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lunes, 15 de marzo de 2010

Controlando Tus Emociones

Controlando Tus Emociones
Por Andrew Wommack


La Biblia nos enseña que nuestros pensamientos son el factor determinante que controla nuestras acciones. Proverbios 23:7 dice: “Porque tal como es su pensamiento en su corazón, así es el.” Romanos 8:6 dice, “Porque ocuparse de la carne es muerte, pero ocuparse del espíritu es vida y paz”. Identifica que la mente carnal no solamente tiende hacia la muerte –¡es la muerte!

Nadie puede consistentemente desempeñarse diferente de cómo piensa, por ende no podemos cambiar nuestras acciones sin cambiar nuestro pensar. No es sólo lo que pensamos lo que tenemos que cambiar, sino también nuestro proceso de pensamiento. Nuestras emociones están vinculadas directamente a la manera como pensamos.

Todas las personas tienen internamente una percepción o una imagen de cómo son. Esta imagen no necesariamente está basada en hechos, sino en sentimientos. Una experiencia negativa puede distorsionar de por vida la percepción que una persona tiene de sí mismo.

Por ejemplo, algunas personas que son bellas pueden pensarse a sí mismas como feas o indeseables debido a las palabras bruscas que les dijeron cuando niños. Algunos de los que tienen grandes éxitos todavía se ven a sí mismos como fracasos, lo que se convierte en una profecía auto cumplida.

Hasta cierto grado, la psicología ha diagnosticado este problema correctamente. Los psicólogos usan terminología tal como “autoestima” o “identidad” cuando se relacionen con estas verdades; sin embargo, la sabiduría secular de hoy es completamente inadecuada para ayudar a una persona a que cambie su auto imagen interior.

En primer lugar, la mayoría de la gente tiende a culpar a alguien más de su mala auto estima o mala autoimagen. Se ha vuelto tan popular el culpar a otros de todo lo negativo que ocurre en nuestras vidas. La gente generalmente dice “Provengo de una familia disfuncional.” “Mis problemas vinieron dado de que soy parte de una minoría,” “Es esa mujer que tú me diste” (Gen.3:12). ¡Otras personas no son nuestro problema!

Todos nosotros hemos tenido experiencias negativas. La opción es nuestra si nos queremos convertir en amargos o amados como resultado de ellas. Por cada persona que adjudica algún comportamiento disfuncional a una experiencia traumática en su vida, hay otros a quienes les ocurrieron cosas similares o peores y sin embargo ellos se sobrepusieron a sus circunstancias. ¿Por qué? Porque los problemas no dictaminan el fracaso, nosotros tenemos una opción.

Deuteronomio 30:19 dice, “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.” Dios Todopoderoso nos dio la opción. Dios no hace la elección por nosotros y Satanás no puede tomarla por nosotros. Nosotros tenemos el privilegio y la responsabilidad de elegir bendición o maldición.

Echar la culpa a otros es negar el verdadero problema, impidiéndonos encontrar una solución. Si otras personas son mi problema, estoy en problemas porque Dios no me dio la habilidad de controlar a los demás. El diablo siempre va a enviar a alguien que se cruce en el camino y que sepa cómo detonarme el botón.

Si el problema está dentro de mí, entonces hay esperanza porque a través de Cristo, yo puedo cambiar. Esto es libertad. Independientemente de lo que otras personas hagan, yo puedo prosperar a través de Cristo.

Luego de que la psicología intenta colocar la culpa de tus problemas en alguien más, ellos tratan de sostener tu autoestima mediante haciendo que pongas foco a las cosas positivas dentro de ti y minimizando los atributos negativos. Eso no es lo que la Biblia enseña. Jesús dijo “Porque separados de mi nada podéis hacer” (Juan 15:5)

“ Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Marcos 8:34). Pablo dijo, “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para confundir a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para confundir a las cosas poderosas; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”(1a Cor. 1:27-28).

La Biblia enseña que debe haber un fin para la autoestima antes que el verdadero servicio pueda empezar. Los Cristianos no debiesen probar y almacenar los débiles atributos positivos de sus personalidades. Eso es como tratar de detener el sangrado de un brazo amputado con una Bandita, eso no funcionará mucho tiempo.

Independientemente de lo exitosos o talentosos que seamos por nosotros mismos, eventualmente fallaremos. Aun si nada ocurre, algún día nos hacemos viejos y no seremos tan productivos como antes. Si nuestra autoestima está enraizada en nuestros logros, entonces ultimadamente fallará. Toda la seguridad que hemos fundado en nosotros mismos entonces se desmoronará a nuestro alrededor.

Los Cristianos debieran tener Cristo-estima. Tal y como el Apóstol Pablo dijo, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal.2:20).

El secreto para una vida Cristina victoriosa no se base la auto mejora, sino en la auto-renuncia de tal forma que Cristo pueda vivir a través de nosotros.

Esto no significa que Dios quiera que tengamos una mala imagen de nosotros mismos. Sólo depende de cuál “si mismo” estemos hablando. Lo ves, cada creyente nacido de nuevo se ha vuelto una nueva persona en Cristo (2 Cor. 5:17). (Efe. 4:22-24).

El viejo hombre es corrupto y en su mejor forma es incapaz de vivir la vida Cristiana. Este es el “si mismo” del que la mayoría de la gente quieren parchar y sentirse bien con él. ¡Ríndete! Tenemos que tener tiempo para morir a la vida de este viejo si mismo con todo lo bueno y lo malo; y encontrar una nueva identidad en Cristo.

¡El nuevo hombre es exactamente como Jesús es (1ª. Cor. 6:17)! Así es. Somos una totalmente nueva persona en Cristo. Tenemos todo lo que Jesús tiene, en nuestros espíritus (1ª. Juan 4:17). Tenemos una identidad totalmente nueva en Cristo. Entonces ¿por qué querríamos arreglar el viejo mi mismo en lugar de simplemente vivir el nuestro nuevo ser”.

Si nosotros permitimos que el nuevo hombre nos domine, caminaremos en poder y victoria en toda área de nuestras vidas.

¿Cómo puedes distinguir si tus pensamientos y emociones provienen del nuevo ser nacido de nuevo, o del viejo ser carnal? La Palabra de Dios es la clave. Jesús dice en Juan 6:63, “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida." Cualquier pensamiento o emoción que concuerda con lo que la Palabra de Dios dice acerca de ti proviene del hombre nuevo. Cualquier pensamiento o emoción que viola la Palabra de Dios es de tu viejo ser o del diablo.

Si estás enojado con alguien, estás en la carne (el viejo ser). Sólo arrepiéntete y regresa al ser espiritual ( el hombre nuevo) donde tienes amor, gozo y paz (Gál. 5:22). Si tienes miedo, estás en la carne “porque Dios no nos ha dado el espíritu de miedo, sino el del poder y el del amor, y el del sonido de una mente” (2ª. Tim 1:7). En lugar de ir a Dios y pedirle que El remueva el miedo, simplemente salte del ser carnal e intérnate en el espíritu donde no hay miedo (1ª Juan 4:18).

Esto es tan simple que necesitarías que alguien te ayudara a no comprenderlo. El problema es que hemos tenido mucha ayuda para no comprender estas simples verdades bíblicas, pero nosotros tenemos una solución.

Andrew Wommack

martes, 17 de junio de 2008

Lecciones de la Historia de Navidad

Lecciones de la Historia de Navidad
escrito por Andrew Wommack
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Navidad es una época del año impresionante.

No siempre pensé así. Aún antes de que recibiera el bautismo en el Espíritu Santo, me sentía descontento con todo el comercialismo asociado con la Navidad. Recuerdo que cuando era un adolescente de catorce o quince años, convencí a mi familia de que juntara todo el dinero que gastarían en regalos de unos a otros y diera ese dinero al programa de misiones de la iglesia. Eso permitiría que nuestra celebración de Navidad se centrara en lo que era realmente importante.
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Luego, cuando tuve mi encuentro milagroso con el Señor el 23 de marzo de 1968, me enamoré del Señor mil veces más de lo que nunca antes hubiera experimentado Su amor en Navidad. Parecía como si cada día fuera Navidad, una y otra vez. Por lo tanto, la Navidad se volvió justo como cualquier otro día para mí.

Conforme yo comencé a buscar al Señor, me volví más consciente de todas las prácticas paganas incorporadas a la época Navideña y me desilusioné de todo ello. Por los primeros dieciséis años de mi vida de casado no tuvimos un árbol de Navidad, ni decoración Navideña. Teníamos un pastel de cumpleaños para Jesús y le dábamos regalos a nuestros hijos, pero les dejamos muy claro que los regalos venían del Señor, a través de nosotros, y no de algún hombre gordo de traje rojo.

Finalmente, hace catorce años cuando nos mudamos a nuestra actual casa, mis hijos preguntaron si podríamos tener un árbol de Navidad. Les dije que ellos sabían los orígenes paganos de esa costumbre, pero ellos simplemente pensaron que era bonito, y ellos querían verlo en la forma en que Martín Lutero lo hizo -como un símbolo de la vida eterna. Yo me rendí y desde entonces todos hemos disfrutado de un árbol de Navidad.

Pero conforme me vuelvo mayor, he llegado a apreciar mucho más el lado positivo de la Navidad. En una cultura que se ha vuelto cada vez más secular, en donde es políticamente incorrecto siquiera mencionar el nombre del Señor pudiendo ofender a alguien, pienso que es impresionante que la Navidad nos traiga a la luz pública algunas de las grandes verdades del Evangelio. Nuestras raíces como nación Cristiana son exhibidas.

¿Cuándo mas puedes entrar en las tiendas y escuchar sonar algunas de las más grandiosas canciones Cristianas compuestas, como “Joy to the World”? ¡Eso es impresionante! Verás aparadores con escenas del nacimiento en sitios en donde la sola mención del Señor en otras estaciones del año equivaldría a usar Su nombre en vano.

La gente habla de amarse unos a otros tal como Dios nos amó enviándonos Su Hijo a la tierra. Se nos recuerdan los valores que son olvidados o al menos mermados en otras épocas del año. Y si no fuera por las vacaciones de Navidad, las relaciones familiares serían peor de como son. Esta es la única época en que algunas familias hacen un intento para llevarse bien.

En la lucha contra la des-Cristianización de nuestro país, pienso que la celebración de Navidad es una gran victoria. Me complace ver las maravillosas verdades del amor de Dios por el hombre, desplegadas en público y teniendo conciertos en lugares como la Casa Blanca donde Cristo es proclamado en un canto.

Es una pena que algunas personas sólo vayan a la iglesia en Navidad, pero por lo menos entonces ellos van a alabar a Dios. Esa es una oportunidad. Y la Navidad abre muchas oportunidades para compartir nuestra fe.

Una queja que todavía tengo es que “Una historia de Navidad” se ha vuelto tan familiar y se ha enfocado estrechamente en sólo el nacimiento del niño Jesús que algunas de las grandes verdades presentes en ese nacimiento milagroso no son vistas. Algunas de las más grandes lecciones de la Escritura están ocultas en el nacimiento de Cristo, y la persona promedio es totalmente inconsciente de ellas.

Por esa razón, he hecho un álbum de cuatro partes intitulado, Lessons from the Christmas Story for Every Season*. En este álbum, comparto lo que considero que son algunas de las más importantes cosas que el Señor me ha mostrado.

¿Sabías que el nacimiento virginal de Jesús fue totalmente normal en todo lo aspecto que respecta excepto por una cosa? María no se embarazó sin contacto con una semilla. Las leyes de reproducción que Dios creó no fueron suspendidas. Todo fue exactamente como ocurre en los millones de todos los otros nacimientos, excepto que Dios, para embarazar a María, utilizó la semilla de Su Palabra en lugar de la semilla de un hombre.

Por eso Juan 1:14 dice,
“Y el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”
Jesús era literalmente la Palabra de Dios hecha carne. Dios usó Su Palabra como el esperma que concibió a Jesús. Esto responde muchas preguntas. Preguntas tales como: ¿Por qué el Señor se esperó cuatrocientos años después de la caída del hombre antes de que El enviara a Jesús a la tierra? ¿Por qué Dios se tuvo que convertir en hombre? Las respuestas a estas preguntas yacen en la forma en que Dios hizo a la creación, la autoridad que El le dio al hombre, y la integridad de Su Palabra.

Cuando Dios creó los cielos y la tierra, El habló y les dio existencia. Hebreos 11:3 dice,
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía..”

Entonces, Dios creó todo mediante Su Palabra. Así es como Él crea. Cuando llegó el tiempo de crear al postrer Adán (1 Corintios 15:45), Dios tuvo que infundir mediante la Palabra Su existencia. No obstante, El le había dado dominio sobre la tierra a los seres humanos físicos. Dado que Dios es Espíritu (Juan 4:24), El no podía simplemente hablar a Cristo y darle existencia independientemente del hombre. El le había turnado al hombre el control o dominio de la tierra (Génesis 1:26-28). Por esa razón Dios tenía que convertirse en hombre. Pero ¿cómo podría El trabajar para crear un Redentor a través de un hombre pecador, corrupto?

El habló a los corazones de los hombres que lo escucharían a Él, y ellos a su vez usarían su autoridad, dada por Dios, sobre la tierra para difundir las profecías que Dios había puesto en sus corazones. El problema fue que los hombres, mediante su pecado, se habían separado de Dios. Ningún hombre estaba sintonizado cercanamente lo suficiente a Dios como para decir todo lo que necesitaba ser dicho. Por eso, tomó alrededor de cuatrocientos años completar las profecías que tenían que ser dichas para crear el cuerpo para que Dios se convirtiera carne.

Entonces, cuando María recibió el mensaje de Gabriel, ella se postró humilde y dijo,
“Hágase en mi conforme a tu palabra” (Lucas 1:38)

Ella recibió la Palabra de Dios en su vientre, y la concepción del Mesías tuvo lugar.

Similarmente, así es como en la 1 de Pedro 1:23 dice que somos nacidos de nuevo,
"Siendo nacidos de nuevo o renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.."

La Palabra de Dios es una semilla espiritual que tiene que ser plantada en nuestros corazones para concebir un milagro. El nuevo nacimiento no sucede simplemente mucho más de lo que los bebés simplemente ocurren. Los niños tienen que ser concebidos, e igualmente la salvación o cualquier otro milagro de Dios. Tenemos que renacer por la semilla incorruptible de la Palabra de Dios. (1 Pedro 1:23).

Una vez que la semilla está plantada, ahí hay un proceso de nutrición y maduración. Ahí es donde entra la oración. La oración es como el agua y el abono o la incubación para una semilla. Pero si tú riegas o fertilizas una tierra árida, nada ocurrirá. Primero tiene que plantarse una semilla.

Similarmente, erróneamente hemos tratado de orar y dar existencia a nuestros milagros. La oración es importante, pero tú no puedes concebir mediante la oración. La semilla de la Palabra de Dios tiene que ser sembrada. Como dice Romanos 10:14-17,

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

Nosotros consideraríamos loca a la mujer que esté tratando de tener un hijo sin seguir las leyes naturales de reproducción. Pero en el ámbito espiritual, los Cristianos todo el tiempo quieren dar a luz milagros sin siquiera plantar la Palabra de Dios en sus corazones. Así no funciona.

Y luego ahí está el mensaje que los ángeles que dijeron,
“Gloria a Dios en las Alturas, y en la tierra paz, buena voluntad hacia los hombres.” (Lucas 2:14)

Este no fue un anuncio del cese a las hostilidades entre los hombres. La historia ha probado que no fue eso lo que los ángeles estaban proclamando. En lugar de ello, esta era la proclamación de que la guerra entre Dios y el hombre había terminado. Esto no está siendo comprendido o proclamado en iglesia por entero. Muchas de las personas todavía piensan que Dios está enojado con ellos. Eso no es así. El no está enojado, El ni siquiera está de mal humor. Jesús pudo satisfacer Su ira completamente. El es justo, y habrá castigo para aquellos que niegan el sacrificio de Su Hijo por nuestros pecados. Pero Dios no está enojado a causa de nuestros pecados. De eso ya se ha hecho cargo.

Este Evangelio de paz es una razón por la que hay tal aceptación universal de la época de Navidad, incluso entre aquellos quienes no han nacido de nuevo. La Navidad se trata sólo del amor y misericordia de Dios, no de Su condenación. Está resaltando el amor incondicional de Dios hacia nosotros en la forma en que debería hacerse a lo largo de todo el año. Se está enfocando en las buenas noticias del amor de Dios y no en las malas noticias de nuestros fracasos. Ese es el Evangelio de paz que los ángeles cantaban y que también debiera ser nuestro mensaje.

Luego ahí está la historia de los hombres sabios. ¿Sabías que las Escrituras nunca dijeron que eran tres hombres sabios, y que no hay indicios de que ellos fueran reyes? Ellos tampoco visitaron a Cristo en el pesebre de Belén, sino en su casa en Nazaret. Y una de las mejores partes de la historia de Navidad es la manera en que María permitió que el Señor convenciera a José de la verdadera naturaleza de estos eventos.

Hay muchas cosas del mensaje de Navidad que han sido oscurecidas por la tradición. Este álbum* de cuatro partes será una bendición para ti o para cualquiera con quien elijas compartirlo.

Andrew Wommack


(*Nota de la traducción-El álbum referido está en Inglés y puedes descargarlo gratuitamente en

http://www.awmi.net/extra/audio/1038 )

Cómo Escuchar La Voz De Dios

Cómo Escuchar La Voz De Dios
escrito por Andrew Wommack


Uno de los más grandes beneficios de nuestra salvación debe ser la de escuchar a Dios hablarnos personalmente. Sin eso no puede haber una relación íntima con nuestro Padre celestial. Pero aún cuando es muy fácil para nosotros hablarle a El, el Cristiano promedio no tan fácil escucha Su voz. Esa no era la intención del Señor.

Aprender a distinguir claramente la voz de Dios es invaluable. En lugar de ir por la vida ciegamente, podemos tener la sabiduría de Dios para guiarnos y protegernos. No existe una sola persona recibiendo esta carta que no tendría su vida radicalmente transformada mediante escuchar mejor la voz del Señor. El peor problema marital está a una palabra de distancia del Señor para que lo cambie por completo. Si tienes enfermedad o malestar, una palabra viva del Señor te sanará instantáneamente. Si estás en una crisis financiera, el Señor sabe exactamente como cambiar esa situación. Esto sólo cuestión de escuchar Su voz.

El Señor nos habla constantemente y nos da Su dirección. Nunca es Dios quien no está hablando, sino somos nosotros quienes no lo escuchamos. Jesús hizo algunos planteamientos radicales acerca de oír Su voz en Juan 10:3-5. El estaba hablando acerca de Sí Mismo como el Pastor de la ovejas y el único camino para entrar por la puerta de las ovejas.

"A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz y a sus ovejas llama por nombre y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán sino huirán de él porque no conocen la voz de los extraños."

Nota que El dijo en el versículo 3, Sus ovejas oyen Su voz. El no dijo que Sus ovejas PUEDEN oir Su voz o que DEBEN oír Su voz. El hizo una enfática declaración de que Sus ovejas OYEN Su voz. La mayoría de los Cristianos cuestionarán la veracidad de esa declaración puesto que sus experiencias no se alinean con ella. Pero eso no significa que lo que Jesús dijo sea incorrecto; todos los verdaderos creyentes pueden y escuchan la voz de Dios; sólo que ellos no reconocen aquello que están escuchando siendo la voz de Dios.

Las estaciones de radio y televisión transmiten las veinticuatro horas del día, siete días a la semana; pero nosotros sólo las escuchamos cuando encendemos el receptor y lo sintonizamos. Fracasar en escuchar la señal no significa que la estación no esté transmitiendo. Similarmente, Dios está transmitiendo constantemente Su voz a Sus ovejas, pero pocas se encienden y lo sintonizan. La mayoría de los Cristianos están muy ocupados rogando a Dios en oraciones para que transmita, cuando el problema está en sus receptores.

La primer cosa que necesitamos hacer es arreglar nuestros receptores - creer que Dios ya nos está hablando y empezar a escuchar. Sin embargo, eso toma tiempo, esfuerzo y concentración. El estilo de vida del Cristiano promedio es tan atareado, que no conduce a escuchar la voz de Dios. Por ejemplo, cuál es tu respuesta típica a la pregunta “¿Cómo estás?” Muchos de ustedes probablemente responderán algo relacionado a estar muy ocupados. A menudo yo digo, "Estoy más ocupado que un colocador de papel tapiz que tenga un solo brazo." Todos nosotros parecemos estar más ocupados que nunca, y esa es una de las GRANDES razones por la que nosotros no escuchamos mejor la voz del Señor. Simplemente estamos demasiado ocupados.

El salmo 46:10 dice,

"Estad quietos, y conoced que yo soy Dios."

Es en la quietud, no en el ajetreo, que podemos sintonizar nuestras orejas espirituales para escuchar la voz de Dios. El Señor siempre nos habla en esa “QUEDA, diminuta voz” (1 Reyes 19:12, énfasis mío), pero a menudo es ahogado en toda la confusión de nuestras vidas cotidianas.

Segundo, y esto es muy importante, muchos a menudo confundimos la voz del Señor con nuestros propios pensamientos. Es correcto. Yo dije que la voz del Señor nos llega a nosotros en nuestros propios pensamientos.

Juan 4:24 dice,

"Dios es Espíritu: y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad."

Esto está diciendo que la comunicación con Dios es de Espíritu a espíritu, no de cerebro a cerebro o de boca a oreja, la forma en que nosotros nos comunicamos en el ámbito físico. El Señor habla a nuestros espíritus, no con palabras, sino en pensamientos e impresiones. Entonces nuestros espíritus nos dicen palabras como “Yo creo que el Señor quiere que yo haga esto o aquello”. Típicamente el Señor no dice “Tu haz esto o aquello”, pero El va a instar a tu espíritu a que haga algo y entonces tu espíritu dice “Yo creo que yo debería hacer . . .” Por ello, a menudo nos perdemos de la guía del Señor al creer que eran nuestros propios pensamientos.

Cada uno de nosotros alguna vez ha hecho algo estúpido y después haber dicho “Yo sabía que no era correcto hacer eso.” No nos sentíamos bien acerca de nuestra decisión, pero seguimos la lógica o la presión sólo para encontrarnos con que nuestra impresión era de hecho el Señor hablándonos. Yo aprendí esto a la mala mientras estaba pastoreando en Pritchet, Colorado.

Todos los presbíteros de la iglesia combinaban costumbres. Seis meses del año ellos se iban para la cosecha de trigo. Ellos insistieron en que ordenara a otro presbítero que siempre estaría presente. Ellos optaron por él, yo no tengo nada en contra, pero conforme oraba por este hombre y su esposa, yo no me sentía bien ordenándolo como un presbítero. Sin embargo, siendo hombre, me dejé llevar por la lógica en lugar de por mi corazón.

A las dos semanas de que los demás se habían ido para cosechar trigo, este nuevo presbítero se convirtió en el diablo personificado. En su reporte a los presbíteros, el me acusó de robar dinero de la iglesia, de cometer adulterio, beber, fumar y cualquier otra cosa que tu te puedas imaginar. Fue una terrible experiencia. Tan pronto como este hombre mostró su verdadero color, yo supe en mi corazón que los sentimientos y pensamientos que tuve habían sido el Señor hablándome y yo los descarté como si hubieran sido propios. Tome una decisión en ese momento de que nunca más ignoraría a mi corazón otra vez.

El salmo 37:4 dice,

"Deléitate asimismo en el Señor, el te concederá las peticiones de tu corazón.”

Este versículo frecuentemente se ha interpretado como que el Señor te dará cualquier cosa que tu quieras, y se ha utilizado para justificar el egoísmo, la codicia e incluso el adulterio. Pero no significa que el Señor te dará cualquier cosa que tu quieras; significa que sit u estás buscando al Señor, El pondrá sus anhelos y deseos en tu corazón. El hará que Sus deseos se vuelvan tus deseos. El Señor cambia tus “que quieras”.

En una ocasión estaba planeando un viaje a Costa Rica, un sitio en donde ya había estado antes, y estaba emocionado en regresar. Sin embargo, conforme oraba acerca de el, perdí mi deseo por ir. En lugar de ello, de hecho me sentí renuente acerca de ir. La primera cosa que hice cuando esto ocurrió fue asegurarme de que yo realmente estaba buscando al Señor con todo mi corazón. Durante un viaje en carretera, invertí diecisiete horas orando en lenguas, y entre más estaba mi mente en el Señor, menos quería regresar a Costa Rica. Con esa única certeza, cancelé el viaje.

Cuando la gente de Costa Rica me preguntó la razón, lo único que pude decirles es que no quería ir. Eso fue difícil y no estoy muy seguro de que ellos lo comprendieran. El avión del vuelo que me llevaría se estrelló al despegar en la Ciudad de México matando a todos los 169 pasajeros que lo habían abordado. El Señor me advirtió y con ello salvo mi vida, no con decirme “No vayas a Costa Rica”, sino por comunicárselo a mi espíritu y quitándome el deseo de ir. Esta es la manera en que el Señor nos habla y nosotros a menudo pasamos por alto ese tipo de comunicación.

Una de las decisiones más importantes de mi vida vino en 1968. Yo estaba en la universidad cuando el Señor tocó radicalmente mi vida y todos mis deseos cambiaron. Yo ya no quería ir a la universidad, y siguiendo los nuevos deseos tomé la decisión de salirme de la escuela. En ese momento todo el infierno se alborotó. Mi mamá no comprendió y me dejó de hablar por un tiempo. Los líderes de mi iglesia me dijeron que yo estaba escuchando al diablo. Soporté el perder la pensión de apoyo gubernamental de seguridad social de mi padre por $350 dólares mensuales, y perdería los privilegios estudiantiles por salirme. Sin los privilegios, había muchas posibilidades de que yo acabará en Vietnam.

A causa de estas reacciones adversas a mi decisión, me alejé por un tiempo y fui absolutamente miserable. Esto continuo por dos meses hasta que no lo pude soportar más y una noche el Señor finalmente me habló a través de Romanos 14:23, que dice,

"y todo lo que no proviene de fe es pecado."

Me di cuenta de que yo estaba en pecado a causa de mi indecisión. Me determiné a esa noche tomar una decisión de fe y apegarme a ella. Conforme oraba y estudiaba la Palabra para recibir guía encontré Colosenses 3:15, que dice,

"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones."

El Señor me dijo que yo estaba encaminándome a la dirección que me daría la mayor paz. Para ser honesto, yo no tenía total paz en ninguna dirección, pero igual que un árbitro toma una decisión y tiene que apegarse a ella, yo necesitaba tomar la mía. Yo sentí mayor paz por renunciar a la escuela, entonces hasta donde yo podía entender tome la decisión y me salí de la indecisión para entrar a la fe. A las veinticuatro horas el Señor me dio tal confirmación y gozo que desde entonces nunca he dudado de la sabiduría de esa decisión. Esa decisión, posiblemente más que ninguna otra, puso mi vida en el camino que me ha traído a donde estoy hoy en día.

Estoy convencido de que nuestro amoroso Padre celestial le habla constantemente a cada uno de Sus hijos, dándonos a todos la información y guía que necesitamos para ser vencedores totales. No hay ningún problema con Su transmisor, es nuestro receptor el que requiere ayuda.

Tengo una enseñanza en un álbum de tres partes intitulada How to: Hear God's Voice que expones esto a mayor detalle. Yo enseño esto cada año a nuestros estudiantes de segundo año de CBC y veo poderosos resultados. La mayoría de la gente le implora a Dios para que hable, cuando es nuestro escuchar lo que necesita ser ajustado. Tomando este primer paso de fe de que Dios está hablando y entonces aprender a escuchar y obedecer transformará tu relación con el Señor. Podrá salvarte la vida tal como salvó la mía.

Andrew Wommack

jueves, 15 de mayo de 2008

eL Amor de Dios

El Amor de Dios

escrito por Andrew Wommack


"Amados, amémonos los unos a los otros: porque el amor viene de Dios; y todo el que ama ha nacido de Dios y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” (1ª. de Juan 4:7-8)


Muchos de nosotros pensamos que realmente comprendemos el amor de Dios, pero nuestra experiencia prueba lo contrario. Nos sentimos solos, deprimidos, desanimados y derrotados. Cada una de estas emociones negativas se convertiría en positiva con la revelación apropiada del amor de Dios por nosotros.


En lo que respecta a amar a los demás, la mayoría de nosotros admitiría que hay algunas personas que son muy difíciles de amar. Dado que nosotros no comprendemos completamente el amor de Dios hacia nosotros, fallamos en amar a los demás. No podemos dar lo que no tenemos. Si nosotros recibimos una revelación completa del amor de Dios por nosotros, se vuelve fácil amar a otros con el amor que hemos recibido.


Cuando batallamos para creer que las promesas de Dios hacia nosotros ocurrirán, eso es incredulidad; pero la raíz de esa incredulidad es una carencia de amor. Gálatas 5:6 dice que la fe funciona por el amor. Esto significa que el amor es la fuerza motora de nuestra fe. Remover o disminuir el amor, y la fe cesará de ser lo que debe ser. Muchos de nosotros intentamos arduamente creer, cuando lo que deberíamos hacer es buscar una mayor revelación del amor de Dios por nosotros. Así, la fe funcionaría naturalmente.


Unos meses después de que nos casamos Jamie y yo estábamos en una situación desesperada. Yo había renunciado a mi trabajo, creyendo que el Señor quería que yo estuviera de tiempo completo en el ministerio. El resultado fue que nosotros estábamos lastimándonos financieramente. Ya habían pasado días desde que habíamos comido. No teníamos nada más que unas cuantas Coca-Colas que un amigo nos dio y una bolsa de Fritos que habíamos estado racionando. Nuestra fe comenzaba a flaquear. Estábamos peleando con todo lo que teníamos para creer que el Señor iba a cubrir nuestras necesidades, pero nuestras circunstancias y nuestras barrigas vacías nos gritaban con incredulidad.


Una mañana, Jamie tomó nuestros últimos cincuenta centavos y nuestro auto y condujo a la lavandería para lavar. Mientras ella no estuvo, yo tuve una conversación seria con el Señor. Yo estaba llorando y diciendo: “Señor, no comprendo. Yo daría mi brazo derecho para alimentar a Jamie. Yo creo que Tu amor por nosotros es más grande que mi amor por Jamie y sin embargo tu no te estás ocupando de nosotros.” Yo permití que las circunstancias me cegaran del amor de Dios. Esa es la razón principal por la que mi fe no estaba funcionando.

El Señor me habló muy claramente en Lucas 12:32. Ese versículo dice: “No tengan miedo, mi pequeño rebaño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino.” Repentinamente, me di cuenta que mi incredulidad se debía a que había olvidado cuánto nos ama Dios. Dios se deleita en nuestra prosperidad (Salmo 35:27). El no tiene ningún placer en vernos morir de hambre. Conforme la revelación del amor de Dios me fue llenando, instantáneamente se desvanecieron todas las dudas de que nuestras necesidades serían cubiertas. Cuando Jamie regresó de la lavandería, le dije que íbamos a comer carne ese día.


Habíamos tenido Coca y Fritos de almuerzo. Nos saltamos la comida porque estábamos cansados de Fritos y Coca. En la iglesia, un amigo nos pidió que fuéramos a su departamento después del servicio. Nosotros pensamos “Quiza ellos nos van a alimentar.” Nos quedamos y platicamos por una hora, pero no hubo comida. Sin embargo, cuando nos íbamos, el hombre nos dio dos enormes filetes del pez que había pescado. También nos dio vegetales para acompañarlos. Nos apresuramos a la casa y Jamie nos preparó un banquete. Justo unos minutos antes de la media noche, comimos carne a saciedad. Al día siguiente era mi cumpleaños, y una mujer en la iglesia nos dio una gran caja de filetes de corte “porterhouse”. En cuestión de horas pasamos de sentirnos muertos de hambre con la dieta de Coca y Fritos, a tener suficientes filetes para un mes, a causa de que el amor hizo que mi fe funcionara.


Cuando nuestro amigo nos dio el pescado aquella tarde, el dijo que había enviado a su esposa a nuestro apartamento temprano en la mañana para llevarnos comida. Pero como no vio nuestro auto, ella supuso que no estábamos y por eso no se detuvo. El único momento en que el auto no estuvo fue cuando Jamie fue a lavar la ropa y que yo estaba orando en el apartamento. Nuestro abasto venía a nosotros, en el momento exacto en que recibí una nueva y fresca revelación del amor de Dios por nosotros. Nos tomó unas pocas horas verlo, pero Dios se movió instantáneamente. El quería cubrir nuestra necesidad más de lo que nosotros queríamos que El lo hiciera. Mi falta de fe en Su amor se lo impedía. Tan pronto como me abrí a Su amor, mi fe revivió y El proveyó.


Hay mucho más que sólo un conocimiento superficial de que Dios nos ama. En Efesios, capítulo 3, Pablo oró que los Efesios tuvieran una revelación mayor del amor de Dios para ellos. El dijo: “Por esta razón me arrodillo ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo (de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra), para que os de, conforme a las riquezas de su gloria, el ser por su Espíritu fortalecidos con poder en el hombre interior; que por fe habite Cristo en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:14-19).


Date cuenta que en el versículo 18 ese amor de Dios no es unidimensional. Tiene altura, profundidad, longitud y anchura. Muchos Cristianos sólo ven el amor de Dios como si estuvieran viendo una pintura, de una dimensión. Ellos no han visto nunca la realidad multidimensional del amor de Dios.


En el versículo 19, Pablo dijo que conforme nosotros experimentamos (vivenciamos) el amor de Dios, que es superior al mero conocimiento del amor de Dios, entonces estaremos llenos con toda la plenitud de Dios. ¡Que sentencia! ¿Tienes carencias en cualquier área de tu vida? Si es así, lo que careces es una revelación del amor de Dios. Experimentar el amor de Dios equivale a plenitud.


He dicho todo esto para decir que la cosa más importante que podemos recibir es una profunda revelación del amor de Dios para nosotros. Primera de Corintios 13:13 dice: “Ahora permanecen la fe, la esperanza y la caridad; pero el mayor de ellos es la caridad” (El amor de Dios).


Hay muchas maneras que Satanás usa para intentar bloquear la revelación del amor de Dios hacia nosotros. Una de las formas más sutiles, y por ende la más mortífera, es que nos ha engañado haciéndonos pensar que el amor de Dios por nosotros está ligado a nuestro desempeño. Pensamos que tenemos que hacer algo para ganarnos el amor de Dios. Que nos tenemos que merecer el amor de Dios. Eso no es lo que enseña la Biblia.


En el mundo natural, obtienes lo que mereces. Los empleadores no te contratan en base a su amor por ti. Es en función de tu desempeño. Si tu desempeño es malo, eres castigado o despedido. Lo mismo aplica en la mayoría de las relaciones. Yo he tenido cientos de parejas de matrimonios que esencialmente me dicen “Ellos no se merecen mi amor”. Sin embargo, la noticia casi-demasiado-buena-para-ser-verdad del Evangelio es que nosotros no obtenemos lo que nos merecemos. ¡Bendito sea Dios!


El amor de Dios para nosotros es incondicional. Eso significa que Dios no nos ama a causa de las virtudes que podamos tener. Dios nos ama porque “Dios es amor” (1ª. de Juan 4:8), no porque seamos adorables.

La religión es una de las mayores propagadoras de la mentira acerca del amor-condicional-de-Dios. La mayoría de las “iglesias Cristianas” enseñan que el amor de Dios por nosotros es condicional, basado en nuestro desempeño. Si oramos, si vamos a la iglesia, si damos el diezmo, etc., entonces el Señor nos amará y responderá nuestras oraciones, pero si nosotros fallamos, entonces el Señor no responderá nuestras oraciones. Esto no es cierto.


Hay una enfermedad en la iglesia que yo llamo “dislexia espiritual”. Dislexia es cuando una persona ve las cosas en sentido inverso. Una persona disléxica ve la palabra “amor” como “roma”. Hay una diferencia enorme entre Amor y roma, sin embargo los disléxicos no la ven.


La "dislexia espiritual" tiene un efecto similar en las personas. Aquellos infectados con esta “dislexia espiritual” leen las escrituras en forma invertida. Por ejemplo, la 1ª. de Juan 2:3-5 dice; “En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice “Yo lo conozco”, pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero aquel que guarda su palabra, en ese verdaderamente se ha perfeccionado el amor de Dios, por esto sabemos que estamos en él.”


Un Cristiano disléxico verá estos versículos y dirá “Yo quiero conocer a Dios, por ende debo guardar Sus mandamientos.” Estos versículos están diciendo justo lo contrario. Guardar los mandamientos de Dios es un resultado de conocer a Dios. Tu puedes vivir una vida santa sin conocer a Dios; los Fariseos lo demostraron. Sin embargo, no puedes conocer a Dios sin que como resultado vivas una vida santa. Cuando el amor de Dios se perfecciona en nosotros, el resultado será mantener la Palabra de Dios (versículo 5).


Cualquier intento de reversar este orden es “poner la carreta frente al caballo”. No funcionará, sin embargo esto es lo que la mayoría de los Cristianos intentan hacer. Mediante vivir una vida más santa es que ellos están buscando conocer mejor a Dios. Es justo lo contrario. Vivenciar más el amor de Dios es lo que producirá una vida santa.


Esta condición disléxica ha causado que muchos sujeten el amor de Dios a su comportamiento. Cuando ellos lo hacen bien, ellos permiten que el amor de Dios para ellos fluya. Cuando ellos no lo hacen bien, ellos se condenan a sí mismos. Ellos creen que Dios los está condenando, pero no es Él. En muchos casos ni siquiera es el diablo quien los está condenando. Satanás ha provocado que ellos crean una mentira y ellos se condenan así mismos.


¡Todos necesitamos una mayor revelación del amor incondicional de Dios para nosotros! Tengo una serie especial diseñada justo para ese propósito. La revelación del amor incondicional de Dios hacia mi es lo que cambió mi vida en 1968. Todavía me impacta hoy. Esas enseñanzas revelan las cosas que Dios me mostró acerca de Su amor. Yo creo que si abres tu corazón, el Señor te garantizará por lo menos tanta revelación sobre este tema como yo poseo y eso cambiará tu vida. Puedes ordenar en la página web el álbum intitulado “God's Kind of Love: The Cure for What Ails Ya.”

Andrew Wommack