Tu piensas que conoces a Dios y que sin embargo no estás satisfecho. Tu quieres que ahí haya algo más. La clave radica en comprender lo que la Biblia quiere decir con esta palabra “conocer.”

Esto se está refiriendo a mucho más que simplemente el conocimiento intellectual. Puede verse en cientos de escrituras de la Biblia, como:“Conoció Adán a su mujer Eva, y ella concibió y dio a luz a su hijo Caín” (Gen. 4:1). Adán no sólo conoció a Eva intelectualmente. Eso no produce niños. El tuvo una experiencia íntima y personal con ella. Esto estaba refiriéndose al conocimiento entre un hombre y una mujer en la forma más íntima posible.

Similarmente, cuando Jesús dijo que la vida eternal era conocer a Dios, Él estaba hablando de tener una relación cercana, personal e íntima con Dios. ¡Eso es asombroso!

Muchas personas creen que Jesús murió para perdonar sus pecados, pero ellos todavía no tienen una relación cercana, personal e íntima con su Padre Dios. Ellos piensan que eso está reservado para el cielo. Ellos se contentan con pasar por la vida cantando canciones acerca de cómo y cuando llegaremos todos al cielo y de qué día tan grandioso será.

Sin quitarle nada al cielo, pero se supone que nosotros debemos tener vida eternal (esa relación cercana, personal e íntima con Dios nuestro Padre y con Jesucristo Su Hijo) ahora mismo.

Jesús dijo en Juan 3:15 que Dios amó tanto al mundo, que El dio a Su único Hijo para que aquellos que creyeran en El no perecieran sino que tuvieran vida eternal. Si todo lo que tú has hecho es creer en Jesús para no irte al infierno, entonces tú te estás perdiendo la vida eterna que el Señor quiere tener contigo ahora mismo.

¿Por qué esto es tan incomprendido? Es porque la iglesia ha cambiado el mensaje de la salvación. Ellos han puesto un punto después de la palabra “perecer” en Juan 3:16. Ellos le han dicho al mundo que la razón por la que Dios envió a Su Hijo era para morir por sus pecados para que ellos no perecieran, PUNTO. Eso excluye el verdadero mensaje de la vida eterna y de la relación íntima con Dios como meta de la salvación.

La fe viene de escuchar la Palabra de Dios (Rom. 10:17). Si nosotros no escuchamos que Jesús vino para regresarnos a la relación íntima con Dios, entonces nosotros no tenemos fe en ello y nosotros no lo experimentamos. Esto describe perfectamente la iglesia moderna de hoy día.

Tenemos muchas personas que han venido al Señor y recibido el perdón por sus pecados, pero ellos están salvados y atorados. Ellos están esperando al cielo para que ellos puedan empezar a vivir realmente. Eso es perderse del punto central de la salvación.

Si no hubiera vida después, si no hubiera cielo ni infierno, Juan 3:16 revela que Jesús de todas manera habría venido y fallecido por nuestros pecados para que nosotros pudiéramos de nuevo tener una relación íntima con El y con Su Padre ahora mismo, en este presente mundo malvado (Gal. 1:4).

Esta fue una de las principales diferencias entre la iglesia del primer siglo y nuestra iglesia moderna. Aquellas personas conocían a Dios íntimamente. Ellos tenían una relación con el Señor que no estaba esperando comenzar en el cielo, sino que estaba funcionando en ellos mientras ellos estaban todavía en este mundo.

Ellos no tenían las ventajas de la radio, la televisión, el internet o cualquier otro medio moderno de comunicación. Ellos ni siquiera alguna vez le pegaron una estampilla de parachoques en un camello. Y sin embargo, estos creyentes pusieron al mundo de cabeza con las verdades del Evangelio en sólo treinta años (Hechos 17:6). Ellos impactaron su mundo mucho más de lo que nosotros estamos impactando nuestro mundo hoy. ¿Por qué?

Ellos tenían tal profundidad de relación con un Dios Viviente que era contagiosa. En Roma, los Cristianos conocían a su Dios tan íntimamente que ellos cantaban Sus alabanzas conforme los quemaban en la hoguera. Hay registros históricos del emperador Nerón tapándose los oídos con sus dedos diciendo “¿Por qué estos Cristianos deben cantar?”

Ellos tenían mucho más que una doctrina y una esperanza. Ellos tenían una relación en tiempo presente que les permitía enfrentar con gozo terribles atrocidades. Hay registros históricos de Romanos, cuando atestiguaban el gozo de estos Cristianos quienes estaban siendo martirizados, rompiendo las filas y corriendo hacia ellos. Ellos sabían que ellos estarían condenados a la misma suerte, pero ellos voluntariamente aceptaban la muerte para que así ellos pudieran conocer a Dios en la misma manera cercana, personal e íntima como la de estos Cristianos.

Permíteme hacerte esta pregunta. No pretendo condenarte, sino iluminarte. ¿Cuántas personas morirían por tener aquello que tu tienes? ¿Tiene alguien envidia de tu relación con el Señor? Si no, entonces yo puedo sugerir que tu no estás experimentando la vida eterna tal como la Biblia la describe y tal como nuestro Señor Jesús murió para dártela.

Esto no es algo para algunos pocos selectos. Esto es la vida Cristiana normal. De hecho, si esta no es tu experiencia, tu no estás viviendo realmente. Esto es lo que condujo al Apóstol Pablo (Fil. 3:10) y a todos los primeros Cristianos. Esto sigue siendo lo que conduce a los Cristianos victoriosos hoy día. Todo se basa en una relación personal con una Persona, no sólo alguna doctrina.

Hay mucho más al respecto que quisiera compartir contigo. Es la base de todo lo que enseño. Pregúntale a mis estudiantes del Charis Bible College. Ellos te dirán que la respuesta a todo es una relación personal e íntima con el Señor. Y las buenas noticias es que el Señor quiere que tu la tengas más que tú.

Por favor ordena mi enseñanza intitulada “Eternal Life.” Esta puede ser una de las más importantes enseñanzas que tu has escuchado alguna vez. Si tu estás listo para que esta vida eternal funcione contigo, esto la hará aún mejor. Cada uno de nosotros puede ir más profundamente en nuestra relación con el Señor.

Una vez que comprendas que la verdadera vida eternal inicia con una relación personal con el Señor, esto te lleva a la pregunta: “¿Cómo empiezo?” Esta es una importante pregunta con una respuesta importante. No tengo espacio para escribirla aquí, pero mi enseñanza “Ministering unto God” va de la mano con “Eternal Life” y te ayudará a iniciar.

Andrew Wommack

martes, 17 de junio de 2008

Cómo Vencer la Duda

"Cómo Vencer La Duda"
escrito por Andrew Wommack


Nadie es inmune a la duda. Nos puede ocurrir y nos ocurre a todos nosotros. Lo único que tienes que saber es como tratarla cuando llega. Incluso los más grandes hombres y mujeres de Dios que están registrados en la Biblia tuvieron que lidiar con la duda. Jesús dijo de Juan el Bautista,

"De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista " (Mateo 11:11).

Eso significa que a los ojos de Jesús Juan era mucho mayor que Abraham, José, Moisés, David o cualquier personaje del Antiguo Testamento que puedas mencionar. Sin embargo Juan dudo sobre la cosa más importante de todas al cuestionar si Jesús era realmente el Cristo.

Juan el Bautista había sido apresado por criticar a Herodes por casarse con la esposa de su hermano, una relación incestuosa. Estuvo ahí un tiempo entre seis meses y dos años y se descorazonó tanto que le pidió a sus discípulos que fueran a Jesús y le preguntaran si El realmente era el Cristo. Es fácil leer y no pensar mucho sobre esto, pero la verdad es que no había otra cosa más que incredulidad de parte de Juan el Bautista.

Piensa en quién era Juan. Fue apartado para Dios y llenado con el Espíritu Santo mientras todavía estaba en el vientre de su madre. Ni siquiera Jesús fue llenado con el Espíritu Santo desde el vientre. Se cree que vivía cercano al Mar Muerto en el desierto con los Esenios, los escribanos de los Rollos del Mar Muerto. Ellos eran gente que era superlegalista que dogmáticamente practicaron muchos rituales renuncia y negación del ser. Definitivamente no vivió lo que pudiéramos llamar una vida fácil. Juan fue separado y concentrado en su objetivo.

Toda su vida fue dedicada a preparar el camino para el Cristo. El dedicó treinta años preparándose para un ministerio que duraría sólo seis cortos meses. Juan es quien vio a Jesús y dijo, "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” "(Juan 1:29). La unción en su vida tuvo que ser excepcionalmente poderosa porque su ministerio desafió la lógica. Miles de personas de muchas naciones llegaban a la mitad de la nada para escuchar a este hombre predicar. “ Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se acerca”. Y Dios le había revelado que a través de un signo visible del cielo el sabría quien era el Cristo. El vería el Espíritu de Dios descendiendo sobre el Mesías en la forma física de una paloma. Eso ocurrió cuando Juan bautizó a Jesús en el Río Jordán.

En aquel tiempo, Juan estaba absolutamente seguro de que Jesús era el Cristo. Tenía cero dudas. Estaba tan firme en ello que dijo

"Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” en Juan 1:34. En Lucas 3:16 el dijo, "Pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado.” Y en Juan 3:30 el dijo, "Es necesario que el crezca, pero que yo mengüe.”

No obstante, luego de ser aprisionado por un periodo de tiempo, el empezó a dudar. Esto dice muchas cosas, pero una importante es el hecho de que cualquiera puede dudar. ¿Cómo respondió Jesús a la duda de Juan? Bueno, El ciertamente no respondió en la forma que la mayoría de nosotros lo haría. El le dijo a los discípulos de Juan que regresaran y le contaran los milagros que habían visto y que Juan sería bendecido si él solamente creyera. Eso es. Jesús no trató de hacer sentir mejor a Juan al dejarle saber que El comprendía su dolor o al hacer algunos comentarios corteses. Jesús se reservó esos comentarios hasta que los discípulos de Juan se fueron. (Lucas 7:24-28).

Eso me intrigó por muchos años. ¿Por qué Jesús no dijo estos cosas sobre Juan el Bautista cuando estaban los discípulos de Juan de modo que ellos le pudieran llevar a el esa palabra? Me parece que eso hubiera ayudado más a Juan en lugar de decirle que mirara a los milagros y que sería bendecido si el creyera.

Años después de que tuviera estas interrogantes por primera vez, estaba leyendo Isaías 35 cuando me atravesó un pasaje que decía,

"Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto y torrentes en la soledad” (Is. 35:5-6).

Repentinamente me sacudió el saber que esta era exactamente la respuesta que Jesús le dio a los mensajeros de Juan. Mira lo que Jesús dijo en Mateo 11:4-6:

"Respondiendo Jesús, les dijo: Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio, y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mi."

Jesús realizó todos los Milagros que Isaías profetizó que El haría, y sólo por Buena medida hizo la curación de un leproso y el levantar a alguien de la muerte. Lo que Jesús hizo fue el completar perfectamente la profecía sobre Sí Mismo y entonces refirió a Juan el Bautista de regreso a esa palabra. Jesús le recordó a Juan las escrituras para lidiar con sus dudas. Este es el método de Jesús para lidiar con nuestras dudas.

Muchos de nosotros tenemos Biblias que yacen por ahí almacenando polvo. Algunos de nosotros incluso cargamos una. Pero cuando estamos batallando con la incredulidad, nosotros no queremos una escritura, nosotros queremos algo tangible, algo emocional que podamos sentir. Preferiríamos que Jesús sólo pusiera Su brazo alrededor de nosotros y nos dijera algo acerca de cómo todo va a estar bien. Eso nos haría sentir mejor. Pero vencer la duda no tiene que ver sólo con sentirse mejor, tiene que ver con regresar a la fe que sólo viene de la Palabra de Dios (Rom. 10:17).

Jesús envió la Palabra de regreso con los discípulos de Juan. El sabía que esto removería el espíritu de Juan para vencer la duda. Pedro comprendió esto acerca de la fe cuando escribió sobre ello en 2 Pedro 1:12-15, que dice,

"Por esto, yo no dejaré de recordaos siempre estas cosas, aunque vosotros las sepias, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en el cuerpo, el despertaos con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podais en todo momento tener memoria de estas cosas."

Pedro esta declarando lo importante que era que sus palabras fueran recibidas, como lo fueron, en verdad, la Palabra de Dios (1 Ts. 2:13). Para probar a ellos que estas no eran fábulas que había inventado, Pedro se refiere al tiempo en que ellos estaban con Jesús en la montaña. Ellos vieron a Jesús brillar como el fulgor del sol. La nube de gloria de Dios los cubrió y ellos oyeron una voz audible del cielo que decía “Este es mi Hijo amado: escúchenlo” (Marcos 9:7). Ellos también vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús. ¡Esto es muy impresionante!

Pero Pedro prosiguió diciendo en la 2 Pedro 1:19, "Tenemos también la palabra profética más segura." ¿Qué podría posiblemente ser más seguro que todos estos signos sobrenaturales? Pedro da respuesta a ello en el siente verso cuando el habla acerca de las Escrituras (2 Pedro 1:20). Las Escrituras son más seguras y más constructoras de fe y destructoras de la duda que el ver a Jesús transfigurado o el escuchar una voz audible del cielo. ¡Aleluya!

La única manera segura de vencer la duda es el poner tu fe en la Palabra de Dios y depender de ella más que en la palabra de profecía. No permitas que tus cinco sentidos dominen tu pensamiento. Deber venir a un lugar donde la Palabra de Dios es más real para ti que cualquier cosa que puedas ver, saborear, escuchar, oler o sentir. Cuando estás en duda, refiérete de regreso a la Palabra de Dios tal como Jesús la dijo a Juan el Bautista que lo hiciera. La fe viene por el escuchar y el escuchar por la Palabra.

Sólo hay dos ocasiones registradas en la Biblia cuando Jesús se maravillara por algo. Una vez se maravillo por lo grande que era la incredulidad de la gente (Marcos 6:6), y en Mateo 8:10 El se maravilló por la inmensa fe del soldado Gentil. Una fe que hiciera que Jesús se maravillara es digna de examinarse. ¿Qué era diferente en ella? La diferencia número uno fue lo que el centurión dijo

"Solamente di la palabra y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad y tengo bajo mis órdenes soldados y digo a éste: Ve y va, y al otro: Ven y viene, y a mi siervo: Haz esto y lo hace." (Mateo 8:8-9)

El centurión tuvo una fe que estaba puesta en la Palabra de Dios solamente. El no necesitaba que Jesús fuera a su casa y que saludara con Su mano sobre el criado enfermo. Si Jesús sólo le diera una palabra, eso es todo lo que él necesitaba.

En contraste con la fe del centurión está la poca fe de Tomás, quien era uno de los doce discípulos de Jesús. La primera vez que Cristo resucitado apareció a Sus discípulos, Tomás no estaba presente. Los otros diez discípulos le contaron a Tomás que Jesús había resucitado, pero no fue sino hasta ocho días más tarde antes de que Jesús se apareciera a Sus discípulos en presencia de Tomás.

"El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos y metiere mi dedo en el lugar de los clavos y metiere mi mano en su costado, no creeré." (Juan 20:25)

Jesús caminó hacia Tomás y le dijo que pusiera su dedo en la huella de los clavos y metiera su mano en el costado de Jesús y que no fuera incrédulo sino creyente. Tomás cayó de rodillas y confesó que Jesús era Dios y su Señor.

"Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron." (Juan 20:29)

Jesús dio una bendición mayor a aquellos que creyeron sin haber visto que en aquellos que creyeron por haber visto. En otras palabras, hay una unción más grande en creer la Palabra que en creer de señales y maravillas. No me malinterpretes. Yo creo en señales y maravillas. Jesús las usaba como una campana para llamar a la gente hacia Sí Mismo y así también nosotros. Pero la mayor y más segura palabra de profecía es la Palabra de Dios escrita. Hay una bendición mayor en solamente creer la Palabra de Dios que la bendición que hay en creer por circunstancias sobrenaturales. Aquellos que están buscando circunstancias para confirmar su fe fallarán cuando las más arduas batallas de incredulidad vengan. Necesitamos tener nuestra fe tan enraizada en la Palabra de Dios solamente que podamos soportar un huracán.

La razón por la que Jesús no intentó tratar hacer sentir mejor a Juan con unas pocas palabras amables, con un toque emocional, no fue porque a Jesús no le importara. Le importaba tanto Juan que El le dió lo mejor de Si - la Palabra de Dios escrita. Así es la forma como Jesús lidiaba con sus Propias tentaciones (Mateo 4) y ese era y sigue siendo el mejor modo de Dios para que nosotros lidiemos con nuestras tentaciones para no creer.

Quizá exista una razón por la que el Señor no haya usado un toque emocional para alejarte de la incredulidad. Tal vez es porque El te ama tanto que El está tratando de ayudarte a operar en más alta forma de fe - la fe que lo toma a El en Su Palabra. Si el menor de los santos de hoy día es mayor que lo que fue en aquel entonces Juan Bautista (Mateo 11:11) seguramente el Señor quiere que nosotros operemos al menos en el mismo nivel en el que El lidió con la incredulidad de Juan.

Andrew Wommack

Caminando por Fe

"Caminando por Fe"
escrito por Andrew Wommack


Un año en el evento anual del Charis Bible College Fin de Semana para Expandir Tu Visión, conforme yo estaba adorando al Señor, yo solo supe en mi corazón que el Señor entró al salón. No lo sentí, yo solo lo supe. Supe que El caminó al auditorio a través de las puertas frontales izquierdas y fue directo al frente en el escenario. El se paró ahí junto a mí por un momento, entonces El se dio la vuelta y descendió por el pasillo central hasta atrás del salón.

Yo sé que el Señor prometió que El siempre estaría con nosotros, de hecho, vive dentro de nosotros. Pero ahí había una manifestación tangible de Su presencia. Para ponerlo muy simple, yo creo que lo que llamamos unción es solo una manifestación de lo que ya es verdad en el ámbito espiritual. El Señor está siembre con nosotros, pero su presencia no siempre es tangiblemente manifiesta. Esta ocasión lo fue.

La presencia del Señor fue tan real, que abrí mis ojos para ver si yo podría verlo. En instantes, la gente empezó a caer de rodillas y adoraron al Señor en la misma secuencia como había sentido Su presencia caminando a través del salón. La gente se alegraba y sollozaba en voz alta. Esto era un tiempo poderoso de estar en la presencia manifiesta del Señor.

Pero aquí está la cuestión que fue tan especial para mí: Yo físicamente no pude ver o sentir nada extraordinario. No lo necesitaba. Lo supe por fe. Por el Espíritu supe lo que estaba ocurriendo antes de que abriera mis ojos y viera la confirmación del Señor moviéndose a través de la audiencia y tocando a la gente. Estaba tan satisfecho de saber estas cosas por el Espíritu como si yo hubiera sido físicamente abrumado y fijado al suelo bajo el poder del Espíritu Santo.

Conforme la reunión continuo, hubo muchas personas tocadas por la presencia manifiesta del Señor. Fue una de esas veces en que la gente quiere construir tres tabernáculos y simplemente acampar ahí. (Mateo 17:4). Aunque yo disfrutara a fondo de la experiencia entera, he llegado al lugar donde la fe cuando la presencia de Dios no está de manifiesto es tan verdadera como los tiempos especiales cuando el sentir confirma lo que la fe cree.

Aquella noche yo ministré sobre Lucas 24 donde los dos discípulos de Jesús estaban caminando hacia Emaús. Conforme caminaban por el camino, el Jesús resurrecto se les unió pero ellos no le reconocieron.

La Escritura dice,

"Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados para que no le conociesen.” (Lucas 24:15-16)

Estos eran los discípulos de Jesús y no obstante ellos no lo conocieron. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo podría ser que tu no reconocieras a una persona con la que has vivido por más de tres años? Marcos tomando en cuenta este mismo suceso nos da la respuesta. Marcos condensa todo el encuentro en un versículo y dice,

"Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo". (Marcos 16:12)

La razón por la que los discípulos de Jesús no lo reconocieran a El fue porque El estaba en otra forma. Esto no significa que El pareciera otra persona y tuviera diferentes características físicas. En ese mismo día, justo minutos después de su encuentro con los discípulos en el camino de Emaús, Jesús se apareció a sus discípulos en Jerusalén y les mostró la huella de los clavos en Sus manos y pies (Lucas 24:39). Este era el mismo Jesús que ellos conocieron íntimamente con anterioridad. Él soportaba las señales de crucifixión en Su cuerpo resucitado. Pero ellos no lo conocían porque Él estaba ya no en un cuerpo físico. Él estaba en un cuerpo espiritual, glorificado. Ellos estaban buscando con los ojos físicos que solo ven cosas físicas, y Jesús estaba en un cuerpo espiritual que sólo podría ser plenamente reconocido con la visión espiritual.

Aquí hay una verdad asombrosa: Las cosas espirituales sólo pueden ser percibidas por nuestros espíritus. Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3:6,

"Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido de Espíritu, espíritu es”.

Lo que Jesús estaba diciendo es, la carne es carne y el espíritu es espíritu. Tu no puedes percibir al espíritu a través de los sentidos carnales. Son mundos o ámbitos de la realidad totalmente diferentes.

El Apóstol Pablo hizo el mismo punto en 1 de Corintios 2:14 donde él dijo,

"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Los sentidos físicos no pueden discernir las cosas espirituales. Esto no está hablando solamente de comprender las verdades espirituales con nuestras mentes; esto también aplica a ver realidades espirituales con nuestros ojos o sentir cosas espirituales con nuestras emociones. Por supuesto que hay excepciones donde Dios abrió los ojos físicos para posibilitar que la gente vea ángeles e incluso el cielo, pero normalmente la única manera de acceder al ámbito espiritual es a través de nuestros espíritus por fe.

Aunque los tiempos especiales de la presencia manifiesta del Señor ocurren realmente cuando podemos sentir en el natural lo que es siempre verdadero en el espiritual, esta es la excepción en vez de la regla. No debemos estar más emocionados cuando sentimos algo que cuando estamos simplemente caminando en las promesas de Dios por fe. ¡Esta es una declaración radical!

El Señor empezó a enseñarme esto en mi temprano caminar con El. El 23 de marzo de 1968, el Señor se me manifestó en una forma tangible. Por cuatro meses, yo estaba físicamente consciente del amor y la presencia del Señor conmigo de un modo que virtualmente no requería fe. Yo lo podia sentir. Era impresionante. Pero cuando la sensación física se fue. Luego de un corto tiempo, yo fui reclutado y me encontré en Vietnam. La ausencia del compañerismo cristiano y todo a lo que estaba acostumbrado agudizó mi desesperación por el amor y la presencia del Señor. Yo podría decir sinceramente que yo estaba desesperado por Dios en el peor sentido de la palabra.

Entonces un día me desperté y sentí como si Dios se hubiera ido totalmente. No tenía ninguna sensación de Su presencia. La desesperanza y el miedo me invadieron como nunca en mi vida. Recuerdo que alguien entró a mi guarida y lo escondí bajo un altero de ropa. Estaba tan asustado que no podía enfrentar a nadie. Me sentí exactamente como en Efesios 2:12 que dice, "En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo."

Sentí como si Dios hubiera muerto o por lo menos me hubiera abandonado. Por tres días hice todo lo que sabía para tratar y recobrar la presencia de Dios. Ayuné, oré y estudié la Palabra constantemente. Nada parecía hacer ninguna diferencia. Entonces en la mañana del tercer día, me desperté y me encontré a mi mismo arrodillado al lado de mi lecho orando. Nada especial estaba ocurriendo, pero la simple presencia del Señor estaba de regreso. O quizá era simplemente que el miedo y la desesperanza se habían ido. Lo que fuera que fuese, yo tenía mi paz normal de regreso.

Sé que de acuerdo a las Escrituras que el Señor nunca nos deja ni abandona, entonces creo que era sólo mi percepción de que el Señor me había dejado. Sin embargo, esto me enseñó una lección maravillosa. Descubrí que yo había dado por sentado la paz diaria que la perdurable presencia del Señor produce. Creo que el Señor estaba cansado de que le rogara para tener una experiencia emocional especial. El quería que yo empezara a caminar por fe en lugar de sentir. De modo que El que me quitó la conciencia de Su presencia y me dejó sentir lo que seguramente se siente el infierno (la ausencia total de Dios). Esto tuvo un impacto profundo en mí.

Renuncié a mis peticiones por una epifanía y solo empecé a agradecerle a Dios por lo que tenía. Me metí en la Palabra de Dios y comencé a creer que el Señor estaba conmigo y me amaba, no a causa de lo que yo sentía, sino porque El me lo dijo en Su Palabra. Y comencé la transición de los sentimientos a la fe, de lo carnal a lo espiritual, de la inmadurez a la madurez. Esta es la forma en que yo me relacionaba con el Señor aquella noche en nuestro Fin de Semana para Expandir tu Visión del CBC. (Charis Bible College)

Percibí la presencia y el ministerio del Señor aparte de los sentimientos. Fue solo una revelación del Señor que yo acepté por fe. Cuando las manifestaciones confirmaron lo que yo sabía por fe, yo no estaba más cierto de Su presencia que lo que estuve antes de que llegara la confirmación física. Yo no dependía de alguna experiencia física. Yo tuve cada día amor, alegría y paz en las que camino, pero tuve fe que me dejó saber que que el amor y la presencia de Dios estaba conmigo en una forma infinitamente más grande que cualquier cosa que yo pudiera ver o sentir.

He tenido algunos encuentros imponentes con el Señor, e indudablemente, tendré más. Pero independientemente de lo maravillosas que son las experiencias que tu o yo tenemos con Él, son limitadas. Sólo hemos rasgado la superficie o hemos tocado la punta del iceberg del gran e imponente amor de Dios. Lo que tenemos dentro es infinitamente más poderoso y maravilloso que podemos vislumbrar y así será siempre. Tu no siempre podrás percibir la paz y la presencia de Dios contigo, pero lo está. Incluso en los tiempos cuando las circunstancias te gritan y afectan tus emociones, la gloria de Dios está ahí mismo dentro de ti, dándote amor, alegría, paz, y todos los frutos del Espíritu enlistados en Gálatas 5:22-23.

Tu no siempre vas a sentir la presencia de Dios. Esto puede impactarte o decepcionarte, pero así es. Y si tu estás creyendo poco realistamente que tendrás una manifestación constante de Su amor y su presencia, tu estás fuera del alcance de Dios y con un pie puesto para decepcionarte. Así no es El. El Señor ama trabajar en maneras sutiles que sólo son percibidas por la fe.

Mira la forma en que Jesús vino a la tierra. El no vino en un estilo grandioso. El vino humildemente, como un niño nacido de padres pobres. Su nacimiento no fue anunciado al César o al rey Herodes. Fue anunciado a humildes pastorcillos. Incluso el cuerpo físico de Jesús no era excepcional. Isaías 53:2 dice "No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiéramos estimar."

Cuando la gente miraba el cuerpo físico de Jesús, requería fe el creer que El era Dios. El no era hermoso. El era natural. El no era extraordinario. Y cuando Jesús se levantó de la muerte, El nunca se mostró a ninguna persona que no fuera uno de Sus discípulos. Podríamos pensar que El se perdió de una gran oportunidad. Miles lo habían visto crucificado solo tres días antes. Todo lo que hubiera tenido que hacer era caminar por las calles de Jerusalén o ir al salón de juicios de Pilatos y las personas se hubieran forzado a reverenciarlo arrodillados y reconocerlo como el Cristo. Pero esa no es la naturaleza de Dios. Hebreos 11:6 dice, "Pero sin fe es imposible agradar a Dios."

Nuestro Dios es un Dios de fe, y se requiere fe para complacerle. El podría hacer que un ave se posara en tu hombro y te dijera que El te ama cada minuto de cada día. El podría escribir tu nombre con instrucciones en cada nube que cruza. El podría hacer que ángeles te visitaran cada mañana y noche para afirmarte que lo que El dice en Su Palabra es verdad. Pero esa no es fe, y así no es Dios. Segunda de Corintios 5:7 dice, "porque por fe andamos, no por vista."

Nosotros no caminamos por fe sólo cuando tenemos a la vista lo que realmente deseamos. Nosotros caminamos por fe, punto. Cuando la visión llega nosotros alabamos a Dios y seguimos caminando por fe.

Las cosas que te he intentado compartir en este artículo son profundas. No todos se dan cuenta de la importancia. Pero la fe es altamente superior a los sentimientos tal como el verdadero amor lo es sobre la lujuria. En realidad no hay comparación. Sin embargo la lujuria parece ser más común y fácil de llegar que el verdadero amor. Similarmente, la dependencia en nuestros sentidos es más común entre los Cristianos que la fe. Nosotros conocemos lo que Dios dijo en Su Palabra, pero no lo sentimos y por tanto nosotros no lo creemos. Eso está mal. La fe antecede a los sentimientos y siempre triunfa sobre los sentimientos. La fe producirá sentimientos, no siempre, pero algunas veces y necesitamos disfrutarlos cuando estos sentimientos vengan. Estar controlado por los sentimientos es un GRAN obstáculo a la fe verdadera. Tenemos que ponernos al lugar donde la Palabra de Dios es prueba suficiente bastante sin la confirmación emocional.

He realizado una lección en audio de este tema desde Lucas 24, intitulado “Caminando por Fe”. En esta enseñanza comparto la experiencia del Fin de Semana para Expandir Tu Visión y mi historia de Vietnam que relaté en este artículo. Entro en mucho detalle sobre este tema y pienso que podría realmente hacer una gran diferencia en tu vida. Hay mucho más de esto que lo que pude resumir en este artículo.

Andrew Wommack