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sábado, 27 de febrero de 2010

Las Cuatro Claves Para Seguir Lleno de Dios

Las 4 Claves Para Mantenerte Lleno de Dios
escrito por Andrew Wommack


La mayoría de la gente tiene el concepto de que las cosas que Dios hace en sus vidas son breves. Inclusive he escuchado esto expresado como si nosotros fuésemos vasijas agujereadas que necesitamos rellenados frecuentes del Espíritu Santo, sanación o lo que sea. Ahora no me malinterpreten; la experiencia de la mayoría de la gente es que lo que Dios hace en sus vidas disminuye con el tiempo. Te lo garantizo. Más aún, hay ejemplos en la escritura acerca de gente que fueron llenados con el Espíritu Santo más de una vez (Hechos 4:31), pero no tiene que ser así. El argumento de Pablo en Romanos 11:29 deja una impresión diferente. El versículo dice:


"Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”



Pablo está diciendo que las cosas que Dios nos da no son temporales. El no las quita. El no cambia. (Mal. 3:6). El es el mismo hacia nosotros en todos los tiempos (Heb. 13:8). Somos nosotros los que cambiamos.

Este es un cambio mayor de paradigma en nuestro pensamiento. Si tu no estás sintiendo el amor de Dios, en lugar de pedirle a El que te toque otra vez necesitas reconocer que Dios no ha dejado de amarte y debes animarte a ti mismo en el amor de Dios. Esto es lo que David hizo en la 1 de Samuel 30:6, y esto es lo que se nos dice que hagamos en Judas 1:21: "Conservaos en el amor de Dios."

Si yo fuera Dios (¡todos estamos contentos de que no lo soy!), me ofendería escuchar a la gente por quienes morí y a quienes prometí mi amor infalible que me pregunten cosas como “¿Tu todavía me amas? Se lo que dice Tu Palabra, pero yo no siento nada.” El espíritu de cachetadas querría venir sobre mí. Gracias a Dios por Su fidelidad y estabilidad. Aún cuando nuestro Padre es mucho más comprensivo de lo que yo lo soy, yo creo que a El no le complace tener a Sus hijos constantemente pidiéndole a El cosas que El ya les ha dado. Es incredulidad simple y eso no lo complace a El. (Heb. 11:6).

La verdad es que una vez que somos sanados, la sanación de Dios nunca deja nuestras vidas. Nosotros podemos renunciar caminar en esa unción, pero Dios no nos quita la sanación. Esta sigue ahí. Entonces, si la enfermedad regresa, no es momento de rogarle a Dios por nuestra sanación otra vez, sino tiempo de regresarnos de vuelta a lo que Dios ya nos ha dado. Si nosotros perdemos el gozo del Señor, Dios no se lo llevó, simplemente nosotros en primera instancia dejamos de enfocarnos en las cosas que liberan el gozo de Dios en nuestras vidas. Todo lo que necesitamos hacer para obtenerlas nuevamente es regresar a donde lo dejamos y retomar el camino.

Este es un pensamiento liberador y sin embargo molesta a algunas personas. Yo creo que la razón por la que los molesta es por causa del miedo a la responsabilidad que tiene esta generación. Somos reacios a aceptar la responsabilidad personal por nuestras acciones y sus consecuencias. No queremos sentirnos mal con nosotros mismos. Amamos decir “La razón por la que soy así es por ellos o por algo que alguien me hizo o por algún problema médico. Es esa mujer que tú me diste." (Gen. 3:12).

Esta actitud ha infiltrado la iglesia. Los cristianos están diciendo que Dios es quien está deteniendo el renacimiento y necesitamos rogarle para que El cambie de opinión y tenga misericordia de nosotros. ¡TENGAN UN COSCORRÓN! ¡Dios quiere resurgir más de lo que nosotros lo queremos! No necesitamos rogarle por ello. El está rogando con nosotros para entrar en el flujo y liberar Su poder en el mundo. Esto mismo aplica para la sanación, gozo, paz y cualquier otra cosa que Jesús haya adquirido para nosotros a través de Su muerte y resurrección. Dios quiere que nosotros tengamos estas cosas y ya nos ha bendecido con ellas. (Efesios 1:3). Si nosotros no las estamos experimentando, no es Dios quien no está dando, somos nosotros quienes no estamos recibiendo.

Es como las señales de radio o televisión. Están transmitiendo constantemente y sin embargo no siempre podemos verlas o escucharlas. Pero no es debido a que las estaciones se encuentren fuera del aire sino porque nosotros no siempre estamos encendidos y sintonizados. De la misma forma, Dios nunca nos deja. El prometió que El no lo haría (Mateo 28:20). Lo único que varía es nuestra percepción de Su cercanía.

Comprender esto cambia todo. Cambiará la forma en que tu oras, la forma en que tu crees y la forma en la que actúas. Dios nunca es nuestro problema. Dios nunca es el que tiene que ser despertado y puesto en acción. Siempre somos nosotros los que apagamos nuestros receptores o cambiamos la señal hacia otra frecuencia. Por ende, todas las reparaciones deben ser hechas en nuestros receptores, no el transmisor de Dios.

Romanos 1:21 enlista cuatro cosas que la gente hace para matar la transmisión de Dios. La primer cosa es que ellos dejan de glorificarlo a El como Dios. Esto significa que ellos dejan de valorar lo que El ha hecho en sus vidas. La misma palabra Griega que fue traducida como “glorificar” en Romanos 1:21 fue traducida como “magnificar” en Romanos11:13. Entonces, glorificar a Dios es magnificar a Dios. ¿Qué significa esto? ¿Cómo podemos hacer más grande a Dios?

La verdad es que no podemos hacer más grande a Dios. El es quien El es, independientemente de lo que nosotros pensemos. Nuestra incredulidad no cambia Su naturaleza y carácter, pero en lo que concierne a nuestra percepción, nosotros podemos magnificar a Dios. Nuestros pensamientos o bien magnifican a Dios, o magnifican al diablo. Cualquier cosa que ocupe nuestra atención es magnificada automáticamente a través de nuestros pensamientos. Cualquier cosa que nos rehusemos enfocar nuestra atención es disminuída. La triste verdad es que muchos de nosotros no intencionalmente hemos magnificado lo negativo y disminuido lo positivo. El diablo pone en nuestro camino un pequeño palillo mondadientes y por el tiempo que pasamos preocupándonos por él, se convierte en este enorme bate de béisbol con el que el diablo nos golpea la cabeza. La buena noticia es que nosotros podemos reversar este proceso.

La segunda cosa que Romanos 1:21 enlista como algo que disminuye nuestro reconocimiento de la revelación de Dios es que nosotros somos ingratos. Pablo enlistó la ingratitud como una de las señales del final de los tiempos y la puso en el mismo versículo que el orgullo, blasfemia, soberbia y vanagloria (2 Tim. 3:1-2). No muchas personas rebatirán esto hoy día, tenemos una sociedad de lamentadores y quejosos. Nosotros somos más prósperos que cualquier otra gente que alguna vez haya vivido en la tierra. Nosotros tenemos más ventajas. Las oportunidades son ilimitadas. Y sin embargo los suicidios están más altos que nunca. La gente tiene que regular su humor con pastillas. Hay gente más miserable que nunca antes. Ellos están quejándose por lo que no tienen en lugar de estar agradecidos por lo que sí tienen.

El salmo 69:30 dice, "Alabaré con cantos el nombre de Dios, lo magnificaré con gratitud." La gratitud magnifica a Dios. Ese fue el primer punto en Romanos 1:21. Estas cosas están conectadas. Tu no puedes verdaderamente glorificar o magnificar a Dios si tu no eres agradecido. Van de la mano. Un corazón de agradecimiento y gratitud es una necesidad si vas a mantener tu revelación del amor y fidelidad de Dios.

Romanos 1:21 continúa mencionando que una imaginación vana es el siguiente paso para perder la revelación de Dios. Esta es una de las áreas en las que yo me he extendido en la nueva, mejorada y ampliada serie de cuatro partes intitulada The Four Keys to Staying Full of God. Nuestras imaginaciones son mucho más importantes de lo que la mayoría de la gente se puede percatar. La palabra Hebrea que fue traducida como “imaginación” en el Antiguo Testamento literalmente significa “concepción” (Fuerte). Nuestras imaginaciones son donde nosotros concebimos nuevas ideas. Sin una imaginación vívida, nosotros somos estériles espiritual y creativamente.

Un constructor usa un plano para imaginar lo que va a construir. Nuestras imaginaciones son la parte de nosotros que nos permite dar direcciones a los demás o regresar a un sitio en donde ya hemos estado. Nosotros no necesitamos físicamente ir por la calle y ver los semáforos y entonces dar vuelta a la derecha. Nosotros vemos estas cosas en nuestras mentes, no nuestros ojos físicos. Esa es nuestra imaginación. Nosotros usamos nuestra imaginación para ir arriba y abajo de los pasillos del supermercado y ver las cosas que queremos anotar en nuestra lista de compras antes de ir a la tienda. No podemos funcionar sin una buena imaginación.

Ya que hemos fallado en glorificar a Dios y ser agradecidos, nuestras imaginaciones automáticamente se han vuelto vanas. Eso no significa que no estén funcionando, están funcionando bien, pero ellos sólo ven lo negativo, no lo positivo. Una persona con una imaginación vana es un pesimista en lugar de un optimista. Ellos consistentemente se imaginan el fracaso en lugar del éxito. Esto describe muy fielmente a un largo segmento de nuestra sociedad y a una gran parte del cuerpo de Cristo. Es debido a que hemos permitido que nuestras imaginaciones se vuelvan vanas a través de no glorificar a Dios y ser agradecidos.

El último paso descrito en Romanos 1:21 es que nuestros necios corazones se quedarán oscurecidos. Esto está describiendo a una persona que no es capaz de percibir la verdad a causa de la dureza de corazón. Pablo describió esta condición como “ceguera en sus corazones” en Efesios 4:18. Ciertamente, esto es descriptivo de la mayoría de nuestra cultura hoy día. Estamos llamando malo a lo bueno y bueno a lo malo (Isaías 5:20).

Muchos Cristianos están orando desesperadamente para que Dios reverse esta condición del corazón en la gente de nuestra sociedad e incluso en sus propios corazones: sin embargo, no podemos tener corazones sensibles a Dios sin hacer las primeras tres cosas enlistadas en Romanos 1:21. Todo está interrelacionado. Necesitamos regresar al principio y empezar a glorificar y magnificar a Dios. Luego, debemos ser agradecidos. Esto nos llevará a una imaginación positiva que suavizará nuestros corazones hacia Dios y nos devolverá nuestra habilidad para percibir la verdad espiritual.

El album de cuatro partes intitulado The Four Keys to Staying Full of God cubrirá mucho más detalladamente estas verdades. Te animo a que ordenes este album hoy. Es un cambiador de vidas. Por favor no te pierdas esta enseñanza.

Andrew Wommack

martes, 17 de junio de 2008

Lo Que Complace a Dios

Lo Que Complace a Dios

Escrito por Andrew Wommack

Unos cuantos años atrás durante un servicio dominical en St. Joseph, Missouri, le pregunté a la congregación cuántos de ellos realmente querían más que cualquier otra cosa el complacer a Dios. Todas las manos se alzaron. Luego les pregunté “¿Cuántos de ustedes piensan que Dios está realmente complacido contigo?” De las cuatrocientas personas, sólo un niño de once años y una niña de 10 años alzaron sus manos. Eso fue todo.

Muy pocos creyentes actualmente creen que ellos están complaciendo a Dios. La mayoría siente algún grado de perdón y quizá de aceptación, pero pensar que el Señor está de hecho complacido con nosotros es otra cuestión. Una persona puede elegir amarte por su propia bondad, pero para estar complacida contigo, a ellos les tiene que agradar tu desempeño. ¿Correcto?

Con Dios, nadie puede complacerlo a El basándose en el desempeño. Su estándar es perfección, y ninguna bondad de nuestra parte podrá compensar nuestros pecados. Podemos complacer al ser humano con nuestras acciones, pero "por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23). Para hacer eso se requiere la preciosa sangre de Jesús.

La forma en que nosotros recibimos el perdón que está disponible a través de la sangre de Jesús es por la fe. (Rom. 10:9-17). Cuando ponemos nuestra fe en Jesús como nuestro Salvador, estamos complaciendo a Dios. Hebreos 11:6 dice, "Pero sin fe es imposible agradar a Dios."

La fe viene del corazón (Rom. 10:10), y Dios ve el corazón — no las acciones (1 Sam. 16:7). Por supuesto, Dios ve nuestras acciones y tratará con nosotros sobre ellas, pero sólo porque éstas están inseparablemente ligadas a nuestros corazones (Prov. 23:7). Son nuestros corazones lo que realmente le importan a Dios y la fe en El (confianza, fiabilidad) es para lo que El busca el corazón.

Una persona cuyas acciones no son correctas pero que confía en el Señor es más complaciente para Dios que un individuo que esté haciendo cosas correctas pero que no tenga fe en Dios. No es cuestión de que aquellos que actúen mejor serán aceptados y aquellos que actúen peor serán rechazados. Eso pondría a algunos de los seguidores de otras religiones adelante de muchos Cristianos, pero eso no es lo que la Biblia enseña.

Ese es exactamente el punto que Pablo está haciendo en Romanos 11:6: "Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra." Ese es el antiguo Castellano para decir: "Es de un modo o de otro pero no por una combinación de los dos." Somos salvados por la gracia de Dios a través de lo que Jesús hizo por nosotros, o somos salvados por lo que hacemos sin Jesús, pero no por una combinación de ambos. La elección debería ser la obvia.

Elías
es un ejemplo de un gran hombre quien vivió una vida santa y no se ganó la complacencia de Dios con sus acciones. El cometió algunos errores graves. El huyó ante una persecución y se puso tan deprimido por ello que le pidió al Señor que lo matara (1 Reyes 19). El Señor le dio tres órdenes directas en voz audible (1 Reyes 19: 15-16), y Elías nunca realizó dos de ellos (refiérete a mi enseñanza intitulada “¿La Caída de Elías?”). La mayoría de la gente pensaría que Dios no podría estar complacido con Elías, sin embargo Elías fue trasladado.

Aún cuando las condiciones de nuestro corazón influencian nuestras acciones, todos fallamos en nuestro desempeño en cierto grado. Elías lo hizo. Si Dios usara el desempeño como la base para si sí o si no El está complacido con nosotros, ninguno pasaría la prueba jamás. "Señor, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse en pie? " (Salmo 130:3).

Satanás solía acusarme y decir "¿Qué te hace pensar que Dios te usará?" La verdad es que ninguno de nosotros es perfecto, no nos merecemos las bendiciones de Dios. Ahora yo pongo mi fe en Jesús. Es difícil para algunas personas aceptar esto. Nos han enseñado que si nosotros no somos santos, Dios no nos bendecirá. Cuando Dios te ve a ti, El no ve tu bondad — El ve a Jesús.

Si tú estás caminando en fe, tú usas esa fe como tipo de cambio entre Dios y tu. Dios está complacido contigo a pesar de que tus acciones no estén a la altura. Tu vida puede ser un desastre, pero Dios sigue complacido contigo. Nuestra religión dice que eso es hipocresía. Por el contrario, el peor pecado es la vanagloria — la actitud de que Dios te la debe porque tu has sido bueno.

La parte difícil es que no hay modelos o patrones para la gracia. Tu empleador te contrata con base al desempeño. La relación padre-hijo está basada en el desempeño, aún cuando no debiera ser así. En lo que respecta a Dios, tu desempeño no te hace merecedor de nada. Si tú pecas, tú necesitas un salvador. Es tu fe en Jesús la que te garantizará el acceso a Dios.

La mayoría de la gente acepta este nivel de gracia en lo que respecta a la salvación. Sin embargo, algunos de ustedes pueden pensar que después de que naciste de nuevo, Dios espera que ores y estudies; y que si tu no haces estas cosas, Dios no te bendecirá. ¡Después de que naciste de nuevo, no cambia! Colosenses 2:6 dice, "Por lo tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él." Cuando nacemos de nuevo, venimos a Jesús tal como somos. De hecho si una persona ha pecado mucho, es aún mayor razón para venir a Jesús. En lo que se refiere a ser sanado, es una historia diferente con la mayoría de los Cristianos. Ellos piensan que si no has leído tu Biblia hoy, o que si tú tuviste un pleito de camino a la iglesia, eso evitará que tu sanes.

Ese es un doble estándar. Está diciendo que es diferente el modo en que te acercas a Dios después de que tú has nacido de nuevo. Tus acciones hoy pueden no complacer a Dios, pero tú puedes ser sanado o liberado a pesar de ello.

Algunos de ustedes podrán pensar que estoy abogando por el pecado. No lo estoy — sus acciones son importantes para ustedes. Tu santidad es importante porque cambia tu corazón hacia Dios y no el corazón de Dios hacia ti. La profanidad o la no santidad, te lastimará. Aún cuando Dios te amará en igual medida, tú no amarás a Dios en igual medida. Endurecerá tu corazón hacia Dios. Es como comer. Tu debes comer para mantenerte vivo, pero comer no es la vida. Si tu te quedas sin una comida ¿morirías? Si vives constantemente en pecado y nunca te alimentas a ti mismo espiritualmente, eso te matará. No estoy diciendo que debas ignorar tus acciones. Tú nunca vas a hacer todo perfectamente, pero no permitas que eso te aleje de recibir las bendiciones de Dios.

Lucas 22 nos muestra un ejemplo de alguien que tuvo fe y agradó a Dios. En los versículos 31 y 32 Jesús está hablando a Pedro antes de la crucifixión. "Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás ha deseado tenerte, para zarandearos como a trigo. Pero yo he rogado por ti, por que tu fe no falle, y tu una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” Pedro falló tremendamente. El negó al Señor tres veces. El maldijo y blasfemó de Dios, sin embargo Jesús oró para que su fe no fallara. Las oraciones de Jesús siempre fueron contestadas. Las acciones de Pedro fallaron, pero no su fe. Si Pedro no se hubiera arrepentido, eso lo hubiera matado. El fue restaurado para Dios y prosiguió para convertirse en pilar de la iglesia.

Algunos
de ustedes pueden estar pensando, “Esto es genial — yo puedo vivir como el diablo y aún obtener lo que yo quiera de Dios.” Si tú piensas eso, yo diría que tu no has nacido de nuevo, porque un Cristiano quiere complacer a Dios. Esta palabra es para Cristianos quienes tienen un deseo de servir a Dios pero quienes todavía caen en pecado. Cuando eso ocurre, tu te das cuenta y te actualizas y te pones de pié con confianza en tu Salvador. Tu fe en Jesús agrada a Dios. Ninguno de nosotros es salvado y se encamina derecho rumbo a Dios. Damos tumbos alrededor, pero seguimos encaminados a la dirección general.

"Para la alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptados en el Amado " (Efesios 1:6). Tu sí complaces a Dios a través de tu fe en Jesús como tu Salvador y debes percibir que tu le agradas a El.

Andrew Wommack

Las 4 Claves Para Mantenerte Lleno de Dios

Las 4 Claves Para Mantenerte Lleno de Dios

By Andrew Wommack

La mayoría de la gente tiene el concepto de que las cosas que Dios hace en sus vidas son breves. Inclusive he escuchado esto expresado como si nosotros fuésemos vasijas agujereadas que necesitamos rellenados regulares del Espíritu Santo, sanación o lo que sea. Ahora no me malinterpreten; la experiencia de la mayoría de la gente es que lo que Dios hace en sus vidas disminuye con el tiempo. Te lo garantizo. Más aún, hay ejemplos en la escritura acerca de gente que fueron llenados con el Espíritu Santo más de una vez (Hechos 4:31), pero no tiene que ser así. El argumento de Pablo en Romanos 11:29 deja una impresión diferente. El versículo dice: "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”

Pablo está diciendo que las cosas que Dios nos da no son temporales. El no las quita. El no cambia. (Mal. 3:6). El es el mismo hacia nosotros en todos los tiempos (Heb. 13:8). Somos nosotros los que cambiamos.

Este es un cambio mayor de paradigma en nuestro pensamiento. Si tu no estás sintiendo el amor de Dios, en lugar de pedirle a El que te toque otra vez tu necesitas reconocer que Dios no ha dejado de amarte y debes animarte a ti mismo en el amor de Dios. Esto es lo que David hizo en la 1 de Samuel 30:6, y esto es lo que se nos dice que hagamos en Judas 1:21: "Conservaos en el amor de Dios."

Si yo fuera Dios (¡todos estamos contentos de que no lo soy!), me ofendería escuchar a la gente por quienes morí y a quienes prometí mi amor infalible que me pregunten cosas como “¿Tu todavía me amas? Se lo que dice Tu Palabra, pero yo no siento nada.” El espíritu de cachetadas querría venir sobre mí. Gracias a Dios por Su fidelidad y estabilidad. Aún cuando nuestro Padre es mucho más comprensivo de lo que yo lo soy, yo creo que a El no le complace tener a Sus hijos constantemente pidiéndole a El cosas que El ya les ha dado. Es incredulidad simple y eso no lo complace a El. (Heb. 11:6).

La verdad es que una vez que somos sanados, la sanación de Dios nunca deja nuestras vidas. Nosotros podemos renunciar caminar en esa unción, pero Dios no nos quita la sanación. Esta sigue ahí. Entonces, si la enfermedad regresa, no es momento de rogarle a Dios por nuestra sanación otra vez, sino tiempo de regresarnos de vuelta a lo que Dios ya nos ha dado. Si nosotros perdemos el gozo del Señor, Dios no se lo llevó, simplemente nosotros en primera instancia dejamos de enfocarnos en las cosas que liberan el gozo de Dios en nuestras vidas. Todo lo que necesitamos hacer para obtenerlas nuevamente es regresar a donde lo dejamos y retomar el camino.

Este es un pensamiento liberador y sin embargo molesta a algunas personas. Yo creo que la razón por la que los molesta es por causa del miedo a la responsabilidad que tiene esta generación. Somos reacios a aceptar la responsabilidad personal por nuestras acciones y sus consecuencias. No queremos sentirnos mal con nosotros mismos. Amamos decir “La razón por la que soy así es por ellos o por algo que alguien me hizo o por algún problema médico. Es esa mujer que tú me diste." (Gen. 3:12).

Esta actitud ha infiltrado la iglesia. Los cristianos están diciendo que Dios es quien está deteniendo el renacimiento y necesitamos rogarle para que El cambie de opinión y tenga misericordia de nosotros. ¡TENGAN UN COSCORRÓN! ¡Dios quiere resurgir más de lo que nosotros lo queremos! No necesitamos rogarle por ello. El está rogando con nosotros para entrar en el flujo y liberar Su poder en el mundo. Esto mismo aplica para la sanación, gozo, paz y cualquier otra cosa que Jesús haya adquirido para nosotros a través de Su muerte y resurrección. Dios quiere que nosotros tengamos estas cosas y ya nos ha bendecido con ellas. (Efesios 1:3). Si nosotros no las estamos experimentando, no es Dios quien no está dando, somos nosotros quienes no estamos recibiendo.

Es como las señales de radio o televisión. Están transmitiendo constantemente y sin embargo no siempre podemos verlas o escucharlas. Pero no es debido a que las estaciones se encuentren fuera del aire sino porque nosotros no siempre estamos encendidos y sintonizados. De la misma forma, Dios nunca nos deja. El prometió que El no lo haría (Mateo 28:20). Lo único que varía es nuestra percepción de Su cercanía.

Comprender esto cambia todo. Cambiará la forma en que tu oras, la forma en que tu crees y la forma en la que actúas. Dios nunca es nuestro problema. Dios nunca es el que tiene que ser despertado y puesto en acción. Siempre somos nosotros los que apagamos nuestros receptores o cambiamos la señal hacia otra frecuencia. Por ende, todas las reparaciones deben ser hechas en nuestros receptores, no el transmisor de Dios.

Romanos 1:21 enlista cuatro cosas que la gente hace para matar la transmisión de Dios. La primer cosa es que ellos dejan de glorificarlo a El como Dios. Esto significa que ellos dejan de valorar lo que El ha hecho en sus vidas. La misma palabra Griega que fue traducida como “glorificar” en Romanos 1:21 fue traducida como “magnificar” en Romanos11:13. Entonces, glorificar a Dios es magnificar a Dios. ¿Qué significa esto? ¿Cómo podemos hacer más grande a Dios?

La verdad es que no podemos hacer más grande a Dios. El es quien El es, independientemente de lo que nosotros pensemos. Nuestra incredulidad no cambia Su naturaleza y carácter, pero en lo que concierne a nuestra percepción, nosotros podemos magnificar a Dios. Nuestros pensamientos o bien magnifican a Dios, o magnifican al diablo. Cualquier cosa que ocupe nuestra atención es magnificada automáticamente a través de nuestros pensamientos. Cualquier cosa que nos rehusemos enfocar nuestra atención es disminuída. La triste verdad es que muchos de nosotros no intencionalmente hemos magnificado lo negativo y disminuido lo positivo. El diablo pone en nuestro camino un pequeño palillo mondadientes y por el tiempo que pasamos preocupándonos por él, se convierte en este enorme bate de béisbol con el que el diablo nos golpea la cabeza. La buena noticia es que nosotros podemos reversar este proceso.

La segunda cosa que Romanos 1:21 enlista como algo que disminuye nuestro reconocimiento de la revelación de Dios es que nosotros somos ingratos. Pablo enlistó la ingratitud como una de las señales del final de los tiempos y la puso en el mismo versículo que el orgullo, blasfemia, soberbia y vanagloria (2 Tim. 3:1-2). No muchas personas rebatirán esto hoy día, tenemos una sociedad de lamentadores y quejosos. Nosotros somos más prósperos que cualquier otra gente que alguna vez haya vivido en la tierra. Nosotros tenemos más ventajas. Las oportunidades son ilimitadas. Y sin embargo los suicidios están más altos que nunca. La gente tiene que regular su humor con pastillas. Hay gente más miserable que nunca antes. Ellos están quejándose por lo que no tienen en lugar de estar agradecidos por lo que sí tienen.

El salmo 69:30 dice, "Alabaré con cantos el nombre de Dios, lo magnificaré con gratitud." La gratitud magnifica a Dios. Ese fue el primer punto en Romanos 1:21- Estas cosas están conectadas. Tu no puedes verdaderamente glorificar o magnificar a Dios si tu no eres agradecido. Van de la mano. Un corazón de agradecimiento y gratitud es una necesidad si vas a mantener tu revelación del amor y fidelidad de Dios.

Romanos 1:21 continúa mencionando que una imaginación vana es el siguiente paso para perder la revelación de Dios. Esta es una de las áreas en las que yo me he extendido en la nueva, mejorada y ampliada serie de cuatro partes intitulada The Four Keys to Staying Full of God. Nuestras imaginaciones son mucho más importantes de lo que la mayoría de la gente se puede percatar. La palabra Hebrea que fue traducida como “imaginación” en el Antiguo Testamento literalmente significa “concepción” (Fuerte). Nuestras imaginaciones son donde nosotros concebimos nuevas ideas. Sin una imaginación vívida, nosotros somos estériles espiritual y creativamente.

Un constructor usa un plano para imaginar lo que va a construir. Nuestras imaginaciones son la parte de nosotros que nos permite dar direcciones a los demás o regresar a un sitio en donde ya hemos estado. Nosotros no necesitamos físicamente ir por la calle y ver los semáforos y entonces dar vuelta a la derecha. Nosotros vemos estas cosas en nuestras mentes, no nuestros ojos físicos. Esa es nuestra imaginación. Nosotros usamos nuestra imaginación para ir arriba y abajo de los pasillos del supermercado y ver las cosas que queremos anotar en nuestra lista de compras antes de ir a la tienda. No podemos funcionar sin una buena imaginación.

Ya que hemos fallado en glorificar a Dios y ser agradecidos, nuestras imaginaciones automáticamente se han vuelto vanas. Eso no significa que no estén funcionando, están funcionando bien, pero ellos sólo ven lo negativo, no lo positivo. Una persona con una imaginación vana es un pesimista en lugar de un optimista. Ellos consistentemente se imaginan el fracaso en lugar del éxito. Esto describe muy fielmente a un largo segmento de nuestra sociedad y a una gran parte del cuerpo de Cristo. Es debido a que hemos permitido que nuestras imaginaciones se vuelvan vanas a través de no glorificar a Dios y ser agradecidos.

El último paso descrito en Romanos 1:21 es que nuestros necios corazones se quedarán oscurecidos. Esto está describiendo a una persona que no es capaz de percibir la verdad a causa de la dureza de corazón. Pablo describió esta condición como “ceguera en sus corazones” en Efesios 4:18. Ciertamente, esto es descriptivo de la mayoría de nuestra cultura hoy día. Estamos llamando malo a lo bueno y bueno a lo malo (Isaías 5:20).

Muchos Cristianos están orando desesperadamente para que Dios reverse esta condición del corazón en la gente de nuestra sociedad e incluso en sus propios corazones: sin embargo, no podemos tener corazones sensibles a Dios sin hacer las primeras tres cosas enlistadas en Romanos 1:21. Todo está interrelacionado. Necesitamos regresar al principio y empezar a glorificar y magnificar a Dios. Luego, debemos ser agradecidos. Esto nos llevará a una imaginación positiva que suavizará nuestros corazones hacia Dios y nos devolverá nuestra habilidad para percibir la verdad espiritual.

El album de cuatro partes intitulado The Four Keys to Staying Full of God cubrirá mucho más detalladamente estas verdades. Te animo a que ordenes este album hoy. Es un cambiador de vidas. Por favor no te pierdas esta enseñanza.

Andrew Wommack