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martes, 17 de junio de 2008

El Espíritu Santo

"El Espíritu Santo"

escrito por Andrew Wommack


En el cuerpo de Cristo hay pocas cuestiones que sean más controversiales que el bautismo del Espíritu Santo y los dones que lo acompañan.

Mucha de la Cristiandad moderna de estos días ve la experiencia de re-nacer como todo lo que hay para la salvación. Muchos Cristianos se oponen a la creencia de que hay una experiencia aparte de la de ser llenado con el Espíritu Santo, y ellos especialmente se oponen a la validez de los dones del Espíritu Santo para los creyentes de hoy en día.

Este tipo de creencia los pone en conflicto con el libro de Hechos y con la propia enseñanza de Jesús. Aquellos quienes han experimentado el poder del Espíritu Santo son etiquetados como fanáticos o herejes. Pero ¿qué es lo que la Biblia dice? ¿Qué dijo Jesús acerca de esto?

En la noche anterior a la crucifixión de Jesús, El hizo una de las declaraciones más impresionantes de todo Su ministerio. Juan 16:7 registró aquellas palabras:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.”

¡Vislumbra lo que Jesús está diciendo! ¡Jesús dijo que es de mayor beneficio para nosotros el tener el ministerio del Espíritu Santo que lo que era tener a Jesús presente con nosotros en Su cuerpo físico!

Muchos Cristianos quedan totalmente pasmados por esto. Ellos darían todo por tener a Jesús presente en Su cuerpo físico. ¿Cómo podría algo ser mejor que el físicamente escucharlo, verlo y tocarlo a El?

Jesús sabía que Sus discípulos se impresionarían con Su declaración, de modo que la introdujo con las palabras “Yo os digo la verdad.” Tan difícil como pueda resultar comprenderlo, el ministerio del Espíritu Santo en la vida de los creyentes es mejor que el ministerio de Jesús en la tierra.

Esto no quita nada de Su ministerio en la tierra. Sin la venida de Jesús a la tierra y sin lograr todo lo que El hizo, no habría ministerio del Espíritu Santo. Todo el plan de Dios se basa en el trabajo de redención de Cristo.

Pero, una vez que Su obra fue concluida, era de hecho para nuestra ventaja el tener a Jesús de regreso con Su Padre y enviar al Espíritu Santo a tomar su lugar. Por lo tanto, no debemos menoscabar la preeminencia de Jesús, sino incrementar la importancia del ministerio del Espíritu Santo.

La mayoría de los Cristianos no se da cuenta de cuán involucrado está el Espíritu Santo en todo lo que el Señor hace. Ellos no le dan ni siquiera la suficiente importancia al Espíritu Santo y a lo que El está haciendo en la tierra hoy en día. En Génesis 1:1-2, la Biblia dice,

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra esta desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

En el principio, Dios creó todos los elementos que necesitaba para Su creación. Entonces, todo lo demás fue formado de aquello que ya había sido creado. Todos los ingredientes esenciales estaban en su sitio. Pero nada ocurrió sin el Espíritu de Dios.

Date cuenta específicamente que el Espíritu de Dios (el Espíritu Santo) se movía sobre la faz de las aguas. La palabra “se movía” fue traducida de la palabra Hebrea “rachaph.” Que literalmente significa “empollar.” Esto está describiendo la manera en que una gallina se sienta sobre sus huevos para gestarlos.

El Espíritu Santo empollaba sobre la creación esperando dar a luz cualquier cosa que Dios Padre dijera. Cuando el Señor dijo “Sea la luz” (Gen. 1:3), entonces el poder del Espíritu Santo trajo la luz a la existencia. Similarmente con todo lo que el Señor creó e hizo, fue el poder del Espíritu Santo el que trajo todo a la existencia.

Dios el Padre lo concibió. Jesús lo habló. Y el Espíritu Santo fue el poder que lo realizó. Todo lo que Dios hizo en Su creación fue logrado a través del poder del Espíritu Santo. Cuando Dios el Padre estuvo listo para enviar a Jesús a la tierra, El tomó la Palabra hablada (Jesús), y el Espíritu Santo se posó sobre María (una virgen) y ella concibió el cuerpo físico de Jesús.

Esto ilustra perfectamente la Trinidad: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Ellos son uno. De hecho, son tan uno solo que ellos no pueden operar independientemente uno del otro. Ellos son un equipo. Jesús no realizó milagros ni inició Su ministerio público sino hasta después de que El fue ungido con el Espíritu Santo.

Si Jesús no podía ni desearía operar independiente del Espíritu Santo, tampoco lo deberíamos nosotros. Nadie puede tener una vida o ministerio efectivo sin el poder del Espíritu Santo de Dios trabajando en él o en ella. Este hecho no puede ser discutido con cualquier persona que sinceramente crea que la Biblia es la Palabra de Dios. Las Escrituras están repletas con pruebas que “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, dijo el SEÑOR de los ejércitos” (Zacarías 4:6).

Entonces ¿por qué existe tanto debate sobre este asunto? La triste verdad es que la negación del ministerio y el poder el Espíritu Santo es una teología conveniente. Creer que los milagros y los dones del Espíritu Santo no operan hoy día justifica una vivir sin poder. Si fuera cierto que el Espíritu Santo todavía está dispuesto a moverse como en los tiempos bíblicos (y es cierto) entonces no hay excusa para vivir vidas tan alejadas de la victoria reflejada en la Palabra de Dios.

La principal razón por la que la gente se resiste al ministerio del Espíritu Santo es porque expone la carencia de poder en sus vidas. Y una vez expuesto, demanda un cambio. En un intento para evitar la responsabilidad del cambio, ellos cambian las Escrituras en lugar de así mismos. Por supuesto que no es patente, pero si hay una predisposición contra el ministerio del Espíritu Santo, de tal forma que la Escritura es tergiversada para apoyar sus puntos de vista.

Ahora es políticamente correcto decir que los alcohólicos no son responsables de sus acciones, que la depresión es un desequilibrio químico y que la homosexualidad es genética. Incluso hemos tenido demandas legales donde la gente con sobrepeso demanda a las cadenas de comida rápida a causa de su obesidad. Nadie quiere admitir que sus vidas son el resultado de sus elecciones y sus acciones. Es más atractivo pensar que alguien más es culpable por sus vidas desastrosas. Tristemente, la carencia de responsabilidad personal en nuestra sociedad se ha arrastrado hacia las actitudes de la iglesia.

Pero, el máximo intento para evadir la responsabilidad es cuando culpamos a Dios. Esto es desde el principio, desde Adán cuando el dijo, “Es esa mujer que TU me diste” (Gen. 3). El le pasó “el balón” a la mujer y en última instancia culpo a Dios. Pero el juicio de Dios muestra que El consideró a Adán responsable de sus propias acciones.

Otro grupo de Cristianos voluntariamente aceptan un ministerio limitado del Espíritu Santo como su confortador y consolador, pero ellos todavía niegan Su poder milagroso. Eso es conveniente, los beneficios sin la responsabilidad. Estos son quienes también usualmente creen que no hay una segunda experiencia con el Espíritu Santo más allá de la de nacer de nuevo. Ellos pueden ser sinceros en sus creencias, pero ellos están sinceramente mal.

En la Escritura hay muchos ejemplos claros donde un encuentro milagroso con el Espíritu Santo posibilitó a los creyentes a vivir vidas sobrenaturales. Jesús enseño acerca de dos experiencias separadas en la vida del creyente.

En Juan 20:28, Tomás confiesa a Jesús como su Dios y Señor. Eso lo hizo “salvo” de acuerdo con Romanos 10:9-10. Inclusive, el Señor le dijo a Tomás y a todos los discípulos que permanecieran en Jerusalén y no se fueran hasta que no hubieran recibido el poder del Espíritu Santo (Hechos 1:4). La razón por la que Jesús les dijo que esperaran el bautismo del Espíritu Santo fue porque ellos todavía no lo tenían. Mira lo que le ocurrió a los discípulos una vez que recibieron ese poder. Eran hombres cambiados.

Jesús lo dijo de esta manera en Hechos 1:8,

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos en Jerusalén en Judea, en Samaria y hasta lo más recóndito de la tierra.”

Luego del Día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos de Jesús, ellos eran poderosos. Ellos enfrentaron sin temor la persecución y la muerte. ¿Qué hizo la diferencia? En las propias palabras de Jesús, fue el bautismo del Espíritu Santo.

En Hechos 8, Felipe predicaba a los Samaritanos y la ciudad entera creyó en Jesús y fue bautizada en agua. Ellos fueron salvados. Pero Hechos 8:15-16 dice,

“Los cuales [los apóstoles] habiendo venido, oraron por ellos [los Samaritanos], para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.” (los corchetes son míos).

Este es un ejemplo muy claro de gente naciendo de nuevo pero todavía necesitando recibir al Espíritu Santo. Esto también puede testificarse en Hechos 19. Pablo encontró discípulos que no habían sido bautizados en el Espíritu Santo. El oró por ellos y ellos hablaron lenguas.

Lléname del Espíritu ¡pero no de lenguas!

Hay otros creyentes que reconocen una segunda experiencia con el Espíritu Santo que libera el poder, pero ellos rechazan la parte de hablar en lenguas, o al menos dicen que no es para todos. Pero el bautismo del Espíritu Santo semeja a un par de zapatos tenis: Siempre vienen con lenguas. (nota del trad. La lengüeta que tiene ese calzado al frente)

Yo creo que es posible tener el bautismo del Espíritu Santo y no hablar en lenguas, pero ¿por qué no lo querrías? Si estás temeroso, ¡no lo estés! No hay ninguna razón para tener miedo, tu tienes control total. Yo no estoy hablando en lenguas mientras escribo esto, porque depende de mí decidir cuándo hablar en lenguas. Lo mismo es para ti. Tu podrás controlar cuando hablar en lenguas.

A la mejor hay algo más que te esté deteniendo. Sé por experiencia que la persona que no tiene una comprensión correcta de este don lo puede suprimir. Yo lo hice. En mi caso, una denominación me infundió tal miedo que yo temía obtener algo del demonio. No fue sino hasta después cuando aprendí que el Señor no permitiría que eso ocurriera. (Lucas 11:13).

Ya sea que tu no estés seguro o que simplemente tengas un problema con recibirlo, mi enseñanza intitulada El Espíritu Santo te responderá las preguntas y te liberará para recibir este poderoso don. Mi vida cambió por complete cuando yo recibí al Espíritu Santo. Si no fuera por ello, tu nunca habrías escuchado acerca de mí.

Aquí hay un poco de mi historia personal, que puede ayudarte. En 1957 cuando tenía ocho años, nací de nuevo. Yo amé y serví a Dios hasta cierto grado, pero era básicamente carente de poder. Oré durante seis meses para que mi Papá sanara, pero el murió cuando yo apenas tenía doce años. De joven yo era introvertido y tan tímido que yo no podía ver a las personas a la cara cuando les estaba hablando.

En los términos de resultados visibles, no había ninguna diferencia entre un incrédulo y yo. Yo podría haber sido arrestado por ser Cristiano, pero no hubiera habido evidencia suficiente para condenarme.

Entonces el 23 de marzo de 1968, yo recibí el bautismo del Espíritu Santo. Mi vida instantáneamente fue transformada. Antes del bautismo del Espíritu Santo, yo vivía en el miedo y después yo era valiente como un león (Prov. 28:1). Mi amor por el Señor se fue hasta el techo. Yo ya no vivía más, sino que era Cristo el que vivía a través de mí.

Mi vida no era perfecta en aquel entonces y tampoco lo es ahora. Pero recibir el bautismo del Espíritu Santo abrió una total y nueva relación dinámica con el Señor. Tu nunca hubieras oído de mí si yo no hubiera recibido el segundo acto del Espíritu Santo, que la Biblia llama el bautismo del Espíritu Santo. Es mi deseo ver que tu experimentes el mismo poder del Espíritu Santo y los dones que vienen con el.

Mi enseñanza, El Espíritu Santo, está ahora disponible en formato de libro, así como en un CD o en un álbum de audio cintas. Es el mismo material que le doy a aquellos que reciben el bautismo del Espíritu Santo en nuestros Seminarios de la Verdad del Evangelio. Los lleva de la “A” a la “Z” en la doctrina de esta experiencia y comparte pasos muy prácticos de cómo recibir el don de lenguas. Cientos de personas que tenían problemas de hablar en lenguas fueron capaces de recibirlo después de leer el libro o de escuchar esta enseñanza. Tu conoces personas que no han recibido el bautismo del Espíritu Santo y esta enseñanza podría cambiar sus vidas para siempre.

Andrew Wommack

Cómo Vencer la Duda

"Cómo Vencer La Duda"
escrito por Andrew Wommack


Nadie es inmune a la duda. Nos puede ocurrir y nos ocurre a todos nosotros. Lo único que tienes que saber es como tratarla cuando llega. Incluso los más grandes hombres y mujeres de Dios que están registrados en la Biblia tuvieron que lidiar con la duda. Jesús dijo de Juan el Bautista,

"De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista " (Mateo 11:11).

Eso significa que a los ojos de Jesús Juan era mucho mayor que Abraham, José, Moisés, David o cualquier personaje del Antiguo Testamento que puedas mencionar. Sin embargo Juan dudo sobre la cosa más importante de todas al cuestionar si Jesús era realmente el Cristo.

Juan el Bautista había sido apresado por criticar a Herodes por casarse con la esposa de su hermano, una relación incestuosa. Estuvo ahí un tiempo entre seis meses y dos años y se descorazonó tanto que le pidió a sus discípulos que fueran a Jesús y le preguntaran si El realmente era el Cristo. Es fácil leer y no pensar mucho sobre esto, pero la verdad es que no había otra cosa más que incredulidad de parte de Juan el Bautista.

Piensa en quién era Juan. Fue apartado para Dios y llenado con el Espíritu Santo mientras todavía estaba en el vientre de su madre. Ni siquiera Jesús fue llenado con el Espíritu Santo desde el vientre. Se cree que vivía cercano al Mar Muerto en el desierto con los Esenios, los escribanos de los Rollos del Mar Muerto. Ellos eran gente que era superlegalista que dogmáticamente practicaron muchos rituales renuncia y negación del ser. Definitivamente no vivió lo que pudiéramos llamar una vida fácil. Juan fue separado y concentrado en su objetivo.

Toda su vida fue dedicada a preparar el camino para el Cristo. El dedicó treinta años preparándose para un ministerio que duraría sólo seis cortos meses. Juan es quien vio a Jesús y dijo, "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” "(Juan 1:29). La unción en su vida tuvo que ser excepcionalmente poderosa porque su ministerio desafió la lógica. Miles de personas de muchas naciones llegaban a la mitad de la nada para escuchar a este hombre predicar. “ Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se acerca”. Y Dios le había revelado que a través de un signo visible del cielo el sabría quien era el Cristo. El vería el Espíritu de Dios descendiendo sobre el Mesías en la forma física de una paloma. Eso ocurrió cuando Juan bautizó a Jesús en el Río Jordán.

En aquel tiempo, Juan estaba absolutamente seguro de que Jesús era el Cristo. Tenía cero dudas. Estaba tan firme en ello que dijo

"Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” en Juan 1:34. En Lucas 3:16 el dijo, "Pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado.” Y en Juan 3:30 el dijo, "Es necesario que el crezca, pero que yo mengüe.”

No obstante, luego de ser aprisionado por un periodo de tiempo, el empezó a dudar. Esto dice muchas cosas, pero una importante es el hecho de que cualquiera puede dudar. ¿Cómo respondió Jesús a la duda de Juan? Bueno, El ciertamente no respondió en la forma que la mayoría de nosotros lo haría. El le dijo a los discípulos de Juan que regresaran y le contaran los milagros que habían visto y que Juan sería bendecido si él solamente creyera. Eso es. Jesús no trató de hacer sentir mejor a Juan al dejarle saber que El comprendía su dolor o al hacer algunos comentarios corteses. Jesús se reservó esos comentarios hasta que los discípulos de Juan se fueron. (Lucas 7:24-28).

Eso me intrigó por muchos años. ¿Por qué Jesús no dijo estos cosas sobre Juan el Bautista cuando estaban los discípulos de Juan de modo que ellos le pudieran llevar a el esa palabra? Me parece que eso hubiera ayudado más a Juan en lugar de decirle que mirara a los milagros y que sería bendecido si el creyera.

Años después de que tuviera estas interrogantes por primera vez, estaba leyendo Isaías 35 cuando me atravesó un pasaje que decía,

"Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto y torrentes en la soledad” (Is. 35:5-6).

Repentinamente me sacudió el saber que esta era exactamente la respuesta que Jesús le dio a los mensajeros de Juan. Mira lo que Jesús dijo en Mateo 11:4-6:

"Respondiendo Jesús, les dijo: Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio, y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mi."

Jesús realizó todos los Milagros que Isaías profetizó que El haría, y sólo por Buena medida hizo la curación de un leproso y el levantar a alguien de la muerte. Lo que Jesús hizo fue el completar perfectamente la profecía sobre Sí Mismo y entonces refirió a Juan el Bautista de regreso a esa palabra. Jesús le recordó a Juan las escrituras para lidiar con sus dudas. Este es el método de Jesús para lidiar con nuestras dudas.

Muchos de nosotros tenemos Biblias que yacen por ahí almacenando polvo. Algunos de nosotros incluso cargamos una. Pero cuando estamos batallando con la incredulidad, nosotros no queremos una escritura, nosotros queremos algo tangible, algo emocional que podamos sentir. Preferiríamos que Jesús sólo pusiera Su brazo alrededor de nosotros y nos dijera algo acerca de cómo todo va a estar bien. Eso nos haría sentir mejor. Pero vencer la duda no tiene que ver sólo con sentirse mejor, tiene que ver con regresar a la fe que sólo viene de la Palabra de Dios (Rom. 10:17).

Jesús envió la Palabra de regreso con los discípulos de Juan. El sabía que esto removería el espíritu de Juan para vencer la duda. Pedro comprendió esto acerca de la fe cuando escribió sobre ello en 2 Pedro 1:12-15, que dice,

"Por esto, yo no dejaré de recordaos siempre estas cosas, aunque vosotros las sepias, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en el cuerpo, el despertaos con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podais en todo momento tener memoria de estas cosas."

Pedro esta declarando lo importante que era que sus palabras fueran recibidas, como lo fueron, en verdad, la Palabra de Dios (1 Ts. 2:13). Para probar a ellos que estas no eran fábulas que había inventado, Pedro se refiere al tiempo en que ellos estaban con Jesús en la montaña. Ellos vieron a Jesús brillar como el fulgor del sol. La nube de gloria de Dios los cubrió y ellos oyeron una voz audible del cielo que decía “Este es mi Hijo amado: escúchenlo” (Marcos 9:7). Ellos también vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús. ¡Esto es muy impresionante!

Pero Pedro prosiguió diciendo en la 2 Pedro 1:19, "Tenemos también la palabra profética más segura." ¿Qué podría posiblemente ser más seguro que todos estos signos sobrenaturales? Pedro da respuesta a ello en el siente verso cuando el habla acerca de las Escrituras (2 Pedro 1:20). Las Escrituras son más seguras y más constructoras de fe y destructoras de la duda que el ver a Jesús transfigurado o el escuchar una voz audible del cielo. ¡Aleluya!

La única manera segura de vencer la duda es el poner tu fe en la Palabra de Dios y depender de ella más que en la palabra de profecía. No permitas que tus cinco sentidos dominen tu pensamiento. Deber venir a un lugar donde la Palabra de Dios es más real para ti que cualquier cosa que puedas ver, saborear, escuchar, oler o sentir. Cuando estás en duda, refiérete de regreso a la Palabra de Dios tal como Jesús la dijo a Juan el Bautista que lo hiciera. La fe viene por el escuchar y el escuchar por la Palabra.

Sólo hay dos ocasiones registradas en la Biblia cuando Jesús se maravillara por algo. Una vez se maravillo por lo grande que era la incredulidad de la gente (Marcos 6:6), y en Mateo 8:10 El se maravilló por la inmensa fe del soldado Gentil. Una fe que hiciera que Jesús se maravillara es digna de examinarse. ¿Qué era diferente en ella? La diferencia número uno fue lo que el centurión dijo

"Solamente di la palabra y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad y tengo bajo mis órdenes soldados y digo a éste: Ve y va, y al otro: Ven y viene, y a mi siervo: Haz esto y lo hace." (Mateo 8:8-9)

El centurión tuvo una fe que estaba puesta en la Palabra de Dios solamente. El no necesitaba que Jesús fuera a su casa y que saludara con Su mano sobre el criado enfermo. Si Jesús sólo le diera una palabra, eso es todo lo que él necesitaba.

En contraste con la fe del centurión está la poca fe de Tomás, quien era uno de los doce discípulos de Jesús. La primera vez que Cristo resucitado apareció a Sus discípulos, Tomás no estaba presente. Los otros diez discípulos le contaron a Tomás que Jesús había resucitado, pero no fue sino hasta ocho días más tarde antes de que Jesús se apareciera a Sus discípulos en presencia de Tomás.

"El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos y metiere mi dedo en el lugar de los clavos y metiere mi mano en su costado, no creeré." (Juan 20:25)

Jesús caminó hacia Tomás y le dijo que pusiera su dedo en la huella de los clavos y metiera su mano en el costado de Jesús y que no fuera incrédulo sino creyente. Tomás cayó de rodillas y confesó que Jesús era Dios y su Señor.

"Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron." (Juan 20:29)

Jesús dio una bendición mayor a aquellos que creyeron sin haber visto que en aquellos que creyeron por haber visto. En otras palabras, hay una unción más grande en creer la Palabra que en creer de señales y maravillas. No me malinterpretes. Yo creo en señales y maravillas. Jesús las usaba como una campana para llamar a la gente hacia Sí Mismo y así también nosotros. Pero la mayor y más segura palabra de profecía es la Palabra de Dios escrita. Hay una bendición mayor en solamente creer la Palabra de Dios que la bendición que hay en creer por circunstancias sobrenaturales. Aquellos que están buscando circunstancias para confirmar su fe fallarán cuando las más arduas batallas de incredulidad vengan. Necesitamos tener nuestra fe tan enraizada en la Palabra de Dios solamente que podamos soportar un huracán.

La razón por la que Jesús no intentó tratar hacer sentir mejor a Juan con unas pocas palabras amables, con un toque emocional, no fue porque a Jesús no le importara. Le importaba tanto Juan que El le dió lo mejor de Si - la Palabra de Dios escrita. Así es la forma como Jesús lidiaba con sus Propias tentaciones (Mateo 4) y ese era y sigue siendo el mejor modo de Dios para que nosotros lidiemos con nuestras tentaciones para no creer.

Quizá exista una razón por la que el Señor no haya usado un toque emocional para alejarte de la incredulidad. Tal vez es porque El te ama tanto que El está tratando de ayudarte a operar en más alta forma de fe - la fe que lo toma a El en Su Palabra. Si el menor de los santos de hoy día es mayor que lo que fue en aquel entonces Juan Bautista (Mateo 11:11) seguramente el Señor quiere que nosotros operemos al menos en el mismo nivel en el que El lidió con la incredulidad de Juan.

Andrew Wommack