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martes, 17 de junio de 2008

¿Quién Eres Tu En El Espíritu?

Quién Eres Tu En El Espíritu
escrito por Andrew Wommack


Si yo te preguntara ¿Sabes tú quién eres? tu respuesta inmediata sería, “por supuesto que lo sé”. Pero podrías imaginarte ¿cómo sería si súbitamente perdieras toda memoria de tu nombre, donde vives, quién era tu cónyuge, tus hijos, en dónde trabajabas, etc.?
Sería terrorífico. Hay una gran seguridad en saber quién eres. Esa es la razón por la que la gente es tan renuente al cambio. Ellos están seguros en lo que ellos conocen y son muy temerosos de lo que ellos no conocen.

Bien, también es una necesidad que sepas en quién te has convertido en tu espíritu. Tu eres una nueva criatura en tu espíritu (2 Cor. 5:17), y tu tienes que reeducar tu mente para pensar de esa manera previo a que la perfecta voluntad de Dios se ponga de manifiesto en tu carne (Rom. 12:1-2). Somos más que conquistadores a través de Cristo, pero no nos beneficiaremos de esa verdad sino hasta que nos convenzamos a nosotros mismos de ello, no mucho más de lo que un millonario se beneficiaría de su cuenta bancaria si él no supiera que ahí esta. Esta es la situación en la que ha estado el cuerpo de Cristo. Simplemente hemos sido ignorantes de quien somos en Jesús (en nuestro espíritu) y de los derechos y privilegios que son nuestros.

Un ejemplo de esto en lo natural es nuestra libertad como Americanos. De acuerdo con el preámbulo de la Constitución, hemos sido dotados por nuestro Creador con ciertos derechos inalienables que nos son garantizados por los documentos gobernantes de los Estados Unidos de América. Hay un sistema judicial electo para hacer cumplir esos derechos. Pero, con esos derechos también hay responsabilidades. Es responsabilidad de cada individuo conocer cuáles son sus derechos e ir a través de los canales apropiados para obtenerlos. Millones de infractores de la ley nunca han sido traídos a juicio porque la víctima, por una razón u otra, no levantó cargos.
En muchos casos, estoy seguro que la gente no conocía sus derechos.

Durante la presidencia de Abraham Lincoln, el firmó la Proclamación de Emancipación, que liberó a todos los esclavos Americanos. Pero había casos documentados donde los dueños de esclavos ocultaron la Proclamación y los esclavos continuaron sirviendo en esclavitud puesto que ellos ignoraban del cambio que había tenido lugar. Esa exactamente ha sido la estrategia de Satanás contra la iglesia. Mientras Oseas 4:6 dice, "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento." Y la 2 de Pedro 1:3 dice, "Conforme su divino poder nos ha concedido cuanto se refiere a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento perfecto del que nos ha llamado por su gloria y virtud." Si Satanás puede mantener ignorante a un Cristiano o en la incredulidad acerca de en quién se han convertido y sus derechos como un hijo del Reino, el los puede mantener en la esclavitud aún cuando la ley de libertad en Jesucristo ¡ya haya sido puesta en vigor!

La forma más efectiva en que el Diablo ha hecho esto es mediante la incredulidad religiosa, específicamente las enseñanzas doctrinales de que nosotros somos indignos, condenados y todos pecadores, salvados por gracia.
Alabado sea Dios. Yo era un pecador, pero me salve por gracia y ahora soy justo para Dios en Jesucristo. (2 Cor. 5:21). Mi hombre espiritual ya no es indigno nunca más. Efesios 4:24 dice, "Y vestíos del Nuevo hombre [esto está hablando de tu espíritu que ha vuelto a nacer], creado por Dios en la justicia y verdadera santidad." ¡Mi espíritu es justo y verdaderamente santo! ¡Aleluya!

Pero alguien podría decir, "Todas nuestras justicias son como trapos sucios” (Is. 64:6), y "No hay quien sea justo, ni siquiera uno solo" (Rom. 3:10). Estas escrituras se refieren a nuestra vanagloria, que nunca nos llevará a la hermandad con Dios porque "todos pecaron y están privados de la gloria de Dios" (Rom. 3:23). Pero Jesús tomó nuestro pecado y se hizo pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justos para Dios en El (2 Cor. 5:21). Esto significa nuestros nuevos espíritus. Esa es la parte de nosotros que está en El. Si aceptas la primera parte de este versículo, que Jesús se hizo pecado por nosotros, entonces tu tienes que aceptar la siguiente parte, que hemos recibido Su justicia. Esta no es una justicia que es impartida en el cielo. Será perfeccionada en el cielo, espíritu, alma y cuerpo glorificado. Pero como dice Efesios 4:24, nuestros espíritus son ahora justos y verdaderamente santos. Dice Hebreos 12:23, hablando de la iglesia, “los espíritus de hombres justos se hicieron perfectos."

El espíritu que teníamos y que estaba muerto en Dios, se ha ido, y el nuevo espíritu que recibimos en la salvación es justo, verdaderamente santo y perfecto. De hecho es el mismo espíritu que tendremos durante toda la eternidad. No ha sido cambiado ni mejorado. La parte de la carne será cambiada, pero nuestro espíritu de salvación está completo. Colosenses 1:12 dice que nosotros fuimos (tiempo pasado) hechos aptos (capaces) para participar de la herencia de los santos. En nuestros espíritus, ahora somos vencedores y el resto de la vida Cristiana, puesto muy simplemente, es la renovación del cuerpo y alma a esa verdad. Romanos 12:2 lo dice de esta forma, "No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que es grato, lo que es perfecto." Pablo no oró para que ellos recibieran alguna cosa nueva de Dios, sino más bien que ellos renovaran sus mentes y comprobaran (o se hiciera manifiesto a los sentidos físicos) lo que ya estaba ahí. En el nuevo nacimiento Dios no nos cambió sólo en principio, sino que somos ahora en nuestros espíritus una creación totalmente nueva. Pero hasta que primero no nos demos cuenta de esto y luego actuemos con fe, el diablo continuará oprimiéndonos.
El primer paso para la fe es el conocimiento. Romanos 10:14 dice, "¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? " y el versículo 17 dice, "Así que la fe viene por el oir, y el oir por la Palabra de Dios." La ignorancia de quién somos en nuestros espíritus ha hecho imposible para nosotros que actuemos en la fe correspondientemente.

Filemón 6 dice, "Para que la comunicación de tu fe sea eficaz por el conocimiento de todo bien que está en vosotros por Cristo Jesús." Este versículo deja claro que tu fe se vuelve eficaz (empieza a funcionar) por conocer las buenas cosos en tu espíritu. Tu podrías darle la vuelta al versículo y no cambiar su significado al decir que si tu no sabes lo que ha tenido lugar en tu ser espiritual, tu fe no funcionará.

La enseñanza religiosa que la mayoría de la gente ha recibido les enseñó o les dejó la impresión de que no hay nada bueno en nosotros. Se nos ha enseñado que la forma de activar el poder de Dios en nuestras vidas es mantener continuamente frente a nosotros nuestra debilidad e desmerecimiento. Esto está caracterizado por lo que yo llamo “actitud de falsa humildad” que permea a muchos Cristianos. Escucharás frases tales como “Sin Jesús, yo no puedo hacer nada” la cual es totalmente cierta, pero no está equilibrada con la verdad “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Necesitamos darnos cuenta de que somos totalmente de Jesús, pero necesitamos ir más allá de eso para darnos cuenta de que conforme dependemos de Jesús, nosotros somos completamente superiores a cualquier arma que el diablo pueda usar contra de nosotros. Somos vencedores del mundo (1 de Juan 5:4). Hebreos 12:2 dice que tenemos que poner los ojos en Jesús el autor y consumador de nuestra fe, pero la mayoría de nosotros hemos estado viéndonos a nosotros mismos. ¡No me sorprende porque hemos estado cansados y desfallecidos en la batalla (Heb. 12:3)!

Conforme nosotros cambiamos nuestra atención de nuestra propia fragilidad a la suficiencia en Cristo y tomamos nuestro lugar en El, nuestra fe será activada, y nosotros comenzaremos a vivir como los niños del Reino que somos.

Andrew Wommack

La Fe Para La Sanación Está Basada En El Conocimiento

La Fe Para La Sanación Está Basada En El Conocimiento

escrito por Andrew Wommack

En uno de mis Seminarios La Verdad Del Evangelio, ministerié a un hombre quien tenía desprendimiento de retinas. Yo estaba parado frente a él, y el dijo que yo era sólo una mancha borrosa. Con el servicio a punto de iniciar, yo sólo tenía un momento para ministerear, por lo que le dije que se acercara al final y uno de nuestros ministros de oración continuaría el proceso. El lo hizo, y después del ministerio dio un gran testimonio. No sólo me podía ver claramente, sino que podía ver los rostros de las personas de hasta atrás del auditorio. ¡Gracias Jesús! ¡Ese es un milagro!

En el mismo servicio, una mujer cuyos ojos estaban nublados por cataratas vino al frente. Ella apenas podía ver, pero después de que el ministro de oración oró por ella, la nube blanca sobre sus ojos se había ido y ella dijo de que su visión era magnífica. Otro hombre se liberó del tanque de oxígeno al que había estado atado por meses. Oídos sordos fueron abiertos, cánceres fueron curados y espaldas fueron sanadas. ¡Aleluya!

Para mí la cuestión más emocionante acerca de estos milagros es que yo NO soy quien oró para la mayoría de estas personas.

No hace mucho tiempo, yo estaba haciendo todo lo del ministerio. No me malinterpreten, yo disfruto ministerear la sanación de Dios a la gente. Pero conforme las multitudes crecieron, se volvió difícil orar con cada uno. Muchas veces oré con gente después de media noche y no obstante había muchas más personas que no se podían quedar y se fueron sin su sanación. Ahora que tenemos ministros de oración, cientos de personas pueden ser ministereadas cada noche. Muchos más milagros están ocurriendo y es especialmente satisfactorio el ver que ellos reciben los mismos e incluso mejores resultados de los que yo experimento.

Yo creo que esto envía una señal muy necesitada para todos los que la escuchen; ¡los ministerios de la televisión no son los únicos que pueden operar en este milagroso poder de Dios! Alabado sea el Señor por los verdaderos hombres y mujeres de Dios en la televisión, pero Jesús dijo que los creyentes impondrían sus manos en el enfermo y el enfermo se aliviaría (Marcos 16:18). El trabajo del ministerio es entrenar al cuerpo de Cristo de forma que ellos puedan hacer el trabajo del ministerio (Efesios 4:11-12). Necesita terminar la era del “hombre orquesta” en el cuerpo de Cristo y literalmente estamos viendo que eso ocurre en nuestras sesiones.

Algunos de los ministros de oración locales que hemos entrenado nunca antes habían visto que ocurriera un milagro a través de ellos. Recuerdo un joven quien nos ayudó en un seminario. El recibió la instrucción y entrenamiento prelimar al seminario y en la primera noche vio como se abrieron los ojos de una persona ciega cuando él oró. El nos dijo al día siguiente que se quedó tan emocionado que no pudo dormir en toda la noche. No sólo la persona ciega fue sanada, sino que te garantizo que ese joven nunca será el mismo. ¡Eso es asombroso!

¿Te gustaría que los ciegos recibieran la visión o que los cojos caminaran cuando tu oras? ¿ Tu mismo necesitas desesperadamente sanación? Aquí están las buenas noticias -ya sea que tu estés orando para la sanación de otra persona o recibiendo la tuya propia, está disponible para todos los verdaderos seguidores de Cristo. Jesús le dio a cada discípulo que cree el poder y autoridad para hacer los mismos trabajos que El hizo. ¡Qué enunciado! Pero es absolutamente cierto. Juan 14:12 dice,

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

Todos los creyentes harán los mismos trabajos que hizo Jesús, eso no está limitado a los ministros. Solamente que hay escasez de creyentes, creyentes.

¿Cómo puedes llegar al lugar donde puedes ver lo milagroso ocurrir en y a través de ti? Comienza con la renovación de tu mente. La fe está basada en el conocimiento, y todo lo que necesitamos conocer para ser un Cristiano victorioso está explicado en la Palabra de Dios. Eso es lo que el Apóstol Pedro dijo en la 2 Pedro 1:3-4:

"Pues su divino poder nos ha concedido cuanto se refiere a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento perfecto del que nos ha llamado por su propia gloria y virtud, por medio de las cuales nos han sido concedidas las preciosas y sublimes promesas, para que por ellas os hicierais partícipes de la naturaleza divina, huyendo de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia."

El conocimiento de algunas verdades básicas, cuando es comprendido y aplicado apropiadamente, hará una gran diferencia para liberar Su poder y recibir tu sanación. El mes pasado compartí una de las cosas más importantes que el Señor me ha mostrado: Dios ya ha puesto Su poder de sanación dentro de nosotros, y ahora está bajo nuestra autoridad. No depende de Dios determinar quien recibe sanación ¡depende de nosotros! ¡Que sentencia tan poderosa! Lo que ha mantenido al poder sanador de Dios sin fluir como debería es nuestro fracaso en comprender y usar la autoridad que tenemos. Es imperativo que descubramos lo que tenemos y aprender cómo liberarlo. Si no tienes mis audio cintas intituladas “La Autoridad del Creyente” necesitas conseguirlas. El mensaje no solamente afectará la forma en que recibes y ministras sanación, sino que cambiará por completo la forma en que te relacionas con Dios.

Aquí hay otra verdad básica indispensable que debes conocer y comprender sobre la sanación: Nunca es la voluntad de Dios que nosotros estemos enfermos; El quiere que cada persona esté sanada en todo momento. Esa es casi una noticia demasiado-buena-para-ser-verdad, pero ese es el Evangelio. La mayoría de los Cristianos no lo saben o no lo creen. Ellos piensan que el Señor los pone enfermos, o que por lo menos, El permite que Satanás los enferme ya sea para castigarlos o corregirlos. Ese tipo de pensamiento te matará; eso no es lo que la Biblia enseña.

Uno de los principios más elementales en la Palabra de Dios dado en Santiago 4:7. Dice,

"Someteos por tanto a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros."

Este versículo claramente nos enseña que algunas cosas son de Dios y otras cosas son del Diablo. Date cuenta de que no presenta una tercer categoría: de Dios a través del Diablo. ¡No! ¡La enfermedad no tiene nada que ver con Dios! Apégate a las cosas de Dios y resiste las cosas del Diablo. Es así de simple. Creer que Dios permite o aprueba las acciones de Satanás desafía la lógica de Santiago 4:7. Eso elimina nuestra responsabilidad para resistir y pone la última responsabilidad de todo en Dios.

Esta doctrina ampliamente aceptada de que Dios controla todo es una decepción. Si Satanás puede confundirte y decepcionarte en ese tema, ¡te atrapó! ¿Por qué? Puesto que tu dejarás de resistirte. Nadie quiere resistirse a la voluntad de Dios y si tu crees que Dios está detrás de tu enfermedad, tu te apegarás a ella. Eso viola la instrucción de Santiago 4:7, no te sanará y permitirá que Satanás se salga con la suya en tu vida.

Tu debes creer que Dios siempre te quiere sanado. Es tan simple que requiere ayuda malinterpretarla. Pero tristemente muchos Cristianos reciben mucha ayuda de la religión para malinterpretar esto. Velo de esta manera: Si Dios te quisiera enfermo, por cualesquiera que fuera la razón, entonces ¿para qué ir al médico o tomar medicina? Parecería más lógico el permitir que la enfermedad siga su curso de forma que el propósito de Dios se cumpliera. Por supuesto que pienso que esto es absurdo, y ojala, tu también lo consideres así.

¿Cuál es la voluntad de Dios para nuestra sanción? Su Palabra nos lo revela en la 3 Juan 2, donde dice,

"Amado, yo deseo sobre todas las cosas que tu seas próspero y que tengas salud, así como próspera tu alma."

Juan estaba escribiendo cartas a los creyentes bajo la inspiración del Espíritu Santo. El reveló que el Señor nos quiere sanos tanto como El quiere que nosotros prosperemos emocional y mentalmente.

Cuando Pedro predicó el Evangelio a Cornelio en Hechos 10:38, el resumió el ministerio de Jesús al decir,

"Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret y cómo éste anduvo hacienda el bien y sanando a todos los oprimidos del Diablo, porque Dios estaba con él. "

Hoy en día algunos predicadores están diciendo que la sanación es del demonio, pero ese no es el mensaje que dio Pedro. Date cuenta de lo que Pedro dijo bajo la inspiración del Espíritu Santo. No solo Jesús estaba haciendo el bien cuando El sanó a la gente, sino que El sanó a todos los que estaban oprimidos por el diablo, no por Dios. La escritura claramente prueba que la enfermedad no es de Dios.

Isaías 53 concluirá todo el debate. Fue escrito proféticamente acerca de Jesús, el Mesías. Isaías 53:4-5 dice,

"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros sanados.”

Estos versículos revelan que la sanación física es parte de la expiación de Cristo. El Señor nos redimió de la enfermedad tanto como El nos redimió del pecado. El no quiere que nosotros estemos enfermos tanto como El no nos quiere en pecado. Estos enunciados son radicales para muchos Cristianos porque se nos ha enseñado que el perdón de los pecados es todo a lo que se refiere la salvación. Bueno, eso ciertamente es una parte vital de la salvación pero no es todo lo que Jesús consiguió. Nosotros también fuimos sanados por Sus heridas. La enfermedad no es de Dios tanto como el pecado tampoco es de Dios. ¡Gracias Jesús!

Por si acaso alguno estuviera pensando que la sanación a la que se refería Isaías 53:4-5 es sólo emocional y no física, la Biblia da un comentario sobre la profecía de Isaías. En Mateo 8:16 Jesús sanó a todos los enfermos que fueron llevados a El, y el versículo 17 dice que esto fue hecho…

"Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”

Por lo tanto, la Escritura comenta sobre sí misma y deja muy claro que la sanación de la que habló Isaías se está refiriendo a las deformaciones físicas y enfermedades. Si Jesús cargó nuestras enfermedades, nosotros no tenemos que hacerlo.

Te podrás estar preguntando "¿Qué hay con respecto a la espina en la carne de Pablo?" Desearía tener espacio para responder eso en este artículo porque aquellas escrituras no están hablando acerca de una enfermedad de Pablo que el Señor no sanaría. Sin embargo, tengo una enseñanza completa revelando lo que fue la espina en la carne de Pablo. Dicha enseñanza es la segunda de una serie de cuatro partes que he intitulado God Wants You Well. La primer enseñanza en esa serie trata de la sanación como parte de la expiación de Cristo, la segunda trata con la espina en la carne de Pablo, la tercera revela las razones por las que las personas no son sanadas y la cuarta enseña que la sanación está gobernada por reglas y revela algunas de esas reglas. Te exhorto a aprovechar estos recursos sobre la sanación que ofrecemos.

Andrew Wommack

Cómo Vencer la Duda

"Cómo Vencer La Duda"
escrito por Andrew Wommack


Nadie es inmune a la duda. Nos puede ocurrir y nos ocurre a todos nosotros. Lo único que tienes que saber es como tratarla cuando llega. Incluso los más grandes hombres y mujeres de Dios que están registrados en la Biblia tuvieron que lidiar con la duda. Jesús dijo de Juan el Bautista,

"De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista " (Mateo 11:11).

Eso significa que a los ojos de Jesús Juan era mucho mayor que Abraham, José, Moisés, David o cualquier personaje del Antiguo Testamento que puedas mencionar. Sin embargo Juan dudo sobre la cosa más importante de todas al cuestionar si Jesús era realmente el Cristo.

Juan el Bautista había sido apresado por criticar a Herodes por casarse con la esposa de su hermano, una relación incestuosa. Estuvo ahí un tiempo entre seis meses y dos años y se descorazonó tanto que le pidió a sus discípulos que fueran a Jesús y le preguntaran si El realmente era el Cristo. Es fácil leer y no pensar mucho sobre esto, pero la verdad es que no había otra cosa más que incredulidad de parte de Juan el Bautista.

Piensa en quién era Juan. Fue apartado para Dios y llenado con el Espíritu Santo mientras todavía estaba en el vientre de su madre. Ni siquiera Jesús fue llenado con el Espíritu Santo desde el vientre. Se cree que vivía cercano al Mar Muerto en el desierto con los Esenios, los escribanos de los Rollos del Mar Muerto. Ellos eran gente que era superlegalista que dogmáticamente practicaron muchos rituales renuncia y negación del ser. Definitivamente no vivió lo que pudiéramos llamar una vida fácil. Juan fue separado y concentrado en su objetivo.

Toda su vida fue dedicada a preparar el camino para el Cristo. El dedicó treinta años preparándose para un ministerio que duraría sólo seis cortos meses. Juan es quien vio a Jesús y dijo, "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” "(Juan 1:29). La unción en su vida tuvo que ser excepcionalmente poderosa porque su ministerio desafió la lógica. Miles de personas de muchas naciones llegaban a la mitad de la nada para escuchar a este hombre predicar. “ Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se acerca”. Y Dios le había revelado que a través de un signo visible del cielo el sabría quien era el Cristo. El vería el Espíritu de Dios descendiendo sobre el Mesías en la forma física de una paloma. Eso ocurrió cuando Juan bautizó a Jesús en el Río Jordán.

En aquel tiempo, Juan estaba absolutamente seguro de que Jesús era el Cristo. Tenía cero dudas. Estaba tan firme en ello que dijo

"Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” en Juan 1:34. En Lucas 3:16 el dijo, "Pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado.” Y en Juan 3:30 el dijo, "Es necesario que el crezca, pero que yo mengüe.”

No obstante, luego de ser aprisionado por un periodo de tiempo, el empezó a dudar. Esto dice muchas cosas, pero una importante es el hecho de que cualquiera puede dudar. ¿Cómo respondió Jesús a la duda de Juan? Bueno, El ciertamente no respondió en la forma que la mayoría de nosotros lo haría. El le dijo a los discípulos de Juan que regresaran y le contaran los milagros que habían visto y que Juan sería bendecido si él solamente creyera. Eso es. Jesús no trató de hacer sentir mejor a Juan al dejarle saber que El comprendía su dolor o al hacer algunos comentarios corteses. Jesús se reservó esos comentarios hasta que los discípulos de Juan se fueron. (Lucas 7:24-28).

Eso me intrigó por muchos años. ¿Por qué Jesús no dijo estos cosas sobre Juan el Bautista cuando estaban los discípulos de Juan de modo que ellos le pudieran llevar a el esa palabra? Me parece que eso hubiera ayudado más a Juan en lugar de decirle que mirara a los milagros y que sería bendecido si el creyera.

Años después de que tuviera estas interrogantes por primera vez, estaba leyendo Isaías 35 cuando me atravesó un pasaje que decía,

"Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto y torrentes en la soledad” (Is. 35:5-6).

Repentinamente me sacudió el saber que esta era exactamente la respuesta que Jesús le dio a los mensajeros de Juan. Mira lo que Jesús dijo en Mateo 11:4-6:

"Respondiendo Jesús, les dijo: Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio, y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mi."

Jesús realizó todos los Milagros que Isaías profetizó que El haría, y sólo por Buena medida hizo la curación de un leproso y el levantar a alguien de la muerte. Lo que Jesús hizo fue el completar perfectamente la profecía sobre Sí Mismo y entonces refirió a Juan el Bautista de regreso a esa palabra. Jesús le recordó a Juan las escrituras para lidiar con sus dudas. Este es el método de Jesús para lidiar con nuestras dudas.

Muchos de nosotros tenemos Biblias que yacen por ahí almacenando polvo. Algunos de nosotros incluso cargamos una. Pero cuando estamos batallando con la incredulidad, nosotros no queremos una escritura, nosotros queremos algo tangible, algo emocional que podamos sentir. Preferiríamos que Jesús sólo pusiera Su brazo alrededor de nosotros y nos dijera algo acerca de cómo todo va a estar bien. Eso nos haría sentir mejor. Pero vencer la duda no tiene que ver sólo con sentirse mejor, tiene que ver con regresar a la fe que sólo viene de la Palabra de Dios (Rom. 10:17).

Jesús envió la Palabra de regreso con los discípulos de Juan. El sabía que esto removería el espíritu de Juan para vencer la duda. Pedro comprendió esto acerca de la fe cuando escribió sobre ello en 2 Pedro 1:12-15, que dice,

"Por esto, yo no dejaré de recordaos siempre estas cosas, aunque vosotros las sepias, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en el cuerpo, el despertaos con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podais en todo momento tener memoria de estas cosas."

Pedro esta declarando lo importante que era que sus palabras fueran recibidas, como lo fueron, en verdad, la Palabra de Dios (1 Ts. 2:13). Para probar a ellos que estas no eran fábulas que había inventado, Pedro se refiere al tiempo en que ellos estaban con Jesús en la montaña. Ellos vieron a Jesús brillar como el fulgor del sol. La nube de gloria de Dios los cubrió y ellos oyeron una voz audible del cielo que decía “Este es mi Hijo amado: escúchenlo” (Marcos 9:7). Ellos también vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús. ¡Esto es muy impresionante!

Pero Pedro prosiguió diciendo en la 2 Pedro 1:19, "Tenemos también la palabra profética más segura." ¿Qué podría posiblemente ser más seguro que todos estos signos sobrenaturales? Pedro da respuesta a ello en el siente verso cuando el habla acerca de las Escrituras (2 Pedro 1:20). Las Escrituras son más seguras y más constructoras de fe y destructoras de la duda que el ver a Jesús transfigurado o el escuchar una voz audible del cielo. ¡Aleluya!

La única manera segura de vencer la duda es el poner tu fe en la Palabra de Dios y depender de ella más que en la palabra de profecía. No permitas que tus cinco sentidos dominen tu pensamiento. Deber venir a un lugar donde la Palabra de Dios es más real para ti que cualquier cosa que puedas ver, saborear, escuchar, oler o sentir. Cuando estás en duda, refiérete de regreso a la Palabra de Dios tal como Jesús la dijo a Juan el Bautista que lo hiciera. La fe viene por el escuchar y el escuchar por la Palabra.

Sólo hay dos ocasiones registradas en la Biblia cuando Jesús se maravillara por algo. Una vez se maravillo por lo grande que era la incredulidad de la gente (Marcos 6:6), y en Mateo 8:10 El se maravilló por la inmensa fe del soldado Gentil. Una fe que hiciera que Jesús se maravillara es digna de examinarse. ¿Qué era diferente en ella? La diferencia número uno fue lo que el centurión dijo

"Solamente di la palabra y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad y tengo bajo mis órdenes soldados y digo a éste: Ve y va, y al otro: Ven y viene, y a mi siervo: Haz esto y lo hace." (Mateo 8:8-9)

El centurión tuvo una fe que estaba puesta en la Palabra de Dios solamente. El no necesitaba que Jesús fuera a su casa y que saludara con Su mano sobre el criado enfermo. Si Jesús sólo le diera una palabra, eso es todo lo que él necesitaba.

En contraste con la fe del centurión está la poca fe de Tomás, quien era uno de los doce discípulos de Jesús. La primera vez que Cristo resucitado apareció a Sus discípulos, Tomás no estaba presente. Los otros diez discípulos le contaron a Tomás que Jesús había resucitado, pero no fue sino hasta ocho días más tarde antes de que Jesús se apareciera a Sus discípulos en presencia de Tomás.

"El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos y metiere mi dedo en el lugar de los clavos y metiere mi mano en su costado, no creeré." (Juan 20:25)

Jesús caminó hacia Tomás y le dijo que pusiera su dedo en la huella de los clavos y metiera su mano en el costado de Jesús y que no fuera incrédulo sino creyente. Tomás cayó de rodillas y confesó que Jesús era Dios y su Señor.

"Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron." (Juan 20:29)

Jesús dio una bendición mayor a aquellos que creyeron sin haber visto que en aquellos que creyeron por haber visto. En otras palabras, hay una unción más grande en creer la Palabra que en creer de señales y maravillas. No me malinterpretes. Yo creo en señales y maravillas. Jesús las usaba como una campana para llamar a la gente hacia Sí Mismo y así también nosotros. Pero la mayor y más segura palabra de profecía es la Palabra de Dios escrita. Hay una bendición mayor en solamente creer la Palabra de Dios que la bendición que hay en creer por circunstancias sobrenaturales. Aquellos que están buscando circunstancias para confirmar su fe fallarán cuando las más arduas batallas de incredulidad vengan. Necesitamos tener nuestra fe tan enraizada en la Palabra de Dios solamente que podamos soportar un huracán.

La razón por la que Jesús no intentó tratar hacer sentir mejor a Juan con unas pocas palabras amables, con un toque emocional, no fue porque a Jesús no le importara. Le importaba tanto Juan que El le dió lo mejor de Si - la Palabra de Dios escrita. Así es la forma como Jesús lidiaba con sus Propias tentaciones (Mateo 4) y ese era y sigue siendo el mejor modo de Dios para que nosotros lidiemos con nuestras tentaciones para no creer.

Quizá exista una razón por la que el Señor no haya usado un toque emocional para alejarte de la incredulidad. Tal vez es porque El te ama tanto que El está tratando de ayudarte a operar en más alta forma de fe - la fe que lo toma a El en Su Palabra. Si el menor de los santos de hoy día es mayor que lo que fue en aquel entonces Juan Bautista (Mateo 11:11) seguramente el Señor quiere que nosotros operemos al menos en el mismo nivel en el que El lidió con la incredulidad de Juan.

Andrew Wommack