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domingo, 4 de abril de 2010

Viviendo en el Equilibrio de Gracia y Fe

Viviendo en el Equilibrio de Gracia y Fe
Escrito por Andrew Wommack

En nuestros Seminarios Gospel Truth, siempre me doy un tiempo antes de las sesiones para hablar con amigos y socios. Una de las preguntas más frecuentes que me inquieren es “¿Que es lo que necesito hacer para recibir las bendiciones de Dios?” Esta pregunta generalmente viene acompañada de su explicación “He estado orando, leyendo mi Biblia, yendo a la Iglesia, pagando mis diezmos y sin embargo no me siento capaz de hacer que mis oraciones sean contestadas.”

En aquella pregunta y explicación yace la raíz del problema: Ellos han caído en la trampa de vincular la repuesta de Dios a su desempeño. Ellos no han comprendido apropiadamente el equilibrio entre la gracia y la fe y la relación entre ambos.

Por definición, la palabra gracia significa favor inmerecido, no ganado. Por lo tanto, la buena noticia es que la gracia no tiene nada que ver contigo. La gracia existió antes que tú llegaras a ser. Otra forma de decirlo es que, la gracia es la parte de Dios. La fe es definida como la respuesta positiva a lo que Dios ya ha provisto por gracia. En otras palabras, la fe es tu respuesta positiva a la gracia de Dios, o que la fe sólo se apropia de lo que Dios ya te ha provisto. Por lo tanto, la fe es tu parte.

La gracia y la fe funcionan juntas y deben estar en equilibrio. Efesios 2:8-9 dice:

"Porque por gracia soy salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe"


Algunas veces leemos un pasaje de la Escritura que es tan familiar, que no nos detenemos a pensar acerca de lo que realmente está diciendo. En este versículo, una profunda verdad es declarada. Dice que somos salvados por la gracia mediante la fe, no una o la otra. Piénsalo de esta forma –la gracia es lo que Dios hace; la fe es lo que nosotros hacemos. Se requiere de ambos funcionando conjuntamente para recibir la salvación.

La salvación no depende solamente de la gracia. Si así fuera, todos estarían salvados y yendo al cielo, dado que la gracia de Dios es la misma para todos (Tito 2:11). El ya compró el regalo de la salvación para todos a través de Jesús. Es por la fe que una persona recibe lo que fue hecho hace 2,000 años.

La mayoría de nosotros creemos que para ser salvados, necesitamos pedirle a Dios que nos perdone por nuestros pecados. Pero eso no es lo que la Biblia enseña. En la 1ª. Juan 2:2 declara que Jesús fue el atoning sacrificio por nuestros pecados y no sólo por los nuestros, sino también por todos los pecados de todo el mundo. Jesús no solamente murió por aquellos que El conoció y que lo aceptaron a El, El murió por cada pecador que alguna vez ha vivido en esta tierra. Y Él murió antes de que tu ó yo hubiésemos cometido un solo pecado.

Esta es una verdad radical que hará que me saquen a patadas de la mayoría de las iglesias: ¡El pecado no tiene nada que ver con Dios! El señor no está esperando a que nosotros le pidamos a El perdón por nuestros pecados. Los pecados de todo el mundo –pasados, presentes, y futuros- ya han sido perdonados. Incluso ¡la gracia le fue extendida a un hombre como Adolfo Hitler! Jesús amó a Hitler y pagó por sus pecados tal y como El lo hizo por ti y por mí. Dios no hace distingos de las personas (Romanos 2:11).

Dios ya hizo Su parte, ahora depende de ti recibir la verdad por fe y hacerla una realidad en tu vida. ¡Amén!

Juan 1:29 declara:



“He aquí, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Nueva Versión Internacional).




En Juan 16:8-9, Jesús dijo:


“Y cuando el venga, el reprobará el mundo de pecado, de justicia y de juicio: de pecado, porque ellos no creyeron en mí.”



La iglesia a menudo malinterpreta esta escritura y predica que el Espíritu Santo está aquí para convencerte de todos tus pecados. Esto no es para lo que el Espíritu Santo está aquí. El está aquí para convencenrte del sólo pecado de no recibir a Jesús como tu salvador. La única convicción es la de creer en Jesucristo.

La gente no va al infierno por cometer adulterio, robar o incluso asesinar. Esos, como todos los pecados, ya fueron pagados. Esto es lo que la Biblia dice en Juan 16:8-9 –el único pecado que va a mandar a la gente al infierno es la de rechazar a Jesucristo como su salvador personal. ¡Así que deja de ampliar el pecado en tu vida!

El mensaje que la mayoría de la iglesia está predicando hace que nos volvamos conscientes del pecado en lugar de conscientes de su justicia divina (Rom. 3:19-20) También ocasiona que vinculemos nuestro desempeño con todas las otras bendiciones de Dios.

La gracia de Dios ya ha provisto no sólo para la salvación sino también para toda necesidad de tu vida. Esa provisión no depende de si lees la Biblia lo suficiente, oras lo suficiente, vas a la iglesia o incluso si pagas tus diezmo. Antes de que tu alguna vez tengas una necesidad financiera, Dios creó la provisión. Antes de que enfermaras, Dios, a través de la gracia, proveyó sanidad (1ª. Pedro 2:25) Antes de que te desanimaras, Dios te bendijo con todas las bendiciones espirituales (Efesios 1:3) Dios anticipó toda necesidad que tu alguna vez puedas tener y ha cubierto esas necesidades a través de Jesús antes de que existieras. Eso es gracia.

Jesús no ha salvado, sanado, liberado o prosperado a una sola persona en los últimos 2,000 años. Lo que Dios ha provisto por gracia hace 2,000 años ahora se vuelve realidad cuando se combina con la fe. La fe se apropia de lo que Dios ya ha provisto. La fe no mueve a Dios, El no es el que está atorado. La fe no hace que Dios haga algo. La fe y la gracia funcionan juntas y nuestra parte es aceptar lo que Dios ya ha hecho. La gracia debe ser equilibrada con la fe.

Muchos Cristianos creen que Dios se mueve soberanamente como al El le place cuando a El le place. Esto es porque la religión les enseña que Dios controla todo y que nada puede ocurrir sin Su permiso. Sin embargo, esto no es cierto, no todo depende de Dios. Tengo una enseñanza intitulada “La Autoridad del Creyente” que explica esto más en detalle.

Por ejemplo, cuando mi padre falleció, se me dijo que Dios lo necesitaba en el cielo más de lo que yo lo necesitaba aquí. Con doce años yo sabía más que eso. ¿Para qué Dios necesitaría a mi papá en el cielo? Dios no mató a mi papá. Eso no es lo que la Palabra de Dios enseña. La escritura deja muy claro que Jesús vino a destruir los trabajos del diablo (Heb. 2:14 y 1ª. Juan 3:8). Satanás es el que anda por ahí buscando a quién puede devorar (1ª. Pedro 3:8) Satanás es el que viene a robar, matar y destruir (Juan 10:10).

Dios está siendo mal representado. Si El fuera culpable de todas las cosas por las que lo culpamos a Él, no habría en la faz de esta tierra una nación civilizada que no lo condene a El por crímenes contra la humanidad. Creo que la peor idea del cuerpo de Cristo es la idea de que Dios causa o permite el mal en alguna forma para que crezcamos espiritualmente. Rinde a la gente pasiva y les quita la esperanza.

Si tu realmente crees que Dios controla todo ¿qué caso tiene el hacer algo? Después de todo, todo depende de Dios. Si tu crees que Dios está tratando de enseñarte algo a través de la enfermedad o la pobreza ¿por qué ver a un médico o buscar empleo? ¿Por qué no sufrir todo lo que puedas y realmente aprender la lección? O sea ¿qué tan tonto puedes ser y aún respirar?

Esta es una doctrina terrible hermanas y hermanos. La Biblia dice que en los últimos días la gente llamará mal al bien y bien al mal (Is. 5:20). Hay denonimaciones que hoy día enseñan que cuando tu te enfermas o tienes problemas financieros, Dios lo está causando para que Él pueda enseñarte algo o para hacerte humilde. Este es un ejemplo de llamar el bien al mal.

Dios no es responsable por matar bebés, por la violación, la violencia, la pobreza o la enfermedad. Satanás es el autor del mal, y la Biblia claramente declara que estamos para resistir al Enemigo (Santiago 4:7). Resistir significa activamente pelear contra algo. Si no estamos peleando contra la enfermedad, por ejemplo, entonces nos estamos sometiendo a ella. Ocasionalmente decirle a Satanás “Por favor déjannos solos” no es resistir al diablo. Necesitamos enojarnos con el diablo, y no nos enojaremos si creemos que Dios es quien está causando o permitiendo el problema.

La voluntad de Dios no ocurrirá automáticamente. Jesús dijo que no todos serán salvados (Mateo 7:13) sin embargo la Escritura dice que es la voluntad de Dios que ninguno perezca (2ª. Pedro 3:9). Dios ha provisto la salvación, sanidad, provisión financiera y todo lo que necesitamos. Pero si nosotros no respondemos en fe a lo que El ha provisto por gracia, no recibiremos.

La voluntad de Dios es que todos estén sanados. Hechos 10:38 dice que Jesús andaba por ahí haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el demonio, y llamó a lo que El hizo “el bien”. Y en la 1ª. Pedro 2:24 nos dice que nosotros fuimos sanados por Sus heridas, sin embargo la mayoría de nosotros todavía no recibimos Su sanación en nuestras vidas.

No es la verdad la que te hace libre: es la verdad que tu conoces la que te hará libre (Juan 8:32). Y la verdad es que necesitas poner tu fe en lo que Dios ya ha hecho, no en lo que tú haces. Dios, por Su gracia, ya ha provisto sanación, prosperidad, perdón de los pecados y mucho más. Sin embargo, debe ser apropiada por fe.

Dios ha hecho Su parte al dar a Su Hijo, Jesús. Su gracia ha provisto todo a través del sacrificio de Jesús. Esto es demasiado bueno para ser verdad porque no hay absolutamente nada que nosotros podamos hacer para ganárnosla y nada que podamos hacer para perderla. Nuestra parte es simple: Respondemos a Su gracia por fe y nos apropiamos de lo ya ha sido alcanzado.

Ten simple como suena, la mayoría de los Cristianos no comprenden este concepto. Asegúrate que no sea tu caso. Esto es fundamental en tu relación con Dios y en la razón por la que no estás viendo tus oraciones contestadas. Para ayudar, acabo de lanzar mi nuevo libro “Viviendo en el Equilibrio de Gracia y Fe”. También disponible en formatos CD y DVD.

No confundas este con mi primer libro, escrito en 1987, intitulado “Gracia y Fe”. Esta fue una versión corta de lo que ahora ha evolucionado a una enseñanza más completa “Viviendo en el Balance de Gracia y Fe”. Creo que este mensaje está en corazón del Evangelio y es el corazón del mensaje que Dios me ha dado para ayudar a transformar al mundo. Por ello, estoy lanzando este nuevo libro en su versión de pasta dura.

Muchos enfatizan en la gracia y otros enfatizan la fe. Pero muy pocos enfatizan el balance entre gracia y fe. Es como sodio y cloro: tomados individualmente, ambos son venenos y pueden matarte. Cuando se mezclan, se convierten en sal que tu requieres para vivir. La gracia sin tu respuesta positiva de fe no te salvará. Y la fe que no es una respuesta a la gracia de Dios te llevará a condenación. Pero, pon tu fe en lo que Dios ya ha hecho por ti y tendrás la victoria que vence al mundo (1ª. Juan 5:4).



Andrew Wommack

martes, 17 de junio de 2008

Lecciones de la Historia de Navidad

Lecciones de la Historia de Navidad
escrito por Andrew Wommack
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Navidad es una época del año impresionante.

No siempre pensé así. Aún antes de que recibiera el bautismo en el Espíritu Santo, me sentía descontento con todo el comercialismo asociado con la Navidad. Recuerdo que cuando era un adolescente de catorce o quince años, convencí a mi familia de que juntara todo el dinero que gastarían en regalos de unos a otros y diera ese dinero al programa de misiones de la iglesia. Eso permitiría que nuestra celebración de Navidad se centrara en lo que era realmente importante.
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Luego, cuando tuve mi encuentro milagroso con el Señor el 23 de marzo de 1968, me enamoré del Señor mil veces más de lo que nunca antes hubiera experimentado Su amor en Navidad. Parecía como si cada día fuera Navidad, una y otra vez. Por lo tanto, la Navidad se volvió justo como cualquier otro día para mí.

Conforme yo comencé a buscar al Señor, me volví más consciente de todas las prácticas paganas incorporadas a la época Navideña y me desilusioné de todo ello. Por los primeros dieciséis años de mi vida de casado no tuvimos un árbol de Navidad, ni decoración Navideña. Teníamos un pastel de cumpleaños para Jesús y le dábamos regalos a nuestros hijos, pero les dejamos muy claro que los regalos venían del Señor, a través de nosotros, y no de algún hombre gordo de traje rojo.

Finalmente, hace catorce años cuando nos mudamos a nuestra actual casa, mis hijos preguntaron si podríamos tener un árbol de Navidad. Les dije que ellos sabían los orígenes paganos de esa costumbre, pero ellos simplemente pensaron que era bonito, y ellos querían verlo en la forma en que Martín Lutero lo hizo -como un símbolo de la vida eterna. Yo me rendí y desde entonces todos hemos disfrutado de un árbol de Navidad.

Pero conforme me vuelvo mayor, he llegado a apreciar mucho más el lado positivo de la Navidad. En una cultura que se ha vuelto cada vez más secular, en donde es políticamente incorrecto siquiera mencionar el nombre del Señor pudiendo ofender a alguien, pienso que es impresionante que la Navidad nos traiga a la luz pública algunas de las grandes verdades del Evangelio. Nuestras raíces como nación Cristiana son exhibidas.

¿Cuándo mas puedes entrar en las tiendas y escuchar sonar algunas de las más grandiosas canciones Cristianas compuestas, como “Joy to the World”? ¡Eso es impresionante! Verás aparadores con escenas del nacimiento en sitios en donde la sola mención del Señor en otras estaciones del año equivaldría a usar Su nombre en vano.

La gente habla de amarse unos a otros tal como Dios nos amó enviándonos Su Hijo a la tierra. Se nos recuerdan los valores que son olvidados o al menos mermados en otras épocas del año. Y si no fuera por las vacaciones de Navidad, las relaciones familiares serían peor de como son. Esta es la única época en que algunas familias hacen un intento para llevarse bien.

En la lucha contra la des-Cristianización de nuestro país, pienso que la celebración de Navidad es una gran victoria. Me complace ver las maravillosas verdades del amor de Dios por el hombre, desplegadas en público y teniendo conciertos en lugares como la Casa Blanca donde Cristo es proclamado en un canto.

Es una pena que algunas personas sólo vayan a la iglesia en Navidad, pero por lo menos entonces ellos van a alabar a Dios. Esa es una oportunidad. Y la Navidad abre muchas oportunidades para compartir nuestra fe.

Una queja que todavía tengo es que “Una historia de Navidad” se ha vuelto tan familiar y se ha enfocado estrechamente en sólo el nacimiento del niño Jesús que algunas de las grandes verdades presentes en ese nacimiento milagroso no son vistas. Algunas de las más grandes lecciones de la Escritura están ocultas en el nacimiento de Cristo, y la persona promedio es totalmente inconsciente de ellas.

Por esa razón, he hecho un álbum de cuatro partes intitulado, Lessons from the Christmas Story for Every Season*. En este álbum, comparto lo que considero que son algunas de las más importantes cosas que el Señor me ha mostrado.

¿Sabías que el nacimiento virginal de Jesús fue totalmente normal en todo lo aspecto que respecta excepto por una cosa? María no se embarazó sin contacto con una semilla. Las leyes de reproducción que Dios creó no fueron suspendidas. Todo fue exactamente como ocurre en los millones de todos los otros nacimientos, excepto que Dios, para embarazar a María, utilizó la semilla de Su Palabra en lugar de la semilla de un hombre.

Por eso Juan 1:14 dice,
“Y el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”
Jesús era literalmente la Palabra de Dios hecha carne. Dios usó Su Palabra como el esperma que concibió a Jesús. Esto responde muchas preguntas. Preguntas tales como: ¿Por qué el Señor se esperó cuatrocientos años después de la caída del hombre antes de que El enviara a Jesús a la tierra? ¿Por qué Dios se tuvo que convertir en hombre? Las respuestas a estas preguntas yacen en la forma en que Dios hizo a la creación, la autoridad que El le dio al hombre, y la integridad de Su Palabra.

Cuando Dios creó los cielos y la tierra, El habló y les dio existencia. Hebreos 11:3 dice,
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía..”

Entonces, Dios creó todo mediante Su Palabra. Así es como Él crea. Cuando llegó el tiempo de crear al postrer Adán (1 Corintios 15:45), Dios tuvo que infundir mediante la Palabra Su existencia. No obstante, El le había dado dominio sobre la tierra a los seres humanos físicos. Dado que Dios es Espíritu (Juan 4:24), El no podía simplemente hablar a Cristo y darle existencia independientemente del hombre. El le había turnado al hombre el control o dominio de la tierra (Génesis 1:26-28). Por esa razón Dios tenía que convertirse en hombre. Pero ¿cómo podría El trabajar para crear un Redentor a través de un hombre pecador, corrupto?

El habló a los corazones de los hombres que lo escucharían a Él, y ellos a su vez usarían su autoridad, dada por Dios, sobre la tierra para difundir las profecías que Dios había puesto en sus corazones. El problema fue que los hombres, mediante su pecado, se habían separado de Dios. Ningún hombre estaba sintonizado cercanamente lo suficiente a Dios como para decir todo lo que necesitaba ser dicho. Por eso, tomó alrededor de cuatrocientos años completar las profecías que tenían que ser dichas para crear el cuerpo para que Dios se convirtiera carne.

Entonces, cuando María recibió el mensaje de Gabriel, ella se postró humilde y dijo,
“Hágase en mi conforme a tu palabra” (Lucas 1:38)

Ella recibió la Palabra de Dios en su vientre, y la concepción del Mesías tuvo lugar.

Similarmente, así es como en la 1 de Pedro 1:23 dice que somos nacidos de nuevo,
"Siendo nacidos de nuevo o renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.."

La Palabra de Dios es una semilla espiritual que tiene que ser plantada en nuestros corazones para concebir un milagro. El nuevo nacimiento no sucede simplemente mucho más de lo que los bebés simplemente ocurren. Los niños tienen que ser concebidos, e igualmente la salvación o cualquier otro milagro de Dios. Tenemos que renacer por la semilla incorruptible de la Palabra de Dios. (1 Pedro 1:23).

Una vez que la semilla está plantada, ahí hay un proceso de nutrición y maduración. Ahí es donde entra la oración. La oración es como el agua y el abono o la incubación para una semilla. Pero si tú riegas o fertilizas una tierra árida, nada ocurrirá. Primero tiene que plantarse una semilla.

Similarmente, erróneamente hemos tratado de orar y dar existencia a nuestros milagros. La oración es importante, pero tú no puedes concebir mediante la oración. La semilla de la Palabra de Dios tiene que ser sembrada. Como dice Romanos 10:14-17,

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

Nosotros consideraríamos loca a la mujer que esté tratando de tener un hijo sin seguir las leyes naturales de reproducción. Pero en el ámbito espiritual, los Cristianos todo el tiempo quieren dar a luz milagros sin siquiera plantar la Palabra de Dios en sus corazones. Así no funciona.

Y luego ahí está el mensaje que los ángeles que dijeron,
“Gloria a Dios en las Alturas, y en la tierra paz, buena voluntad hacia los hombres.” (Lucas 2:14)

Este no fue un anuncio del cese a las hostilidades entre los hombres. La historia ha probado que no fue eso lo que los ángeles estaban proclamando. En lugar de ello, esta era la proclamación de que la guerra entre Dios y el hombre había terminado. Esto no está siendo comprendido o proclamado en iglesia por entero. Muchas de las personas todavía piensan que Dios está enojado con ellos. Eso no es así. El no está enojado, El ni siquiera está de mal humor. Jesús pudo satisfacer Su ira completamente. El es justo, y habrá castigo para aquellos que niegan el sacrificio de Su Hijo por nuestros pecados. Pero Dios no está enojado a causa de nuestros pecados. De eso ya se ha hecho cargo.

Este Evangelio de paz es una razón por la que hay tal aceptación universal de la época de Navidad, incluso entre aquellos quienes no han nacido de nuevo. La Navidad se trata sólo del amor y misericordia de Dios, no de Su condenación. Está resaltando el amor incondicional de Dios hacia nosotros en la forma en que debería hacerse a lo largo de todo el año. Se está enfocando en las buenas noticias del amor de Dios y no en las malas noticias de nuestros fracasos. Ese es el Evangelio de paz que los ángeles cantaban y que también debiera ser nuestro mensaje.

Luego ahí está la historia de los hombres sabios. ¿Sabías que las Escrituras nunca dijeron que eran tres hombres sabios, y que no hay indicios de que ellos fueran reyes? Ellos tampoco visitaron a Cristo en el pesebre de Belén, sino en su casa en Nazaret. Y una de las mejores partes de la historia de Navidad es la manera en que María permitió que el Señor convenciera a José de la verdadera naturaleza de estos eventos.

Hay muchas cosas del mensaje de Navidad que han sido oscurecidas por la tradición. Este álbum* de cuatro partes será una bendición para ti o para cualquiera con quien elijas compartirlo.

Andrew Wommack


(*Nota de la traducción-El álbum referido está en Inglés y puedes descargarlo gratuitamente en

http://www.awmi.net/extra/audio/1038 )