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lunes, 15 de marzo de 2010

Controlando Tus Emociones

Controlando Tus Emociones
Por Andrew Wommack


La Biblia nos enseña que nuestros pensamientos son el factor determinante que controla nuestras acciones. Proverbios 23:7 dice: “Porque tal como es su pensamiento en su corazón, así es el.” Romanos 8:6 dice, “Porque ocuparse de la carne es muerte, pero ocuparse del espíritu es vida y paz”. Identifica que la mente carnal no solamente tiende hacia la muerte –¡es la muerte!

Nadie puede consistentemente desempeñarse diferente de cómo piensa, por ende no podemos cambiar nuestras acciones sin cambiar nuestro pensar. No es sólo lo que pensamos lo que tenemos que cambiar, sino también nuestro proceso de pensamiento. Nuestras emociones están vinculadas directamente a la manera como pensamos.

Todas las personas tienen internamente una percepción o una imagen de cómo son. Esta imagen no necesariamente está basada en hechos, sino en sentimientos. Una experiencia negativa puede distorsionar de por vida la percepción que una persona tiene de sí mismo.

Por ejemplo, algunas personas que son bellas pueden pensarse a sí mismas como feas o indeseables debido a las palabras bruscas que les dijeron cuando niños. Algunos de los que tienen grandes éxitos todavía se ven a sí mismos como fracasos, lo que se convierte en una profecía auto cumplida.

Hasta cierto grado, la psicología ha diagnosticado este problema correctamente. Los psicólogos usan terminología tal como “autoestima” o “identidad” cuando se relacionen con estas verdades; sin embargo, la sabiduría secular de hoy es completamente inadecuada para ayudar a una persona a que cambie su auto imagen interior.

En primer lugar, la mayoría de la gente tiende a culpar a alguien más de su mala auto estima o mala autoimagen. Se ha vuelto tan popular el culpar a otros de todo lo negativo que ocurre en nuestras vidas. La gente generalmente dice “Provengo de una familia disfuncional.” “Mis problemas vinieron dado de que soy parte de una minoría,” “Es esa mujer que tú me diste” (Gen.3:12). ¡Otras personas no son nuestro problema!

Todos nosotros hemos tenido experiencias negativas. La opción es nuestra si nos queremos convertir en amargos o amados como resultado de ellas. Por cada persona que adjudica algún comportamiento disfuncional a una experiencia traumática en su vida, hay otros a quienes les ocurrieron cosas similares o peores y sin embargo ellos se sobrepusieron a sus circunstancias. ¿Por qué? Porque los problemas no dictaminan el fracaso, nosotros tenemos una opción.

Deuteronomio 30:19 dice, “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.” Dios Todopoderoso nos dio la opción. Dios no hace la elección por nosotros y Satanás no puede tomarla por nosotros. Nosotros tenemos el privilegio y la responsabilidad de elegir bendición o maldición.

Echar la culpa a otros es negar el verdadero problema, impidiéndonos encontrar una solución. Si otras personas son mi problema, estoy en problemas porque Dios no me dio la habilidad de controlar a los demás. El diablo siempre va a enviar a alguien que se cruce en el camino y que sepa cómo detonarme el botón.

Si el problema está dentro de mí, entonces hay esperanza porque a través de Cristo, yo puedo cambiar. Esto es libertad. Independientemente de lo que otras personas hagan, yo puedo prosperar a través de Cristo.

Luego de que la psicología intenta colocar la culpa de tus problemas en alguien más, ellos tratan de sostener tu autoestima mediante haciendo que pongas foco a las cosas positivas dentro de ti y minimizando los atributos negativos. Eso no es lo que la Biblia enseña. Jesús dijo “Porque separados de mi nada podéis hacer” (Juan 15:5)

“ Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Marcos 8:34). Pablo dijo, “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para confundir a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para confundir a las cosas poderosas; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”(1a Cor. 1:27-28).

La Biblia enseña que debe haber un fin para la autoestima antes que el verdadero servicio pueda empezar. Los Cristianos no debiesen probar y almacenar los débiles atributos positivos de sus personalidades. Eso es como tratar de detener el sangrado de un brazo amputado con una Bandita, eso no funcionará mucho tiempo.

Independientemente de lo exitosos o talentosos que seamos por nosotros mismos, eventualmente fallaremos. Aun si nada ocurre, algún día nos hacemos viejos y no seremos tan productivos como antes. Si nuestra autoestima está enraizada en nuestros logros, entonces ultimadamente fallará. Toda la seguridad que hemos fundado en nosotros mismos entonces se desmoronará a nuestro alrededor.

Los Cristianos debieran tener Cristo-estima. Tal y como el Apóstol Pablo dijo, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal.2:20).

El secreto para una vida Cristina victoriosa no se base la auto mejora, sino en la auto-renuncia de tal forma que Cristo pueda vivir a través de nosotros.

Esto no significa que Dios quiera que tengamos una mala imagen de nosotros mismos. Sólo depende de cuál “si mismo” estemos hablando. Lo ves, cada creyente nacido de nuevo se ha vuelto una nueva persona en Cristo (2 Cor. 5:17). (Efe. 4:22-24).

El viejo hombre es corrupto y en su mejor forma es incapaz de vivir la vida Cristiana. Este es el “si mismo” del que la mayoría de la gente quieren parchar y sentirse bien con él. ¡Ríndete! Tenemos que tener tiempo para morir a la vida de este viejo si mismo con todo lo bueno y lo malo; y encontrar una nueva identidad en Cristo.

¡El nuevo hombre es exactamente como Jesús es (1ª. Cor. 6:17)! Así es. Somos una totalmente nueva persona en Cristo. Tenemos todo lo que Jesús tiene, en nuestros espíritus (1ª. Juan 4:17). Tenemos una identidad totalmente nueva en Cristo. Entonces ¿por qué querríamos arreglar el viejo mi mismo en lugar de simplemente vivir el nuestro nuevo ser”.

Si nosotros permitimos que el nuevo hombre nos domine, caminaremos en poder y victoria en toda área de nuestras vidas.

¿Cómo puedes distinguir si tus pensamientos y emociones provienen del nuevo ser nacido de nuevo, o del viejo ser carnal? La Palabra de Dios es la clave. Jesús dice en Juan 6:63, “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida." Cualquier pensamiento o emoción que concuerda con lo que la Palabra de Dios dice acerca de ti proviene del hombre nuevo. Cualquier pensamiento o emoción que viola la Palabra de Dios es de tu viejo ser o del diablo.

Si estás enojado con alguien, estás en la carne (el viejo ser). Sólo arrepiéntete y regresa al ser espiritual ( el hombre nuevo) donde tienes amor, gozo y paz (Gál. 5:22). Si tienes miedo, estás en la carne “porque Dios no nos ha dado el espíritu de miedo, sino el del poder y el del amor, y el del sonido de una mente” (2ª. Tim 1:7). En lugar de ir a Dios y pedirle que El remueva el miedo, simplemente salte del ser carnal e intérnate en el espíritu donde no hay miedo (1ª Juan 4:18).

Esto es tan simple que necesitarías que alguien te ayudara a no comprenderlo. El problema es que hemos tenido mucha ayuda para no comprender estas simples verdades bíblicas, pero nosotros tenemos una solución.

Andrew Wommack

martes, 17 de junio de 2008

Cómo Recibir Un Milagro - 2

Cómo Recibir Un Milagro - 2a Parte
escrito por Andrew Wommack


Muchos de nosotros hemos tenido épocas cuando hemos orado una oración de fe, y nuestras oraciones parecieron quedarse sin respuesta. A la mejor fuiste a la Palabra de Dios, plantaste una semilla, oraste por un milagro. Y entonces, no pasó nada.

El problema es que mucha gente deja de creer en ese momento. La Palabra de Dios dice en Marcos 11:24, "Por tanto os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y lo obtendréis.” Aquí es donde la mayoría de los Cristianos se tropiezan. La Biblia dice que cuando ores creas que tú ya lo has recibido.

Muchos de nosotros estamos familiarizados con el versículo de Mateo 7:7, que dice, "Pedid y se os dará." Sin embargo, si nosotros no vemos una manifestación inmediata a la oración decimos, “Bueno, no todo mundo recibe”. Eso no es lo que dicen las escrituras, porque el siguiente versículo dice, "Porque todo aquel que pide recibe." Muchos de nosotros no creemos realmente en esta escritura. Perdemos nuestra emoción por la Palabra y no esperamos que la Palabra funcione como dice.

Teníamos una amiga con leucemia y ella creía que sería sanada. Oramos para que ella fuera sanada. En su lecho de muerte, ella todavía creía que sería sanada en cualquier momento. Ella murió y por un largo tiempo oramos para que fuera levantada de la muerte. Su papá dijo que no podía ser voluntad de Dios que todos se sanaran, porque si fuera así, ella hubiera sido sanada. No lo comprendimos y fue duro para mí. Fue muchos años antes que me dí cuenta cómo nosotros permitimos que el diablo nos gane en esa.

Nosotros tenemos una responsabilidad de traer la voluntad de Dios. Algunas personas creen que la voluntad de Dios sucede sin importar lo que hagamos, pero eso no es cierto. Dios está constreñido a Sus propias leyes. La Segunda de Pedro 3:9 dice que no es la voluntad de Dios que ninguno perezca. Para que eso suceda, tiene que haber alguien que predique el Evangelio. La voluntad de Dios no sucederá automáticamente. El Salmo 89:34 dice, "No romperé mi pacto, ni alteraré lo que ha salido de mis labios." Dios se ha atado a Sí Mismo por Su propia Palabra. Dios nos dio autoridad sobre el diablo y debemos ejercer lo que Dios nos ha dado.

La mayoría de la gente interpreta la Palabra de Dios conforme a su propia experiencia “La Palabra de Dios dice una cosa, pero esto es lo que ha ocurrido”. Si alguien no obtiene la sanación hacemos nuestra propia teología y decimos, “Bueno, no todos sanan”. Dios no dice que no a algo que El ya ha dicho que sí. Tu necesitas aprender a interpretar tus circunstancias por la Palabra de Dios - y no la Palabra de Dios por tus circunstancias.

Muchos de nosotros hemos visto una promesa en la Palabra de Dios y la hemos creído en lo mejor de nuestra habilidad, pero no ocurrió. ¿Cómo armonizamos el hecho de que Dios es fiel a Su Palabra y eso no ocurrió?

Hay un mundo físico y hay un mundo espiritual. El mundo espiritual creó este mundo físico. Hay una realidad espiritual para todo lo físico. En la 2 Reyes 6, puedes leer la historia de Eliseo. Cuando el ejército Sirio rodeo a Eliseo y su ejército, un sirviente le preguntó a Eliseo “¿qué haremos?” Eliseo respondió: "No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos." El versículo 17 nos dice, "Y oró Eliseo y dijo, Te ruego, oh Señor que abras sus ojos para que vea. Entonces el Señor abrió los ojos del criado y miró: he aquí que el monte estaba lleno de gente a caballo y carros de fuego alrededor de Eliseo." No eran más físicamente, sino más espiritualmente. Los ángeles de Dios los rodeaban. Elías dijo la verdad.

Algunas personas dicen que es una mentira decir que estás sanado cuando no te sientes sanado, pero eso es operar sólo mediante tus cinco sentidos. Tú tienes que caminar en el espíritu. Hay realidades espirituales. Juan 6:63 dice, "El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada; las palabras que os he dicho son espíritu, y son vida." La Biblia es verdad espiritual. Nos limitamos cuando sólo pensamos en el ámbito físico. Sólo porque tú no puedas verlo no significa que Dios no lo haya hecho. Dios siempre responde cuando tú oras acorde a Su voluntad. Cuando Dios responde tu oración, El te lo da de forma espiritual. Si tú pides finanzas, Dios libera el poder espiritual para producir esas finanzas. Si tú oras por sanación, El te lo da en forma espiritual. La operación de Dios concluye en el ámbito espiritual, independiente de ti.

La fe es la clave que trae hacia el ámbito físico esa respuesta. "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. " (Heb. 11:1). Tu fe trae a la realidad física lo que Dios ya ha cumplido. Dios te lo da en el espíritu, entonces la fe lo trae al ámbito físico. Muchas veces no sabes que Dios ya ha contestado tu oración porque tú no lo puedes percibir en lo físico. Tú tienes que creer que algo está ocurriendo más allá de tus cinco sentidos. Si no lo vas a creer hasta que no lo veas, tú no lo vas a recibir de Dios. La Biblia dice que cuando ores tienes que creer que lo recibiste.

¿Qué sucede en el lapso de tiempo entre que tú dices amén y ves la respuesta manifestada? Aprendemos algo al respecto cuando leemos acerca de las oraciones de Daniel. En Daniel 9:20, Daniel está orando y el ángel Gabriel aparece y le dice a él (en el versículo 23), "Al principio de tus ruegos fue dada la orden y yo he venido para enseñártela." Dios respondió a su oración en sólo tres minutos. Gabriel dijo que al principio de su oración Dios contestó, pero le tomó tres minutos volverse visible. Algunas veces toma un poco de tiempo para que se manifieste en lo físico. A menudo, por ello nos salimos de la fe y detenemos la llegada de la manifestación.

En Daniel
10, Daniel otra vez está orando. Esta ocasión dice en el versículo 3 que él ayunó y oró por tres semanas. En el versículo 10, Dios responde y envía un mensajero. ¿Por qué tomó tres minutos la primera vez y tres semanas la segunda ocasión? Algunas personas dicen que Dios los hace esperar para enseñarles algo. Eso no es de las escrituras. La Biblia dice que la Escritura fue dada para enseñarnos. ven to teach us. Podemos aprender por procesos, pero Dios no nos los manda para enseñarnos.

En el versículo 12, el angel le dijo a Daniel que Dios escuchó su oración el primer día y envió la respuesta.
¿Qué detuvo la respuesta? El principe del reino de Persia combatió con el angel por 21 días. Por tres semanas se sostuvo una guerra espiritual. Satanás peleó para que la respuesta no llegara a Daniel. En el Antiguo Testamento, las personas no tenían autoridad sobre el demonio. Esa autoridad llegó con Jesús. Si Dios le hubiese mostrado a Daniel lo que estaba ocurriendo, él no hubiese podido hacer nada. En el Nuevo Testamento los antifaces o vendas se han removido puesto que tenemos autoridad sobre Satanás. No tenemos que esperar a que el diablo concluya su camino. Cuando Jesús resistió a la tentación, el Diablo se fue porque él ya había hecho todo lo que él podía hacer (Mateo 4; Lucas 4). Satanás no tiene un costal ilimitado de trucos.

Si tu oras y no ves una manifestación inmediata, Dios quiere que tu te enfrentes al diablo para que lo quites de obstruir la visibilidad de lo que Dios ya te dio.

¿Cómo puede Satanás entorpecer tu oración? El puede utilizar a otra persona para entorpecer tu oración. Algunas veces, otras personas están involucradas en tu respuesta. Si tu estás orando por finanzas, intercede por las personas que serán usadas en tu prosperidad. Si tu estás tratando de vender una casa, ora por la persona que comprará tu casa. Si tu quieres una promoción en tu empleo, ora por el jefe que será usado para darte a ti tu promoción.

Algunos de ustedes pueden pensar que no tienen la suficiente fe para creer por un milagro. La verdad es que tu no puedes obtener más fe de la que ya tienes. Romanos 12:3 dice que Dios le repartió a cada hombre la medida de fe. Dios nos dio a todos la misma medida de fe.

En Gálatas 2:20, Pablo dice, "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mi." Pablo dice que él usa la fe de Jesús. Tú tienes la misma cantidad de fe que Jesús tiene. Eso debería ser suficiente.


Andrew Wommack