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lunes, 15 de marzo de 2010

Controlando Tus Emociones

Controlando Tus Emociones
Por Andrew Wommack


La Biblia nos enseña que nuestros pensamientos son el factor determinante que controla nuestras acciones. Proverbios 23:7 dice: “Porque tal como es su pensamiento en su corazón, así es el.” Romanos 8:6 dice, “Porque ocuparse de la carne es muerte, pero ocuparse del espíritu es vida y paz”. Identifica que la mente carnal no solamente tiende hacia la muerte –¡es la muerte!

Nadie puede consistentemente desempeñarse diferente de cómo piensa, por ende no podemos cambiar nuestras acciones sin cambiar nuestro pensar. No es sólo lo que pensamos lo que tenemos que cambiar, sino también nuestro proceso de pensamiento. Nuestras emociones están vinculadas directamente a la manera como pensamos.

Todas las personas tienen internamente una percepción o una imagen de cómo son. Esta imagen no necesariamente está basada en hechos, sino en sentimientos. Una experiencia negativa puede distorsionar de por vida la percepción que una persona tiene de sí mismo.

Por ejemplo, algunas personas que son bellas pueden pensarse a sí mismas como feas o indeseables debido a las palabras bruscas que les dijeron cuando niños. Algunos de los que tienen grandes éxitos todavía se ven a sí mismos como fracasos, lo que se convierte en una profecía auto cumplida.

Hasta cierto grado, la psicología ha diagnosticado este problema correctamente. Los psicólogos usan terminología tal como “autoestima” o “identidad” cuando se relacionen con estas verdades; sin embargo, la sabiduría secular de hoy es completamente inadecuada para ayudar a una persona a que cambie su auto imagen interior.

En primer lugar, la mayoría de la gente tiende a culpar a alguien más de su mala auto estima o mala autoimagen. Se ha vuelto tan popular el culpar a otros de todo lo negativo que ocurre en nuestras vidas. La gente generalmente dice “Provengo de una familia disfuncional.” “Mis problemas vinieron dado de que soy parte de una minoría,” “Es esa mujer que tú me diste” (Gen.3:12). ¡Otras personas no son nuestro problema!

Todos nosotros hemos tenido experiencias negativas. La opción es nuestra si nos queremos convertir en amargos o amados como resultado de ellas. Por cada persona que adjudica algún comportamiento disfuncional a una experiencia traumática en su vida, hay otros a quienes les ocurrieron cosas similares o peores y sin embargo ellos se sobrepusieron a sus circunstancias. ¿Por qué? Porque los problemas no dictaminan el fracaso, nosotros tenemos una opción.

Deuteronomio 30:19 dice, “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.” Dios Todopoderoso nos dio la opción. Dios no hace la elección por nosotros y Satanás no puede tomarla por nosotros. Nosotros tenemos el privilegio y la responsabilidad de elegir bendición o maldición.

Echar la culpa a otros es negar el verdadero problema, impidiéndonos encontrar una solución. Si otras personas son mi problema, estoy en problemas porque Dios no me dio la habilidad de controlar a los demás. El diablo siempre va a enviar a alguien que se cruce en el camino y que sepa cómo detonarme el botón.

Si el problema está dentro de mí, entonces hay esperanza porque a través de Cristo, yo puedo cambiar. Esto es libertad. Independientemente de lo que otras personas hagan, yo puedo prosperar a través de Cristo.

Luego de que la psicología intenta colocar la culpa de tus problemas en alguien más, ellos tratan de sostener tu autoestima mediante haciendo que pongas foco a las cosas positivas dentro de ti y minimizando los atributos negativos. Eso no es lo que la Biblia enseña. Jesús dijo “Porque separados de mi nada podéis hacer” (Juan 15:5)

“ Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Marcos 8:34). Pablo dijo, “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para confundir a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para confundir a las cosas poderosas; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”(1a Cor. 1:27-28).

La Biblia enseña que debe haber un fin para la autoestima antes que el verdadero servicio pueda empezar. Los Cristianos no debiesen probar y almacenar los débiles atributos positivos de sus personalidades. Eso es como tratar de detener el sangrado de un brazo amputado con una Bandita, eso no funcionará mucho tiempo.

Independientemente de lo exitosos o talentosos que seamos por nosotros mismos, eventualmente fallaremos. Aun si nada ocurre, algún día nos hacemos viejos y no seremos tan productivos como antes. Si nuestra autoestima está enraizada en nuestros logros, entonces ultimadamente fallará. Toda la seguridad que hemos fundado en nosotros mismos entonces se desmoronará a nuestro alrededor.

Los Cristianos debieran tener Cristo-estima. Tal y como el Apóstol Pablo dijo, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal.2:20).

El secreto para una vida Cristina victoriosa no se base la auto mejora, sino en la auto-renuncia de tal forma que Cristo pueda vivir a través de nosotros.

Esto no significa que Dios quiera que tengamos una mala imagen de nosotros mismos. Sólo depende de cuál “si mismo” estemos hablando. Lo ves, cada creyente nacido de nuevo se ha vuelto una nueva persona en Cristo (2 Cor. 5:17). (Efe. 4:22-24).

El viejo hombre es corrupto y en su mejor forma es incapaz de vivir la vida Cristiana. Este es el “si mismo” del que la mayoría de la gente quieren parchar y sentirse bien con él. ¡Ríndete! Tenemos que tener tiempo para morir a la vida de este viejo si mismo con todo lo bueno y lo malo; y encontrar una nueva identidad en Cristo.

¡El nuevo hombre es exactamente como Jesús es (1ª. Cor. 6:17)! Así es. Somos una totalmente nueva persona en Cristo. Tenemos todo lo que Jesús tiene, en nuestros espíritus (1ª. Juan 4:17). Tenemos una identidad totalmente nueva en Cristo. Entonces ¿por qué querríamos arreglar el viejo mi mismo en lugar de simplemente vivir el nuestro nuevo ser”.

Si nosotros permitimos que el nuevo hombre nos domine, caminaremos en poder y victoria en toda área de nuestras vidas.

¿Cómo puedes distinguir si tus pensamientos y emociones provienen del nuevo ser nacido de nuevo, o del viejo ser carnal? La Palabra de Dios es la clave. Jesús dice en Juan 6:63, “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida." Cualquier pensamiento o emoción que concuerda con lo que la Palabra de Dios dice acerca de ti proviene del hombre nuevo. Cualquier pensamiento o emoción que viola la Palabra de Dios es de tu viejo ser o del diablo.

Si estás enojado con alguien, estás en la carne (el viejo ser). Sólo arrepiéntete y regresa al ser espiritual ( el hombre nuevo) donde tienes amor, gozo y paz (Gál. 5:22). Si tienes miedo, estás en la carne “porque Dios no nos ha dado el espíritu de miedo, sino el del poder y el del amor, y el del sonido de una mente” (2ª. Tim 1:7). En lugar de ir a Dios y pedirle que El remueva el miedo, simplemente salte del ser carnal e intérnate en el espíritu donde no hay miedo (1ª Juan 4:18).

Esto es tan simple que necesitarías que alguien te ayudara a no comprenderlo. El problema es que hemos tenido mucha ayuda para no comprender estas simples verdades bíblicas, pero nosotros tenemos una solución.

Andrew Wommack

martes, 17 de junio de 2008

La Fe de Dios

La Fe De Dios
escrito por Andrew Wommack


Sin fe es imposible complacer a Dios (Heb. 11:6), entonces nuestra relación con el Señor depende de ella. La fe es la que nos trae al ámbito físico las cosas que Dios nos ha provisto en el ámbito espiritual (Heb. 11:1). Nuestra fe es la victoria que nos permite vencer al mundo (1 Juan 5:4). Todo lo que el Señor hace por nosotros es alcanzado a través de la fe.


Hoy sin embargo hay mucha confusión acerca de la fe, igual que siempre la ha habido. Es como tener una computadora y conocer su potencial pero no tener ni idea de cómo utilizarla. Muchos de nosotros sabemos lo frustrante que esto es. La Biblia es nuestro manual con instrucciones detalladas, pero igual que en lo natural, pocas personas se toman tiempo para estudiarla realmente. Ellos están tan impacientes y lo quieren hacer por sí mismos. Ellos alcanzarán un cierto grado de éxito, pero para ser realmente proficientes, ellos tienen que leer el libro.


Una de las áreas acerca de la fe con la que la gente tiene más problema es el concepto de que tenemos que adquirir más fe y que algunas personas tienen mucha fe, mientras que otros tienen virtualmente no tienen ninguna. Gastamos mucho esfuerzo, como un perro persiguiendo su cola, en tratar de obtener algo que ya tenemos. Cada Cristiano nacido de nuevo tiene la misma cantidad y calidad de fe que Jesús tuvo. ¡Eso es asombroso!


En Efesios 2:8, Pablo dice,
"Por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios" Es la gracia de Dios la que nos salva, pero no Su gracia sola. Si esto fuera así, entonces todos serían salvados porque la gracia de Dios ha venido a todos los hombres (Tito 2:11).


Tenemos que poner la fe en la gracia de Dios, pero la fe que usamos no es nuestra propia fue humana. Este versículo está diciendo que la fe es el regalo de Dios.


Hay una fe humana que es inherente a todo ser humano y hay una fe sobrenatural de Dios que sólo viene a aquellos que reciben las buenas nuevas.


La fe humana sólo puede creer en lo que ve, prueba, huele, oye o siente y está limitada a los cinco sentidos. Usando la fe humana natural, nosotros no podemos sentar en una silla en la que nunca nos hemos sentado y creer que nos sostendrá. Volamos en aviones y no sabemos plenamente cómo funcionan, no conocemos al piloto, pero nosotros confiamos que todo saldrá bien. Se requiere fe humana, que Dios ya le dio a cada persona.


¿Y qué sería si yo te pidiera que te sentaras en una silla que no puedes ver? O ¿qué sería si la silla no tuviera una pata y se estuviera deshaciendo? Tu no te sentarías en una silla como esa con tu fe humana. ¿Volarías en un avión si tu pudieras ver que el motor se estaba cayendo o que los neumáticos estaban desinflados? Tus sentidos te lo prohibirían.


Sin embargo, en lo que respecta a Dios tenemos que creer en las cosas que no podemos ver. Tu no has visto a Dios o al diablo. Tu no has visto el cielo o el infierno. Tu no has visto el pecado; sin embargo tu no sabrías cómo te verías si tus pecados te fueran quitados. Sin embargo, tu tienes que creer en todas estas cosas para nacer de nuevo. ¿Cómo puedes creer en cosas que no puedes ver? La respuesta es que no puedes creer en las cosas invisibles con la fe humana. Tu necesitas la fe sobrenatural de Dios.


Romanos 4:17 dice, "Dios ... llama a las cosas que no son como si fuesen." La fe de Dios va más allá de la visión. La fe de Dios opera sobrenaturalmente, más allá de las limitaciones de nuestra fe natural.


El contexto de este versículo de Romanos habla de cómo sobrenaturalmente Dios bendijo a Abram y a Sarai con un hijo en su vejez. Abram tenía 100 años y Sarai 91 cuando nació Isaac. El año anterior al nacimiento de Isaac, cuando Abraham todavía no tenía un hijo con su esposa, Dios les dijo que el niño vendría y le cambió el nombre de Abram a Abraham y de Sarai a Sara. Abram significaba “alto padre”, pero Abraham significa “ser populoso, padre de una multitud.” Dios cambió el nombre de Abram y lo llamo padre de una multitud antes de que esto ocurriera. Romanos 4:17 explica esta acción diciendo que "Dios llama las cosas que no son como si fuesen."


Cuando Dios creó el universo, Génesis 1:3 nos dice que El creó la luz en el primer día pero no creó el sol, luna y las estrellas sino hasta el cuarto día de la creación (Gen. 1:14-19). El Señor llamó a la luz primero y cuatro días después creó una fuente para que la luz proviniera de ella. Esa no es la forma natural en la que el hombre hace las cosas. Nosotros somos limitados, pero Dios llama cosas que no están como si lo estuvieran. Eso es sobrenatural.


Ese es el tipo de fe que tenemos que usar para recibir la salvación. Tenemos que creer en Dios, a quien no hemos visto, y creer que nuestros pecados son perdonados, cosa que no podemos probar por ningún medio natural. Se requiere la fe sobrenatural de Dios para recibir la salvación. ¿De dónde la obtenemos? La obtenemos de la Palabra de Dios.


Romanos 10:17 dice, "Así que la ve viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios." Nosotros tenemos acceso a la fe de Dios a través de Su Palabra.


Cuando nosotros escuchamos la Palabra de Dios, el Espíritu Santo la empodera, y si nosotros recibimos la verdad, la fe sobrenatural de Dios entra en nosotros. Éramos tan indigentes que nosotros no podíamos siquiera creer las buenas noticias por nosotros mismos. Dios tuvo que hacer Su tipo de fe disponible para nosotros para que pudiésemos creer en El y recibir Su salvación. Fuimos salvados al usar la fe sobrenatural de Dios para recibir Su gracia.


Una vez que recibimos la fe sobrenatural de Dios en la salvación, no nos deja.
Gálatas 5:22-23 dice, "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, FE, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley " (énfasis mío). La fe se vuelve una parte permanente en nuestros espíritus vueltos a nacer. Alguna veces usamos la fe de Dios que está presente en nuestros espíritus y otras veces no. La verdad es que, la fe de Dios siempre está presente. No hay falta de fe en ningún Cristiano verdadero. Sólo hay una falta de saber y utilizar lo que Dios ya nos ha dado.


Romanos 12:3 dice, "Conforme a LA medida de fe que Dios repartió a cada uno " (énfasis mío). Dios no nos dio distintas medidas de fe; todos recibimos LA medida de fe. Si yo estuviera sirviendo sopa a muchas personas, y usara el mismo cucharón para servir, entonces ese cucharón sería LA medida. Todos tendrían la misma cantidad de sopa porque yo usaría la misma medida. Así es con la fe de Dios. El solamente uso una medida. Todos los Cristianos nacidos de nuevo recibieron la misma cantidad de fe.


Eso es lo que el Apóstol Pedro dijo en la 2da. de Pedro 1:1; "Simón Pedro, un siervo y un apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra." La palabra Griega que fue traducida "igualmente preciosa" en este versículo es "isotimos," que significa "de igual valor u honor." Tenemos la misma fe que Pedro usó para levantar de la muerte a Dorcas (Hechos 9:36-42) y cuando él hizo que las gentes fueran plenas por simplemente tocarlos con su sombra (Hechos 5:15).


Nosotros también tenemos la misma fe que Pablo tuvo. Pablo dijo en Gálatas 2:20, "Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí. " Pablo no dijo que él vivió por fe EN el Hijo de Dios sino por la fe DEL Hijo de Dios. La medida de fe que Pablo tuvo fue la misma medida que Jesús tuvo. Fue la fe de Jesús. Hay solamente una medida de fe (Rom. 12:3), por ende nosotros tenemos también la fe de Jesús.


Tenemos la misma cantidad y calidad de fe que Jesús tiene, por lo tanto podemos hacer las mismas obras que hizo Jesús, si recibimos esta verdad y empezamos a usar lo que tenemos (Juan 14:12).
Dado que muchos Cristianos no han entendido esto, ellos han gastado su tiempo pidiendo por fe y más fe. ¿Cómo Dios va a responder una oración como esa?


Si yo te doy mi Biblia y entonces tu te volteas y me pides otra vez mi Biblia ¿qué puedo hacer? Probablemente me quede parado ahí en silencio tratando de entender que es lo que te falla.
Esa es la razón por la que no hay respuesta cuando le imploramos a Dios por más fe. Nosotros ya tenemos la misma fe que Jesús tiene.


Nuestro Señor dijo que El nunca había visto una fe más grande que la que manifestó el centurión (Mateo 8:10), y también El habló de la poca fe de Sus discípulos (Mateo 8:26), pero El estaba hablando de cuánta fe El vio. Ninguno de nosotros usa toda la fe que nos ha sido dada.


En ese sentido, algunos de nosotros si tienen más fe que otros, pero técnicamente es la mayor fe la que está exhibiéndose no la que esté funcionando.
A todos se nos dio LA medida de fe.


Esta es una verdad mayor que cambiará tu actitud por completo y los resultados que tu fe produce. Mucha gente no duda que la fe funciona. Ellos sólo dudan en que ellos tengan suficiente fe para que se realice la obra. Si Satanás te cegara a esta verdad, entonces él podría evitar que tú uses la fe que tienes. Comprender esta verdad va a cambiar las cosas radicalmente.


Filemón 1:6 dice, "
Para que la participación de tu fe sea eficaz en el reconocimiento de todo el bien que está en vosotros en Cristo Jesús." Advierte que Pablo no está orando para que Filemón obtenga algo más del Señor. El está orando para que su fe empiece a trabajar conforme él reconoció que ya lo había hecho. La palabra “reconocer” significa "admitir, tener conocimiento o hacer acuse de recibo de." Tú sólo puedes reconocer algo que tu ya tienes. Nosotros ya tenemos la fe de Dios y ésta empezará a trabajar cuando nosotros reconozcamos esto.


Entre más sepas de la fe y cómo funciona,
mejor va a funcionar para tí. Si todo lo que supieras fuera que tienes la misma fe que Jesús tiene, eso removería la desesperanza y te motivaría. La gente eventualmente ve resultados si ellos siguen tratando, pero ellos se dan por vencidos fácilmente porque ellos creen que no tienen lo que se necesita. Eso no es cierto. El Señor nos ha dado todo lo que necesitamos, incluyendo la fe que necesitamos. Nosotros solamente necesitamos reconocer lo que tenemos y empezar a aprender las leyes que gobiernan la operación de la fe de Dios.


Andrew Wommack

Caminando por Fe

"Caminando por Fe"
escrito por Andrew Wommack


Un año en el evento anual del Charis Bible College Fin de Semana para Expandir Tu Visión, conforme yo estaba adorando al Señor, yo solo supe en mi corazón que el Señor entró al salón. No lo sentí, yo solo lo supe. Supe que El caminó al auditorio a través de las puertas frontales izquierdas y fue directo al frente en el escenario. El se paró ahí junto a mí por un momento, entonces El se dio la vuelta y descendió por el pasillo central hasta atrás del salón.

Yo sé que el Señor prometió que El siempre estaría con nosotros, de hecho, vive dentro de nosotros. Pero ahí había una manifestación tangible de Su presencia. Para ponerlo muy simple, yo creo que lo que llamamos unción es solo una manifestación de lo que ya es verdad en el ámbito espiritual. El Señor está siembre con nosotros, pero su presencia no siempre es tangiblemente manifiesta. Esta ocasión lo fue.

La presencia del Señor fue tan real, que abrí mis ojos para ver si yo podría verlo. En instantes, la gente empezó a caer de rodillas y adoraron al Señor en la misma secuencia como había sentido Su presencia caminando a través del salón. La gente se alegraba y sollozaba en voz alta. Esto era un tiempo poderoso de estar en la presencia manifiesta del Señor.

Pero aquí está la cuestión que fue tan especial para mí: Yo físicamente no pude ver o sentir nada extraordinario. No lo necesitaba. Lo supe por fe. Por el Espíritu supe lo que estaba ocurriendo antes de que abriera mis ojos y viera la confirmación del Señor moviéndose a través de la audiencia y tocando a la gente. Estaba tan satisfecho de saber estas cosas por el Espíritu como si yo hubiera sido físicamente abrumado y fijado al suelo bajo el poder del Espíritu Santo.

Conforme la reunión continuo, hubo muchas personas tocadas por la presencia manifiesta del Señor. Fue una de esas veces en que la gente quiere construir tres tabernáculos y simplemente acampar ahí. (Mateo 17:4). Aunque yo disfrutara a fondo de la experiencia entera, he llegado al lugar donde la fe cuando la presencia de Dios no está de manifiesto es tan verdadera como los tiempos especiales cuando el sentir confirma lo que la fe cree.

Aquella noche yo ministré sobre Lucas 24 donde los dos discípulos de Jesús estaban caminando hacia Emaús. Conforme caminaban por el camino, el Jesús resurrecto se les unió pero ellos no le reconocieron.

La Escritura dice,

"Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados para que no le conociesen.” (Lucas 24:15-16)

Estos eran los discípulos de Jesús y no obstante ellos no lo conocieron. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo podría ser que tu no reconocieras a una persona con la que has vivido por más de tres años? Marcos tomando en cuenta este mismo suceso nos da la respuesta. Marcos condensa todo el encuentro en un versículo y dice,

"Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo". (Marcos 16:12)

La razón por la que los discípulos de Jesús no lo reconocieran a El fue porque El estaba en otra forma. Esto no significa que El pareciera otra persona y tuviera diferentes características físicas. En ese mismo día, justo minutos después de su encuentro con los discípulos en el camino de Emaús, Jesús se apareció a sus discípulos en Jerusalén y les mostró la huella de los clavos en Sus manos y pies (Lucas 24:39). Este era el mismo Jesús que ellos conocieron íntimamente con anterioridad. Él soportaba las señales de crucifixión en Su cuerpo resucitado. Pero ellos no lo conocían porque Él estaba ya no en un cuerpo físico. Él estaba en un cuerpo espiritual, glorificado. Ellos estaban buscando con los ojos físicos que solo ven cosas físicas, y Jesús estaba en un cuerpo espiritual que sólo podría ser plenamente reconocido con la visión espiritual.

Aquí hay una verdad asombrosa: Las cosas espirituales sólo pueden ser percibidas por nuestros espíritus. Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3:6,

"Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido de Espíritu, espíritu es”.

Lo que Jesús estaba diciendo es, la carne es carne y el espíritu es espíritu. Tu no puedes percibir al espíritu a través de los sentidos carnales. Son mundos o ámbitos de la realidad totalmente diferentes.

El Apóstol Pablo hizo el mismo punto en 1 de Corintios 2:14 donde él dijo,

"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Los sentidos físicos no pueden discernir las cosas espirituales. Esto no está hablando solamente de comprender las verdades espirituales con nuestras mentes; esto también aplica a ver realidades espirituales con nuestros ojos o sentir cosas espirituales con nuestras emociones. Por supuesto que hay excepciones donde Dios abrió los ojos físicos para posibilitar que la gente vea ángeles e incluso el cielo, pero normalmente la única manera de acceder al ámbito espiritual es a través de nuestros espíritus por fe.

Aunque los tiempos especiales de la presencia manifiesta del Señor ocurren realmente cuando podemos sentir en el natural lo que es siempre verdadero en el espiritual, esta es la excepción en vez de la regla. No debemos estar más emocionados cuando sentimos algo que cuando estamos simplemente caminando en las promesas de Dios por fe. ¡Esta es una declaración radical!

El Señor empezó a enseñarme esto en mi temprano caminar con El. El 23 de marzo de 1968, el Señor se me manifestó en una forma tangible. Por cuatro meses, yo estaba físicamente consciente del amor y la presencia del Señor conmigo de un modo que virtualmente no requería fe. Yo lo podia sentir. Era impresionante. Pero cuando la sensación física se fue. Luego de un corto tiempo, yo fui reclutado y me encontré en Vietnam. La ausencia del compañerismo cristiano y todo a lo que estaba acostumbrado agudizó mi desesperación por el amor y la presencia del Señor. Yo podría decir sinceramente que yo estaba desesperado por Dios en el peor sentido de la palabra.

Entonces un día me desperté y sentí como si Dios se hubiera ido totalmente. No tenía ninguna sensación de Su presencia. La desesperanza y el miedo me invadieron como nunca en mi vida. Recuerdo que alguien entró a mi guarida y lo escondí bajo un altero de ropa. Estaba tan asustado que no podía enfrentar a nadie. Me sentí exactamente como en Efesios 2:12 que dice, "En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo."

Sentí como si Dios hubiera muerto o por lo menos me hubiera abandonado. Por tres días hice todo lo que sabía para tratar y recobrar la presencia de Dios. Ayuné, oré y estudié la Palabra constantemente. Nada parecía hacer ninguna diferencia. Entonces en la mañana del tercer día, me desperté y me encontré a mi mismo arrodillado al lado de mi lecho orando. Nada especial estaba ocurriendo, pero la simple presencia del Señor estaba de regreso. O quizá era simplemente que el miedo y la desesperanza se habían ido. Lo que fuera que fuese, yo tenía mi paz normal de regreso.

Sé que de acuerdo a las Escrituras que el Señor nunca nos deja ni abandona, entonces creo que era sólo mi percepción de que el Señor me había dejado. Sin embargo, esto me enseñó una lección maravillosa. Descubrí que yo había dado por sentado la paz diaria que la perdurable presencia del Señor produce. Creo que el Señor estaba cansado de que le rogara para tener una experiencia emocional especial. El quería que yo empezara a caminar por fe en lugar de sentir. De modo que El que me quitó la conciencia de Su presencia y me dejó sentir lo que seguramente se siente el infierno (la ausencia total de Dios). Esto tuvo un impacto profundo en mí.

Renuncié a mis peticiones por una epifanía y solo empecé a agradecerle a Dios por lo que tenía. Me metí en la Palabra de Dios y comencé a creer que el Señor estaba conmigo y me amaba, no a causa de lo que yo sentía, sino porque El me lo dijo en Su Palabra. Y comencé la transición de los sentimientos a la fe, de lo carnal a lo espiritual, de la inmadurez a la madurez. Esta es la forma en que yo me relacionaba con el Señor aquella noche en nuestro Fin de Semana para Expandir tu Visión del CBC. (Charis Bible College)

Percibí la presencia y el ministerio del Señor aparte de los sentimientos. Fue solo una revelación del Señor que yo acepté por fe. Cuando las manifestaciones confirmaron lo que yo sabía por fe, yo no estaba más cierto de Su presencia que lo que estuve antes de que llegara la confirmación física. Yo no dependía de alguna experiencia física. Yo tuve cada día amor, alegría y paz en las que camino, pero tuve fe que me dejó saber que que el amor y la presencia de Dios estaba conmigo en una forma infinitamente más grande que cualquier cosa que yo pudiera ver o sentir.

He tenido algunos encuentros imponentes con el Señor, e indudablemente, tendré más. Pero independientemente de lo maravillosas que son las experiencias que tu o yo tenemos con Él, son limitadas. Sólo hemos rasgado la superficie o hemos tocado la punta del iceberg del gran e imponente amor de Dios. Lo que tenemos dentro es infinitamente más poderoso y maravilloso que podemos vislumbrar y así será siempre. Tu no siempre podrás percibir la paz y la presencia de Dios contigo, pero lo está. Incluso en los tiempos cuando las circunstancias te gritan y afectan tus emociones, la gloria de Dios está ahí mismo dentro de ti, dándote amor, alegría, paz, y todos los frutos del Espíritu enlistados en Gálatas 5:22-23.

Tu no siempre vas a sentir la presencia de Dios. Esto puede impactarte o decepcionarte, pero así es. Y si tu estás creyendo poco realistamente que tendrás una manifestación constante de Su amor y su presencia, tu estás fuera del alcance de Dios y con un pie puesto para decepcionarte. Así no es El. El Señor ama trabajar en maneras sutiles que sólo son percibidas por la fe.

Mira la forma en que Jesús vino a la tierra. El no vino en un estilo grandioso. El vino humildemente, como un niño nacido de padres pobres. Su nacimiento no fue anunciado al César o al rey Herodes. Fue anunciado a humildes pastorcillos. Incluso el cuerpo físico de Jesús no era excepcional. Isaías 53:2 dice "No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiéramos estimar."

Cuando la gente miraba el cuerpo físico de Jesús, requería fe el creer que El era Dios. El no era hermoso. El era natural. El no era extraordinario. Y cuando Jesús se levantó de la muerte, El nunca se mostró a ninguna persona que no fuera uno de Sus discípulos. Podríamos pensar que El se perdió de una gran oportunidad. Miles lo habían visto crucificado solo tres días antes. Todo lo que hubiera tenido que hacer era caminar por las calles de Jerusalén o ir al salón de juicios de Pilatos y las personas se hubieran forzado a reverenciarlo arrodillados y reconocerlo como el Cristo. Pero esa no es la naturaleza de Dios. Hebreos 11:6 dice, "Pero sin fe es imposible agradar a Dios."

Nuestro Dios es un Dios de fe, y se requiere fe para complacerle. El podría hacer que un ave se posara en tu hombro y te dijera que El te ama cada minuto de cada día. El podría escribir tu nombre con instrucciones en cada nube que cruza. El podría hacer que ángeles te visitaran cada mañana y noche para afirmarte que lo que El dice en Su Palabra es verdad. Pero esa no es fe, y así no es Dios. Segunda de Corintios 5:7 dice, "porque por fe andamos, no por vista."

Nosotros no caminamos por fe sólo cuando tenemos a la vista lo que realmente deseamos. Nosotros caminamos por fe, punto. Cuando la visión llega nosotros alabamos a Dios y seguimos caminando por fe.

Las cosas que te he intentado compartir en este artículo son profundas. No todos se dan cuenta de la importancia. Pero la fe es altamente superior a los sentimientos tal como el verdadero amor lo es sobre la lujuria. En realidad no hay comparación. Sin embargo la lujuria parece ser más común y fácil de llegar que el verdadero amor. Similarmente, la dependencia en nuestros sentidos es más común entre los Cristianos que la fe. Nosotros conocemos lo que Dios dijo en Su Palabra, pero no lo sentimos y por tanto nosotros no lo creemos. Eso está mal. La fe antecede a los sentimientos y siempre triunfa sobre los sentimientos. La fe producirá sentimientos, no siempre, pero algunas veces y necesitamos disfrutarlos cuando estos sentimientos vengan. Estar controlado por los sentimientos es un GRAN obstáculo a la fe verdadera. Tenemos que ponernos al lugar donde la Palabra de Dios es prueba suficiente bastante sin la confirmación emocional.

He realizado una lección en audio de este tema desde Lucas 24, intitulado “Caminando por Fe”. En esta enseñanza comparto la experiencia del Fin de Semana para Expandir Tu Visión y mi historia de Vietnam que relaté en este artículo. Entro en mucho detalle sobre este tema y pienso que podría realmente hacer una gran diferencia en tu vida. Hay mucho más de esto que lo que pude resumir en este artículo.

Andrew Wommack

jueves, 15 de mayo de 2008

eL Amor de Dios

El Amor de Dios

escrito por Andrew Wommack


"Amados, amémonos los unos a los otros: porque el amor viene de Dios; y todo el que ama ha nacido de Dios y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” (1ª. de Juan 4:7-8)


Muchos de nosotros pensamos que realmente comprendemos el amor de Dios, pero nuestra experiencia prueba lo contrario. Nos sentimos solos, deprimidos, desanimados y derrotados. Cada una de estas emociones negativas se convertiría en positiva con la revelación apropiada del amor de Dios por nosotros.


En lo que respecta a amar a los demás, la mayoría de nosotros admitiría que hay algunas personas que son muy difíciles de amar. Dado que nosotros no comprendemos completamente el amor de Dios hacia nosotros, fallamos en amar a los demás. No podemos dar lo que no tenemos. Si nosotros recibimos una revelación completa del amor de Dios por nosotros, se vuelve fácil amar a otros con el amor que hemos recibido.


Cuando batallamos para creer que las promesas de Dios hacia nosotros ocurrirán, eso es incredulidad; pero la raíz de esa incredulidad es una carencia de amor. Gálatas 5:6 dice que la fe funciona por el amor. Esto significa que el amor es la fuerza motora de nuestra fe. Remover o disminuir el amor, y la fe cesará de ser lo que debe ser. Muchos de nosotros intentamos arduamente creer, cuando lo que deberíamos hacer es buscar una mayor revelación del amor de Dios por nosotros. Así, la fe funcionaría naturalmente.


Unos meses después de que nos casamos Jamie y yo estábamos en una situación desesperada. Yo había renunciado a mi trabajo, creyendo que el Señor quería que yo estuviera de tiempo completo en el ministerio. El resultado fue que nosotros estábamos lastimándonos financieramente. Ya habían pasado días desde que habíamos comido. No teníamos nada más que unas cuantas Coca-Colas que un amigo nos dio y una bolsa de Fritos que habíamos estado racionando. Nuestra fe comenzaba a flaquear. Estábamos peleando con todo lo que teníamos para creer que el Señor iba a cubrir nuestras necesidades, pero nuestras circunstancias y nuestras barrigas vacías nos gritaban con incredulidad.


Una mañana, Jamie tomó nuestros últimos cincuenta centavos y nuestro auto y condujo a la lavandería para lavar. Mientras ella no estuvo, yo tuve una conversación seria con el Señor. Yo estaba llorando y diciendo: “Señor, no comprendo. Yo daría mi brazo derecho para alimentar a Jamie. Yo creo que Tu amor por nosotros es más grande que mi amor por Jamie y sin embargo tu no te estás ocupando de nosotros.” Yo permití que las circunstancias me cegaran del amor de Dios. Esa es la razón principal por la que mi fe no estaba funcionando.

El Señor me habló muy claramente en Lucas 12:32. Ese versículo dice: “No tengan miedo, mi pequeño rebaño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino.” Repentinamente, me di cuenta que mi incredulidad se debía a que había olvidado cuánto nos ama Dios. Dios se deleita en nuestra prosperidad (Salmo 35:27). El no tiene ningún placer en vernos morir de hambre. Conforme la revelación del amor de Dios me fue llenando, instantáneamente se desvanecieron todas las dudas de que nuestras necesidades serían cubiertas. Cuando Jamie regresó de la lavandería, le dije que íbamos a comer carne ese día.


Habíamos tenido Coca y Fritos de almuerzo. Nos saltamos la comida porque estábamos cansados de Fritos y Coca. En la iglesia, un amigo nos pidió que fuéramos a su departamento después del servicio. Nosotros pensamos “Quiza ellos nos van a alimentar.” Nos quedamos y platicamos por una hora, pero no hubo comida. Sin embargo, cuando nos íbamos, el hombre nos dio dos enormes filetes del pez que había pescado. También nos dio vegetales para acompañarlos. Nos apresuramos a la casa y Jamie nos preparó un banquete. Justo unos minutos antes de la media noche, comimos carne a saciedad. Al día siguiente era mi cumpleaños, y una mujer en la iglesia nos dio una gran caja de filetes de corte “porterhouse”. En cuestión de horas pasamos de sentirnos muertos de hambre con la dieta de Coca y Fritos, a tener suficientes filetes para un mes, a causa de que el amor hizo que mi fe funcionara.


Cuando nuestro amigo nos dio el pescado aquella tarde, el dijo que había enviado a su esposa a nuestro apartamento temprano en la mañana para llevarnos comida. Pero como no vio nuestro auto, ella supuso que no estábamos y por eso no se detuvo. El único momento en que el auto no estuvo fue cuando Jamie fue a lavar la ropa y que yo estaba orando en el apartamento. Nuestro abasto venía a nosotros, en el momento exacto en que recibí una nueva y fresca revelación del amor de Dios por nosotros. Nos tomó unas pocas horas verlo, pero Dios se movió instantáneamente. El quería cubrir nuestra necesidad más de lo que nosotros queríamos que El lo hiciera. Mi falta de fe en Su amor se lo impedía. Tan pronto como me abrí a Su amor, mi fe revivió y El proveyó.


Hay mucho más que sólo un conocimiento superficial de que Dios nos ama. En Efesios, capítulo 3, Pablo oró que los Efesios tuvieran una revelación mayor del amor de Dios para ellos. El dijo: “Por esta razón me arrodillo ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo (de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra), para que os de, conforme a las riquezas de su gloria, el ser por su Espíritu fortalecidos con poder en el hombre interior; que por fe habite Cristo en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:14-19).


Date cuenta que en el versículo 18 ese amor de Dios no es unidimensional. Tiene altura, profundidad, longitud y anchura. Muchos Cristianos sólo ven el amor de Dios como si estuvieran viendo una pintura, de una dimensión. Ellos no han visto nunca la realidad multidimensional del amor de Dios.


En el versículo 19, Pablo dijo que conforme nosotros experimentamos (vivenciamos) el amor de Dios, que es superior al mero conocimiento del amor de Dios, entonces estaremos llenos con toda la plenitud de Dios. ¡Que sentencia! ¿Tienes carencias en cualquier área de tu vida? Si es así, lo que careces es una revelación del amor de Dios. Experimentar el amor de Dios equivale a plenitud.


He dicho todo esto para decir que la cosa más importante que podemos recibir es una profunda revelación del amor de Dios para nosotros. Primera de Corintios 13:13 dice: “Ahora permanecen la fe, la esperanza y la caridad; pero el mayor de ellos es la caridad” (El amor de Dios).


Hay muchas maneras que Satanás usa para intentar bloquear la revelación del amor de Dios hacia nosotros. Una de las formas más sutiles, y por ende la más mortífera, es que nos ha engañado haciéndonos pensar que el amor de Dios por nosotros está ligado a nuestro desempeño. Pensamos que tenemos que hacer algo para ganarnos el amor de Dios. Que nos tenemos que merecer el amor de Dios. Eso no es lo que enseña la Biblia.


En el mundo natural, obtienes lo que mereces. Los empleadores no te contratan en base a su amor por ti. Es en función de tu desempeño. Si tu desempeño es malo, eres castigado o despedido. Lo mismo aplica en la mayoría de las relaciones. Yo he tenido cientos de parejas de matrimonios que esencialmente me dicen “Ellos no se merecen mi amor”. Sin embargo, la noticia casi-demasiado-buena-para-ser-verdad del Evangelio es que nosotros no obtenemos lo que nos merecemos. ¡Bendito sea Dios!


El amor de Dios para nosotros es incondicional. Eso significa que Dios no nos ama a causa de las virtudes que podamos tener. Dios nos ama porque “Dios es amor” (1ª. de Juan 4:8), no porque seamos adorables.

La religión es una de las mayores propagadoras de la mentira acerca del amor-condicional-de-Dios. La mayoría de las “iglesias Cristianas” enseñan que el amor de Dios por nosotros es condicional, basado en nuestro desempeño. Si oramos, si vamos a la iglesia, si damos el diezmo, etc., entonces el Señor nos amará y responderá nuestras oraciones, pero si nosotros fallamos, entonces el Señor no responderá nuestras oraciones. Esto no es cierto.


Hay una enfermedad en la iglesia que yo llamo “dislexia espiritual”. Dislexia es cuando una persona ve las cosas en sentido inverso. Una persona disléxica ve la palabra “amor” como “roma”. Hay una diferencia enorme entre Amor y roma, sin embargo los disléxicos no la ven.


La "dislexia espiritual" tiene un efecto similar en las personas. Aquellos infectados con esta “dislexia espiritual” leen las escrituras en forma invertida. Por ejemplo, la 1ª. de Juan 2:3-5 dice; “En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice “Yo lo conozco”, pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero aquel que guarda su palabra, en ese verdaderamente se ha perfeccionado el amor de Dios, por esto sabemos que estamos en él.”


Un Cristiano disléxico verá estos versículos y dirá “Yo quiero conocer a Dios, por ende debo guardar Sus mandamientos.” Estos versículos están diciendo justo lo contrario. Guardar los mandamientos de Dios es un resultado de conocer a Dios. Tu puedes vivir una vida santa sin conocer a Dios; los Fariseos lo demostraron. Sin embargo, no puedes conocer a Dios sin que como resultado vivas una vida santa. Cuando el amor de Dios se perfecciona en nosotros, el resultado será mantener la Palabra de Dios (versículo 5).


Cualquier intento de reversar este orden es “poner la carreta frente al caballo”. No funcionará, sin embargo esto es lo que la mayoría de los Cristianos intentan hacer. Mediante vivir una vida más santa es que ellos están buscando conocer mejor a Dios. Es justo lo contrario. Vivenciar más el amor de Dios es lo que producirá una vida santa.


Esta condición disléxica ha causado que muchos sujeten el amor de Dios a su comportamiento. Cuando ellos lo hacen bien, ellos permiten que el amor de Dios para ellos fluya. Cuando ellos no lo hacen bien, ellos se condenan a sí mismos. Ellos creen que Dios los está condenando, pero no es Él. En muchos casos ni siquiera es el diablo quien los está condenando. Satanás ha provocado que ellos crean una mentira y ellos se condenan así mismos.


¡Todos necesitamos una mayor revelación del amor incondicional de Dios para nosotros! Tengo una serie especial diseñada justo para ese propósito. La revelación del amor incondicional de Dios hacia mi es lo que cambió mi vida en 1968. Todavía me impacta hoy. Esas enseñanzas revelan las cosas que Dios me mostró acerca de Su amor. Yo creo que si abres tu corazón, el Señor te garantizará por lo menos tanta revelación sobre este tema como yo poseo y eso cambiará tu vida. Puedes ordenar en la página web el álbum intitulado “God's Kind of Love: The Cure for What Ails Ya.”

Andrew Wommack