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domingo, 18 de abril de 2010

Conocimiento Por Revelación

Conocimiento Por Revelación
Escrito por Andrew Wommack

Hoy en día una de las cosas que más se requiere en el cuerpo de Cristo es el conocimiento por revelación de la Palabra de Dios.

Para comprender qué es el conocimiento por revelación y cómo puedes ponerlo a funcionar en tu vida tienes al menos que saber lo básico acerca de tu espíritu, alma y cuerpo. Tu espíritu es la parte de ti que fue cambiado en la salvación. La Segunda de Corintios 5:17 dice “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." Tu cuerpo y tu alma no se volvieron totalmente nuevos. Sólo pueden cambiarse y renovarse conforme creces en el Señor, pero ese es un proceso continuo. La única parte de ti que fue completamente cambiada en la salvación fue tu ser interior o espíritu.

Este espíritu nacido-de-nuevo es/está renovado en conocimiento a la imagen de Aquel que lo creó (Col. 3:10). La Primera de Corintios 2:16 dice: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo,” y la 1a. de Juan 2:20 dice " Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.” Estas escrituras nos muestran como nuestro ser spiritual está completo en Jesús. (Col. 2:10). Nosotros sabemos todas las cosas.

Pero aún cuando esto es verdad en tu espíritu, este conocimiento no redituará en tu parte física y tu parte de alma sino hasta que lo liberes mediante la renovación de tu mente. Romanos 12:2 dice " No os conforméis con este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál es la buena, aceptable y perfecta, voluntad de Dios." Nuestras mentes son -de hecho- el campo de batalla. Nuestro espíritu está completo (Efesios 4:24, Col. 2:10), y nuestros cuerpos harán lo que se les diga, pero nuestra parte de alma (misma que incluye nuestro intelecto) tiene la responsabilidad de elegir o de ejercer nuestro libre albedrío. Entonces en ese sentido, el alma de una persona es el amo sobre toda la persona. Para el hombre nacido-de-nuevo, el espíritu es la fuerza generadora o conductora de vida, pero el alma tiene la-última-palabra a causa del libre albedrío. Dios no violará nuestro libre albedrío excepto en el juicio final. Por lo tanto es necesario que consigamos que esta “mente de Cristo” (que todos hemos recibido en nuestro ser spiritual) funcione en nuestra mente del alma para que podamos tomar las elecciones correctas. Esto se realiza mediante el estudio de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es la sabiduría de Dios (Lucas 11:49), escrita para que nuestro hombre de alma pueda leerla y comprenderla. Pero la 2ª.Corintios 3:6 nos muestra que el mero conocimiento de la Palabra de Dios no es suficiente. Debemos tener el entendimiento espiritual porque la Palabra de Dios es espíritu y es vida. (Juan 6:63)

Cuando el conocimiento de la Palabra de Dios entra a nuestra mente de alma mediante estudiarla o escucharla, nuestro espíritu testifica con la verdad e imparte sabiduría, que es la habilidad de aplicar el conocimiento. Esto entonces se convierte en conocimiento por revelación, no sólo hechos acerca de Dios (con los que podrías programar a una computadora), sino el conocimiento de Dios que divinamente se ha acelerado en nosotros por Dios a través de nuestro espíritu renacido.

Esto explica por qué la Palabra de Dios parece funcionar para algunas personas y no para otras. En la superficie podría aparentar que todos conocemos la Palabra, pero en verdad, sólo aquellos que han vencido tienen la Palabra de Dios hecha viva en su interior mediante el conocimiento por revelación. ¡La Palabra de Dios funciona! Y si tenemos en nuestros corazones la verdadera revelación de la Palabra de Dios, venceremos al mundo.

¿Cómo recibimos la Palabra de Dios para que se haga viva y poderosa en nuestras vidas tal como lo menciona Hebreos 4:12? Una manera importante es a través de meditar la Palabra de Dios. Muy a menudo, tenemos tanta hambre de aprender la Palabra de Dios que no nos tomamos el tiempo suficiente para permitir que la mente de Cristo en nuestro ser espiritual nos de una revelación completa del poder que está en esas palabras. Hubo un tiempo en mi vida en el que estaba tan ocupado leyendo cada libro y yendo a escuchar a cada predicador que el Señor me dijo que parara todo eso y que hiciera que la verdad que El me había dicho fuera una realidad en mi vida. No estoy diciendo que deberíamos dejar de llenarnos a nosotros mismos con el conocimiento de la Palabra, pero necesitamos darnos cuenta que sólo la Palabra que se ha mezclado con fe (que proviene de nuestro ser espiritual, Rom. 10:10) redituará para nosotros (Heb. 4:2). Estaríamos mejor con tan solo una pequeña cantidad de la Palabra en nosotros si ésta fuera una verdadera revelación de Dios para nosotros, que si tenemos enormes cantidades de la Escritura sólo con conocimiento carnal. Los primeros discípulos comprobaron esto porque en comparación con la Palabra de Dios completa que tenemos hoy día, ellos no tuvieron la mayoría de las escrituras del Nuevo Testamento. Las escrituras del Antiguo Testamento no estaban fácilmente disponibles para ellos y sin embargo ellos aún así transformaron su mundo presente.

Este conocimiento por revelación es lo que ha estado haciendo falta en la presentación de la Palabra de Dios del ámbito religioso. Los predicadores carnales han estado dando conocimiento carnal a gente carnal y por ende el verdadero poder de la Palabra de Dios no ha sido liberado. Pero en estos últimos días, el conocimiento por revelación de Dios está comenzando a fluir entre Su gente más que nunca antes. Los creyentes no están respondiendo a los títulos que anteceden o proceden al nombre de una persona, sino más bien al poder de la Palabra de Dios, independientemente del recipiente del que proviene, “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1ª. Cor. 4:20). Tu puedes tener este conocimiento por revelación, porque Dios ya te dio la “mente de Cristo” (1ª Cor. 2:16).


Andrew Wommack

martes, 17 de junio de 2008

Cómo Escuchar La Voz De Dios

Cómo Escuchar La Voz De Dios
escrito por Andrew Wommack


Uno de los más grandes beneficios de nuestra salvación debe ser la de escuchar a Dios hablarnos personalmente. Sin eso no puede haber una relación íntima con nuestro Padre celestial. Pero aún cuando es muy fácil para nosotros hablarle a El, el Cristiano promedio no tan fácil escucha Su voz. Esa no era la intención del Señor.

Aprender a distinguir claramente la voz de Dios es invaluable. En lugar de ir por la vida ciegamente, podemos tener la sabiduría de Dios para guiarnos y protegernos. No existe una sola persona recibiendo esta carta que no tendría su vida radicalmente transformada mediante escuchar mejor la voz del Señor. El peor problema marital está a una palabra de distancia del Señor para que lo cambie por completo. Si tienes enfermedad o malestar, una palabra viva del Señor te sanará instantáneamente. Si estás en una crisis financiera, el Señor sabe exactamente como cambiar esa situación. Esto sólo cuestión de escuchar Su voz.

El Señor nos habla constantemente y nos da Su dirección. Nunca es Dios quien no está hablando, sino somos nosotros quienes no lo escuchamos. Jesús hizo algunos planteamientos radicales acerca de oír Su voz en Juan 10:3-5. El estaba hablando acerca de Sí Mismo como el Pastor de la ovejas y el único camino para entrar por la puerta de las ovejas.

"A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz y a sus ovejas llama por nombre y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán sino huirán de él porque no conocen la voz de los extraños."

Nota que El dijo en el versículo 3, Sus ovejas oyen Su voz. El no dijo que Sus ovejas PUEDEN oir Su voz o que DEBEN oír Su voz. El hizo una enfática declaración de que Sus ovejas OYEN Su voz. La mayoría de los Cristianos cuestionarán la veracidad de esa declaración puesto que sus experiencias no se alinean con ella. Pero eso no significa que lo que Jesús dijo sea incorrecto; todos los verdaderos creyentes pueden y escuchan la voz de Dios; sólo que ellos no reconocen aquello que están escuchando siendo la voz de Dios.

Las estaciones de radio y televisión transmiten las veinticuatro horas del día, siete días a la semana; pero nosotros sólo las escuchamos cuando encendemos el receptor y lo sintonizamos. Fracasar en escuchar la señal no significa que la estación no esté transmitiendo. Similarmente, Dios está transmitiendo constantemente Su voz a Sus ovejas, pero pocas se encienden y lo sintonizan. La mayoría de los Cristianos están muy ocupados rogando a Dios en oraciones para que transmita, cuando el problema está en sus receptores.

La primer cosa que necesitamos hacer es arreglar nuestros receptores - creer que Dios ya nos está hablando y empezar a escuchar. Sin embargo, eso toma tiempo, esfuerzo y concentración. El estilo de vida del Cristiano promedio es tan atareado, que no conduce a escuchar la voz de Dios. Por ejemplo, cuál es tu respuesta típica a la pregunta “¿Cómo estás?” Muchos de ustedes probablemente responderán algo relacionado a estar muy ocupados. A menudo yo digo, "Estoy más ocupado que un colocador de papel tapiz que tenga un solo brazo." Todos nosotros parecemos estar más ocupados que nunca, y esa es una de las GRANDES razones por la que nosotros no escuchamos mejor la voz del Señor. Simplemente estamos demasiado ocupados.

El salmo 46:10 dice,

"Estad quietos, y conoced que yo soy Dios."

Es en la quietud, no en el ajetreo, que podemos sintonizar nuestras orejas espirituales para escuchar la voz de Dios. El Señor siempre nos habla en esa “QUEDA, diminuta voz” (1 Reyes 19:12, énfasis mío), pero a menudo es ahogado en toda la confusión de nuestras vidas cotidianas.

Segundo, y esto es muy importante, muchos a menudo confundimos la voz del Señor con nuestros propios pensamientos. Es correcto. Yo dije que la voz del Señor nos llega a nosotros en nuestros propios pensamientos.

Juan 4:24 dice,

"Dios es Espíritu: y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad."

Esto está diciendo que la comunicación con Dios es de Espíritu a espíritu, no de cerebro a cerebro o de boca a oreja, la forma en que nosotros nos comunicamos en el ámbito físico. El Señor habla a nuestros espíritus, no con palabras, sino en pensamientos e impresiones. Entonces nuestros espíritus nos dicen palabras como “Yo creo que el Señor quiere que yo haga esto o aquello”. Típicamente el Señor no dice “Tu haz esto o aquello”, pero El va a instar a tu espíritu a que haga algo y entonces tu espíritu dice “Yo creo que yo debería hacer . . .” Por ello, a menudo nos perdemos de la guía del Señor al creer que eran nuestros propios pensamientos.

Cada uno de nosotros alguna vez ha hecho algo estúpido y después haber dicho “Yo sabía que no era correcto hacer eso.” No nos sentíamos bien acerca de nuestra decisión, pero seguimos la lógica o la presión sólo para encontrarnos con que nuestra impresión era de hecho el Señor hablándonos. Yo aprendí esto a la mala mientras estaba pastoreando en Pritchet, Colorado.

Todos los presbíteros de la iglesia combinaban costumbres. Seis meses del año ellos se iban para la cosecha de trigo. Ellos insistieron en que ordenara a otro presbítero que siempre estaría presente. Ellos optaron por él, yo no tengo nada en contra, pero conforme oraba por este hombre y su esposa, yo no me sentía bien ordenándolo como un presbítero. Sin embargo, siendo hombre, me dejé llevar por la lógica en lugar de por mi corazón.

A las dos semanas de que los demás se habían ido para cosechar trigo, este nuevo presbítero se convirtió en el diablo personificado. En su reporte a los presbíteros, el me acusó de robar dinero de la iglesia, de cometer adulterio, beber, fumar y cualquier otra cosa que tu te puedas imaginar. Fue una terrible experiencia. Tan pronto como este hombre mostró su verdadero color, yo supe en mi corazón que los sentimientos y pensamientos que tuve habían sido el Señor hablándome y yo los descarté como si hubieran sido propios. Tome una decisión en ese momento de que nunca más ignoraría a mi corazón otra vez.

El salmo 37:4 dice,

"Deléitate asimismo en el Señor, el te concederá las peticiones de tu corazón.”

Este versículo frecuentemente se ha interpretado como que el Señor te dará cualquier cosa que tu quieras, y se ha utilizado para justificar el egoísmo, la codicia e incluso el adulterio. Pero no significa que el Señor te dará cualquier cosa que tu quieras; significa que sit u estás buscando al Señor, El pondrá sus anhelos y deseos en tu corazón. El hará que Sus deseos se vuelvan tus deseos. El Señor cambia tus “que quieras”.

En una ocasión estaba planeando un viaje a Costa Rica, un sitio en donde ya había estado antes, y estaba emocionado en regresar. Sin embargo, conforme oraba acerca de el, perdí mi deseo por ir. En lugar de ello, de hecho me sentí renuente acerca de ir. La primera cosa que hice cuando esto ocurrió fue asegurarme de que yo realmente estaba buscando al Señor con todo mi corazón. Durante un viaje en carretera, invertí diecisiete horas orando en lenguas, y entre más estaba mi mente en el Señor, menos quería regresar a Costa Rica. Con esa única certeza, cancelé el viaje.

Cuando la gente de Costa Rica me preguntó la razón, lo único que pude decirles es que no quería ir. Eso fue difícil y no estoy muy seguro de que ellos lo comprendieran. El avión del vuelo que me llevaría se estrelló al despegar en la Ciudad de México matando a todos los 169 pasajeros que lo habían abordado. El Señor me advirtió y con ello salvo mi vida, no con decirme “No vayas a Costa Rica”, sino por comunicárselo a mi espíritu y quitándome el deseo de ir. Esta es la manera en que el Señor nos habla y nosotros a menudo pasamos por alto ese tipo de comunicación.

Una de las decisiones más importantes de mi vida vino en 1968. Yo estaba en la universidad cuando el Señor tocó radicalmente mi vida y todos mis deseos cambiaron. Yo ya no quería ir a la universidad, y siguiendo los nuevos deseos tomé la decisión de salirme de la escuela. En ese momento todo el infierno se alborotó. Mi mamá no comprendió y me dejó de hablar por un tiempo. Los líderes de mi iglesia me dijeron que yo estaba escuchando al diablo. Soporté el perder la pensión de apoyo gubernamental de seguridad social de mi padre por $350 dólares mensuales, y perdería los privilegios estudiantiles por salirme. Sin los privilegios, había muchas posibilidades de que yo acabará en Vietnam.

A causa de estas reacciones adversas a mi decisión, me alejé por un tiempo y fui absolutamente miserable. Esto continuo por dos meses hasta que no lo pude soportar más y una noche el Señor finalmente me habló a través de Romanos 14:23, que dice,

"y todo lo que no proviene de fe es pecado."

Me di cuenta de que yo estaba en pecado a causa de mi indecisión. Me determiné a esa noche tomar una decisión de fe y apegarme a ella. Conforme oraba y estudiaba la Palabra para recibir guía encontré Colosenses 3:15, que dice,

"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones."

El Señor me dijo que yo estaba encaminándome a la dirección que me daría la mayor paz. Para ser honesto, yo no tenía total paz en ninguna dirección, pero igual que un árbitro toma una decisión y tiene que apegarse a ella, yo necesitaba tomar la mía. Yo sentí mayor paz por renunciar a la escuela, entonces hasta donde yo podía entender tome la decisión y me salí de la indecisión para entrar a la fe. A las veinticuatro horas el Señor me dio tal confirmación y gozo que desde entonces nunca he dudado de la sabiduría de esa decisión. Esa decisión, posiblemente más que ninguna otra, puso mi vida en el camino que me ha traído a donde estoy hoy en día.

Estoy convencido de que nuestro amoroso Padre celestial le habla constantemente a cada uno de Sus hijos, dándonos a todos la información y guía que necesitamos para ser vencedores totales. No hay ningún problema con Su transmisor, es nuestro receptor el que requiere ayuda.

Tengo una enseñanza en un álbum de tres partes intitulada How to: Hear God's Voice que expones esto a mayor detalle. Yo enseño esto cada año a nuestros estudiantes de segundo año de CBC y veo poderosos resultados. La mayoría de la gente le implora a Dios para que hable, cuando es nuestro escuchar lo que necesita ser ajustado. Tomando este primer paso de fe de que Dios está hablando y entonces aprender a escuchar y obedecer transformará tu relación con el Señor. Podrá salvarte la vida tal como salvó la mía.

Andrew Wommack